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01/07/2018

Afrancesados

Argentina quedó eliminada del Mundial y todo es frustración para los jugadores. //AFP

El eterno desconcierto de Sampaoli, las internas, la presión de los históricos, tres partidos espantosos y uno digno, salvado por un gol imposible.

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“Del lado de los franceses, donde se encontraban los cañones, se levantó una columna de humo, y casi simultáneamente una segunda, una tercera y, mientras llegaba el ruido del primer disparo, una cuarta”

León Tolstoi (1828-1910); de su novela “Guerra y paz”, escrita entre 1865 y 1869: Primera parte, capítulo III.

“This is the end”, cantaba Morrison con los Doors. Saint Paoli ensayó otro esnobismo táctico sin ensayo. Así salió. Messi jugó de falso 9, para no darles una referencia a los centrales de Francia. “El nueve es el vacío”, dijo el Pep del Barça cuando mandó a Eto’o y a Henry a las bandas para darle el medio al 10, apuntalado por Xavi e Iniesta. Bueno, no tenemos esos jugadores. Ni ese técnico. Lo que sí consiguió Saint Paoli fue el vacío. Un vacío enorme, sartreano, doloroso. Muy argentino.

Depositados, pero sin el 40% de las Lebac, dejamos quietos cientos de millones: Higuaín, Dybala, Agüero, Lo Celso. Uf. Fervoroso apoyo del calvo de Casilda al sistema bancario, en medio de una grave crisis económica.

Analizar el partido no tiene sentido. Salió todo mal. Messi, otra vez, vivió en una isla y Agüero entró tarde. Baile. ¿Francia? Tiene estética, potencia física, calidad. Es buen equipo, aunque algo afrancesado. Le falta eso que en boxeo llaman “el ojo de tigre”. Lo que me alegra es que le vaya bien a este grupo multirracial: Mbappé, Pogba, Umtiti, Matuidi, Kanté, nombres que deben enfermar a los Le Pen. ¡Bravo!

¿Qué viene ahora? Otra de terror. “El descuartizamiento, parte II”, luego del breve recreo triunfalista. Todos ejercerán el segundo deporte nacional: patear al caído. ¿El primero? Dejar que caiga.

Aquellos días entre Croacia y la volea de Rojo fueron asombrosos. Porque una cosa es teorizar sobre la posverdad y otra es asistir a un seminario activo, con ejemplos sobreactuados, sin límites, disimulos o pudores. Fue didáctico y trágico a la vez.

El 0-3 desató un infierno. La Usina Niembro, reaparecido luego de aquel temita de su millonaria productora que tenía una silla y medio escritorio, culpó a Messi: “Alguna vez renunciaste, no vendría mal que lo pienses otra vez”, escribió. “¡Ahora tienen que ser campeones del mundo!”, exigió con el dedito levantado, luego de Nigeria. Muy gracioso.

Tan gracioso, o más, es Caruso Lombardi, al parecer periodista diplomado en la escuela del Bambino Pons, pintoresco fundamentalista del bilardismo extremo: ganar sirve, perder no. Y ya. Carusito contó al aire que hubo trompadas entre dos jugadores aunque se reservó los nombres. Sí se los dijo, con lujo de detalles, a un mozo de un sushi donde suele ir. Lo filmaron. El video se viralizó.

“¡Mascherano lo humilla a Caballero, Pavón lo defiende y lo emboca: pum!”. Desatado el escándalo, Caruso huyó hacia adelante: “Yo lo había dicho el viernes, así que la gente tiene que estar tranquila: no le mentí”. Wow. El hombre se dio a sí mismo como fuente. Eso es ser vanguardia, señores.

Atacado por una infinita excitación psicomotriz, en otro programa reveló que Ruggeri, contratado por FOX y la TV Pública con producción de Torneos, iba a largar todo para ser el ayudante de Burruchaga, a quien los jugadores le rogaron que dirigiera “en lugar del pelado”. Caruso no entendía su enojo: “Si lo que dije no tiene nada de malo…”. Más que sus amenazas, le dolió que Ruggeri dijera que se había escondido después de hablar. Indignado, mostró unos tickets como prueba. Apagó su teléfono para ver el show de Piñón Fijo, su colega.

La única fuente que Caruso podía tener en ese plantel era su único dirigido, Ansaldi, aquel de Newell’s y los 15 minutos de fama en el jacuzzi. Molesto por tanto ninguneo, en otra grabación destrozó a Saint Paoli, a Messi y a sus amigos, y reconfirmó la pelea mientras repetía la palabra “boludo”, al inicio y al final de cada frase. Le faltó firmar.

La dupla Chiqui Wall de MoyanoAngel Easy en AFA se consumó cuando don Hugo y the president McCree convivían en paz. Altri tempi. Ahora ese yerno es un estorbo. Porque maneja todo el dinero que genera la Selección, y porque decide sobre los contratos de la B Nacional y la Copa Argentina, que quiere retener TyC Sports, dueño del equipo nativo gracias al coimero arrepentido, Ale Burzaco.

Si algo le interesa al president es el fútbol, por afición y por buen negocio. Lo que viene, ya se sabe, son las SAD: clubes privatizados. Pero para eso, primero hay que barrer al ex barrendero Chiqui, que llegó, milagro aparte, con la bandera de las asociaciones civiles sin fines de lucro. Gustavo Arribas, el futbolero jefe de los espías, estuvo en Moscú y eso quizá nada tenga que ver (o sí) con la frase inocente (o no) de Mascherano: “No sé qué pasa acá, quizá nos intervinieron los teléfonos”. Y…

Maradona gritó, saltó, los ojos en blanco. Lo sacaron entre varios del estadio. Lo dieron por muerto. Lo desmintió Maradona, resucitado por enésima vez. En charla con su familia, dejó una perlita: “En el entretiempo fui a hablar con una gente que va en contra de Tapia, pero les avisé que yo no soy comprable y que si acepté hablar es por el Cabezón Ruggeri, que nos presentó”.

Todos vieron su abrazo con Cóppola. Pero había otra foto, con Ignacio Galarza, CEO de Torneos, y su plana mayor. Por eso la empresa salió a desmentir “versiones periodísticas” que hablaban sobre un plan para desestabilizar al presidente de AFA. ¡Santa retórica, Batman! ¡No aclares que oscurece!

Repasemos los personajes, recordemos qué dijeron, y en qué medio. Tal vez entonces podamos colocar las piezas faltantes en este rompecabezas político, más allá del eterno desconcierto de Saint Paoli, las internas, la presión de los históricos, tres partidos espantosos y uno digno, salvado por un gol imposible.

No solo la copa es dorada, compatriotas. Acá hay más oros y moneda, en cantidad. Se huele desde lejos. Lógica pura, si hay millones, snif, snif, aparecen ellos. Los insaciables.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil.

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