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11/07/2015

Sabe lo que es perder, por eso gana

Lionel Messi. Foto: AFP
Lionel Messi en la final del Mundial ante Alemania. // AFP

Ni las victorias lo obnubilan ni las derrotas lo entristecen más de la cuenta. Por su mentalidad ganadora, Messi siempre está buscando nuevos desafíos.

No se puede interpretar a Messi sin analizar primero el partido. Me refiero a la final de la Copa América contra Chile, que tantas críticas y cuestionamientos le provocó a Leo. En principio debemos contemplar que Argentina no jugó bien, que no hizo goles y que tuvo un funcionamiento pobre. No rindió. Y las individualidades, tampoco. Ni Di María ni Agüero ni Lavezzi tuvieron un partido como los que suelen ofrecer en sus clubes europeos. Pero acá debemos pensar, entonces, por qué ocurrió eso. La respuesta es una sola: fue mérito de la selección chilena. El planteo del equipo de Jorge Sampaoli fue impecable: presionó a los defensores para evitar salidas limpias, obligó a jugar al pelotazo y dinamitó los circuitos de juego asociado. Y el funcionamiento de un equipo repercute en los jugadores, incluso en Messi. Ahí está, entonces, el gran responsable: el rival.

Fui a ver todos los partidos de Argentina en esta Copa América, menos la final. En todos esos encuentros Messi fue el mejor. Emocionaba verlo jugar. La gente se conmovía con cada una de sus jugadas. He visto hasta hinchas chilenos que lo aplaudieron. Después, en la final, ocurrió que Chile lo rodeó bien. Messi tuvo todo el tiempo dos o tres marcas escalonadas. A Jean Beausejour lo conozco, es un defensor durísimo, y después estaba Gary Medel, que es muy veloz e inteligente. Pocas veces Leo pudo recibir la pelota limpia o con opciones de pase.

Messi debe estar pensando ahora cómo superar estas derrotas.

Y después de la derrota, claro, aparecieron las críticas. Por fortuna, leí y escuché a más gente que entendió el juego. Pero muchos empezaron una especie de cruzada, contra la selección en general, y contra Messi en particular. No es nuevo y no debería sorprender. Los argentinos tenemos una larga historia en eso de canalizar nuestras propias miserias. Nos sentimos los mejores del mundo, cuando en realidad no lo somos. Idealizamos en exceso y nos cuesta reconocer los errores. Ese cóctel explosivo detona cuando nos enfrentamos a alguna frustración. Y el sábado pasado ocurrió eso. Para peor, fue la segunda final en un año. La herida sangró más. Y en el horizonte de culpables, muchos señalaron al mejor del mundo.

Las derrotas son frustrantes. Inmediatamente después de perder un partido decisivo, el jugador queda impregnado de sentimientos negativos. Todo es oscuro. Pero con el paso de las horas comienza a interpretar el episodio de manera más racional, capitaliza esa experiencia y ya piensa en nuevos desafíos. Con los triunfos ocurre lo mismo: la euforia inicial le da paso a los retos que vienen. Messi debe estar pensando ahora cómo superar estas derrotas. El sabe cómo ganar. Y sabe, también, que lo que falta es muy poco, que Argentina está entre los tres o cuatro mejores equipos del mundo y que debe recorrer un mínimo tramo para coronarse con un título.

No creo que la frustración por haber perdido la Copa América lo deprima, porque él también sabe lo que significa perder. Y por tener incorporado el sentido de la derrota, es que gana cuando gana. Ese aprendizaje es el que le falta a muchos argentinos.

*Entrenador y psicólogo social.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil.

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