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24/09/2019

Las SAD y un nuevo asalto en el fútbol

Claudio Honigman, presidente de la empresa Elephant, que gerenció al club brasileño Figueirense.

Los impulsores del desembarco de las Sociedades Anónimas han hecho violón en bolsa en la Argentina y se han mudado para otras latitudes más fértiles.

La derrota en las elecciones primarias del Gobierno nacional, principal defensor e impulsor de este sistema desde comienzo de siglo, aceleró el proceso de salida de los capitales especulativos en el deporte hacia otros lugares donde su implementación ya ha dado muestras nefastas pero aún son permitidos. Por un momento, estimado lector, voy a pedirle que se saque su camiseta y se ponga en el lugar de ellos a base de un ejemplo imaginario.

Supongamos que San Martín de San Juan, un club grande y pujante de una provincia argentina, con pasado reciente en primera división, fuese una Sociedad Anónima Deportiva (SAD). Imaginemos que el dueño de la empresa que maneja sus destinos, pongámosle como nombre ficticio “Elephant”, estuviera queriendo desembarazarse del problema que le genera el equipo luego del descenso a la Primera Nacional B.

El contrato seguramente tendría una cláusula de rescisión. Como sería esperable habría atrasos salariales y demoras en los aportes de los empleados. Los rendimientos deportivos no serían los esperados. El humor de los hinchas no sería el mejor, pero la idea sería hacerlo lo menos traumático posible para el club. Encontrar otro interesado que cubra las deudas y darle para adelante. Por un lapso de tiempo se trabajaría sobre esa posibilidad pero, tarde o temprano, se demostraría que muy pocos son los osados que quieren invertir en un club que viene en la mala. Entonces, habría que hacer un acuerdo para la terminación del contrato. La empresa cerraría el flujo de dinero y la institución no podría seguir con su funcionamiento hasta no resolver la situación. Sería una asfixia económica para negociar desde mejor posición. Las divisiones inferiores sería el principal lugar de recorte (no habría elementos para trabajar) y de rapiña (los juveniles más prometedores serían mal vendidos para amigos). El contrato finalmente se rompería a la fuerza y sin arreglo.

Entonces, sin avisar y en el medio de esa disputa con dirigentes, hinchas y empleados, la empresa que estaría manejando todavía los destino de San Martín podría decidir enviarle una carta a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) informándole que retira al equipo del torneo porque no tiene presupuesto. Llegado a este punto imaginario, el abandono de la competencia oficial, sumado a los problemas, ya le estaría generando escozor.

La AFA al recibir la comunicación y como sería esperable va a cotejar en el reglamento de competiciones para evaluar los pasos a seguir. Ahí, en el artículo 61, se menciona que “si un equipo se retira de la competencia, se lo suspenderá automáticamente por 2 (dos) años de cualquier otra competencia y, cumplido el plazo, deberá recomenzar por la última categoría”. Por lo cual, San Martín de San Juan no volvería a jugar por un largo tiempo y aquello que antes le generaba escozor ahora ya le genera rabia. Ni hablar cuando se entere que esa empresa se acercó al club hace apenas dos años.

Fue el 19 de julio del 2001, mientras con Nueva Chicago realizábamos la primera pretemporada en Brasil preparatoria para jugar el campeonato de Primera División A, cuando por primera vez pisé el estadio Orlando Scarpelli de la ciudad de Florianópolis. Como parte de nuestra preparación jugamos un partido supuestamente amistoso, a las tres de la tarde de un día de semana, con entrada libre llevando un alimento no perecedero, contra el Figueirense. Nadie nos avisó que nos llevaban al matadero, porque cuando llegamos el estadio estaba repleto. No sé ni quien jugaba del otro lado pero me acuerdo que nos dieron un paseo tremendo y, como no podía ser de otra manera entre argentinos y brasileños, el partido terminó de manera abrupta y violenta. Ahí conocí lo grande que era el Figueira, después lo revalidé cuando jugué en el Inter de Porto Alegre.

Figueirense Futebol Clube, informó el viernes oficialmente a la Confederación brasileña de fútbol (CBF), decidió abandonar la Serie B del campeonato brasileño a través del presidente de la empresa Elephant, Claudio Honigman. La comisión directiva del club publicó un documento donde declara que el contrato entre el club y la compañía fue rescindido. Actualmente, en el último balance, Figueirense presentó una deuda de 120 millones de reales, lo que sería alrededor de 30 millones de dólares. Tiene un partido programado para hoy contra el Bragantino. Ahora, nadie sabe lo que va a pasar pero todos saben cómo va a terminar.

«SAD, el documental» es un material audiovisual que te cuenta como terminó la experiencia Blanquiceleste Sociedad Anónima en Racing Club. Dirigido por Federico Cogo, hincha académico, se estrena en octubre. Hace unas semanas le dijo a Roberto Parrotino en una entrevista para Tiempo Argentino: «Sé en carne propia qué te quita una empresa: la vida social de un club, los deportes amateurs, la posibilidad de hacer política. Sólo te deja el fútbol. Y cuando deciden que no es más negocio, te dejan el fardo y agarrate».

Los hinchas de Figueirense nos despidieron con insultos y piedrazos voladores aquel jueves 19 de julio de 2001. Nosotros tuvimos responsabilidad para que eso pase. Pegamos unas patadas voladoras imperdonables. No sé si ellos hicieron tanto mal para merecerse lo que están sufriendo. Que se convierta tu club en una empresa y después se fuguen con todo, no se lo deseo a nadie.

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