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24/06/2018

Un día de furia que profundizó la grieta

Jorge Sampaoli, desautorizado por los jugadores de la Selección Argentina. //AFP

En medio de rumores y desmentidas, el caos se agudizó y debilitó a Sampaoli. El peso de la mesa chica. Y el audio que desnuda la interna.

La selección nacional está herida. Y como si no fuera suficientemente doloroso verla sufrir en carne viva, muchos protagonistas, directos o periféricos, se empeñaron en echarle abundante sal en lugar de un cicatrizante.

Fue un día de furia. De versiones y rumores que fueron y vinieron. Un carrusel vertiginoso en el que diferenciar la realidad de la ficción, la verdad de la mentira, se hizo prácticamente ímprobo, un jeroglífico que solo puede descifrarse con el vislumbre de que como en Antón Pirulero, cada cual atiende su juego.

Una certeza: la relación entre Jorge Sampaoli y los futbolistas (léase, la “mesa chica” que tiene a Javier Mascherano y a Lionel Messi sentados en las cabeceras) está rota. Las idas y vueltas del entrenador en cuanto a nombres y sistemas durante el año que lleva en el cargo y el hábito de un grupo de jugadores históricos que se sienten “la selección” en sí mismos y buscan tener una injerencia que excede su rol, son las claves para entender el estado de situación de una selección parada sobre el filo de la cornisa en Rusia 2018.

Otra certeza: la reunión del viernes entre tres integrantes del cuerpo técnico (Sampaoli, Sebastián Beccacece y Lionel Scaloni), los jugadores y Claudio Chiqui Tapia, sirvió para visibilizar lo que muchas veces se mantiene en las sombras: la “mesa chica” pretende tener un rol protagónico en el armado del equipo que se medirá con Nigeria. Y también la juramentación de que todos tirarán del carro para el mismo lado con el objetivo de alcanzar los octavos de final.

Por supuesto, la autoridad de Sampaoli a esta altura de los acontecimientos se debilita cada vez más. El final de su ciclo tras el Mundial ya es un secreto a voces. Pero antes habrá que ver qué margen tiene el Zurdo de Casilda para formar el once titular en San Petersburgo.

Este sábado fue un día en que la selección se convirtió en un agujero negro que amenazó con tragarse a todos. Tapia entendió que su supervivencia a mediano plazo al frente de la AFA dependía de que Argentina terminara el Mundial con el mismo técnico con el que lo empezó. Cualquier cambio de timonel a esta altura implicaría para él un costo político irremontable. Quizá por ello, más que por convencimiento, llamó a su habitación a Sampaoli para garantizarle que estará sentado en el banco frente a Nigeria. El “Chiqui” es, sobre todas las cosas, un animal político.

Más temprano, los rumores habían golpeado a las puertas del Centro de Entrenamiento de Bronnitsy con descomunal fuerza. El vendaval adquirió distintas formas y los hechos giraron a fuerza centrífuga: audios, videos, posteos en redes sociales, sócalos de tevé que denunciaban y luego derivaban en una desmentida o una morigeración. Que los jugadores habrían dado un golpe de estado hecho y derecho contra Sampaoli para poner en su lugar al mánager Jorge Burruchaga fue quizá la versión que más polvareda levantó y que llevó la incertidumbre a su cénit.

Con la entrada del nuevo día, el domingo del cumpleaños feliz número 31 de Messi, difícilmente las partes en pugna tengan dulces sueños. Todos coinciden en algo: detrás de las discusiones futbolísticas y la guerra de desconfianzas entre jugadores y entrenador se esconden luchas de poder más aviesas aún, en torno a la AFA y la política macro a nivel nacional.

La tensión sobrevuela Bronnitsy. Sería todo un detalle que por amor a la selección -y el respeto a los hinchas que están detrás- los protagonistas se decidieran a zurcir la herida al menos con puntos de sutura provisionales en lo que resta de Mundial.

(*) Enviado especial a Rusia. Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil.

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