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13/12/2019

River campeón de la Copa Argentina: historia repetida

Javier Pinola levanta la Copa Argentina. River, otra vez campeón. // Fotobaires

Goleó 3-0 a Central Córdoba de Santiago del Estero con un segundo tiempo de antología. Scocco, Nacho Fernández y Julián Álvarez, los goles. Videos.

Este texto ya se escribió. Una, dos, tres, diez veces. Y como ya se escribió, podría empezar por lo obvio, por la noticia que ya no es noticia: River ganó y salió campeón. Porque, en rigor, sucedió eso: otra vez, como casi siempre en los últimos años, el equipo de Marcelo Gallardo llegó a una final y dejó su sello. En Mendoza, en un estadio repleto y por el partido definitorio de la Copa Argentina, goleó 3-0 a Central Córdoba de Santiago del Estero y festejó. 

Como pasó en 2016 y 2017, cuando le ganó a Rosario Central y a Atlético Tucumán, River se quedó con la Copa y sumó otra estrella, que no cura la final perdida en Lima contra Flamengo por la Libertadores, pero vuelve a validar aquella idea de que este es el mejor ciclo de la historia del club. Es difícil de mensurar, pero el sólo hecho de analizarlo alcanza para dimensionar lo tremendamente exitoso y reconfortante que es esta etapa que encabeza Gallardo para sus hinchas.

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La final tuvo su fiesta, como pasa últimamente con las finales que organiza la Superliga (hoy, seguramente, el Trofeo de Campeones entre Racing y Tigre en Mar del Plata tenga una versión similar). Música, performances, show de luces y toda la parafernalia que los dirigentes de la Superliga trajeron de torneos extranjeros como el Super Bowl estadounidense. La transmisión televisiva dejaba claro el concepto: a cada paso, en cada minuto muerto, aparecía una publicidad que te vendía algo.      

Pero no habría negocio ni show si no hubiera un juego adentro de la cancha. Y en ese juego, en el que River por lo general se impone, uno de los que más brilló fue Ignacio Scocco. Hizo el gol a los 30 minutos del primer tiempo, luego de una media vuelta exquisita y de algo de suerte en la definición (tapó Rodríguez y le quedó el rebote). Pero además del primer gol, el delantero fue clave en muchos aspectos: aguantó y pivoteó arriba; se juntó con Nacho Fernández, alguna vez con Palacios; y hasta ofreció algunas perlas mucho más estéticas que todo lo estético que fue el prólogo del partido.

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¿Podría haber cambiado la historia? Sí, como siempre. Pero el talento individual, el azar o la visión del árbitro Facundo Tello lo impidieron. El talento individual fue por Franco Armani, que tapó un tiro de lejos de Núñez que se metía en el ángulo, y un rato más tarde un mano a mano contra Herrera. El azar, porque Central Córdoba llegó varias veces, incluso más que las dos mencionadas, pero por una u otra razón no pudo plasmarlo en el arco rival. La visión del árbitro fue por una jugada puntual: un posible penal de Pinola a Herrera que Tello no consideró. 

Todo eso fue en el primer tiempo. En el segundo, ya casi no hubo partido. O, mejor dicho, no hubo paridad. River era una sinfónica. Corazón y pases cortas. Pared y doble pared. Tacos y toques. River era magia, y esa magia encima era pragmática: llegó el gol de Nacho Fernández, y después Nacho Fernández hizo una de Garrincha, o de Ortega, por la izquierda y le sirvió el gol a Julián Álvarez. Después de eso, la fiesta que ofrecía el equipo adentro de la cancha, se mudó a las tribunas.

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