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22/02/2015

El milagro Temperley: los billetes son ajenos

Temperley volvió a Primera tras 27 años. / Cedoc Perfil

El Gasolero volvió de la quiebra en 1993. Hace dos años se reinventó y, con bajo perfil, llegó a primera tras 27 años en el fútbol de ascenso. Hoy juega contra Boca y el barrio se paraliza.

El equipo meteórico todavía no es consciente de que volvió a Primera. No son suficientes los 251 días que pasaron entre que sacó los pies de la B para ponerlos en la A. Las trampas del destino confunden a un club que más allá de los cambios de categorías tiene jugadores fotocopiados. De los titulares del debut ante Banfield, cinco futbolistas se repiten de los que consiguieron dar el salto a la B Nacional: Federico Crivelli, Gastón Aguirre, Patricio Romero, Fernando Brandán y Fabián Sambueza. Medio equipo de la A jugó en las capas subterráneas del fútbol argentino. Temperley aún no masticó su proeza.

La filosofía de vida del equipo del Sur se resume en que piensa y luego existe: tiene el presupuesto más bajo de los 30 de la élite. Con su flaca billetera y sus cuentas ordenadas, se lanza al gran desafío: creerse dónde está parado. “Nos vamos a dar cuenta de que estamos en Primera cuando Boca salga a la cancha”, le dice a PERFIL Alberto Lecchi, vicepresidente primero de Temperley. Ese club que se reinventó y logró matar a la muerte la vez que volvió de la quiebra, el 24 de julio de 1993.

Todo por dos pesos. Temperley no pelea por la última joya del mercado local ni por el jugador made in Europa. La construcción colectiva se hace con jugadores NN, en muchos casos hinchas del propio club. “Temperley es mi vida, es mi ser. Yo quería ser reconocido por mi gente. Y lo logré”, dijo Gastón Aguirre en el especial de DeporTV sobre el ascenso a Primera. El ex defensor de San Lorenzo no hablaba de títulos. Quería que el radar de los hinchas supiera cuál era su lugar en el mundo.

Para espiar el chasis del equipo se puede hacer foco en un futbolista clave en el último ascenso, que fue expulsado en el debut en Primera: Adrián Arregui no tiene cartel ni un currículum que seduzca a los empresarios. Hace menos de un año jugaba en la C, en Berazategui. Ahí lo fueron a buscar los dirigentes, acostumbrados a agudizar la mirada para encontrar diamantes sin pulir. Esa es la esencia de Temperley.

El club con ADN de barrio volvió a jugar en Primera después de 27 años con siete futbolistas titulares que también lograran dar el salto desde la B Nacional. “El objetivo es terminar ocho puestos arriba del último. Serviría para consolidarnos en la A”, se entusiasma Lecchi.

El horizonte se vislumbra con el mismo entrenador. Ricardo Rezza tampoco es una celebridad, aunque tiene recorrido en España y en el fútbol argentino. El hombre del doble ascenso con Temperley en menos de un año, dirigió a 22 equipos y apenas repitió tres: Sporting Gijón, Gimnasia y Tiro, de Salta, y Chicago. Hacía 16 años que había salido del circuito de los técnicos de Primera. Volvió por un atajo. Y con un plantel cuyo presupuesto remite al apodo del club: Gasolero.

No es ficción. Para llegar hoy hasta las cabinas de prensa, Temperley subió a las redes sociales un croquis del club. El servicio artesanal para periodistas es una guía que evidencia desde dónde arranca uno de los nuevos invitados a la mesa grande.

La actual dirigencia asumió por el voto unánime de una asamblea, durante el torneo anterior al ascenso a la B Nacional. Un grupo de socios había logrado echar al presidente Mauro Morrone, cuando comprobaron mediante una cámara oculta su connivencia con la barra brava.

Por entonces, el equipo estaba a tres puntos de caer a la zona roja; si eso sucedía, Temperley hubiese tenido que jugar en la cuarta categoría. Por eso los recuerdos. Y la satisfacción de los que ven a un club odenado, que redujo su pasivo un 80%: de 7,5 a 2 millones de pesos.

Lecchi repite como una letanía: “Pasamos de 2.500 a 10 mil socios, tenemos 28 disciplinas en el club, los sueldos de los jugadores están al día, levantamos 63 juicios e hicimos plateas nuevas”.

Contra Boca se inaugurarán 200 butacas. Un número mínimo en un club repleto de historias mínimas. El vicepresidente tiene la suya: cuando Temperley quedó desafiliado entre 1991 y 1993 no podía ver fútbol. La angustia que le provocaba que su club estuviera cerrado con candado lo alejó de cualquier cancha. Apenas se permitía simpatizar por River, el equipo de su padre. De profesión director de cine y teatro, Lecchi se reparte las emociones entre el partido contra Boca y el estreno de su obra El hombre lobo.

Si tiene que elegir, no duda: Temperley es la puesta en escena que prefiere. Y en su película de hoy contra Boca no descarta un triunfo. “Le tengo confianza, más allá de las desigualdades”. Es el final.

(*) Esta nota fue publicada en la edición impresa del Diario PERFIL.

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