viernes 24 de septiembre de 2021
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BáSQUET | 16-05-2020 09:39

Nuestro ranking de los seis equipos campeones de los Bulls de Jordan

Análisis detallado de los equipos que, siempre con MJ, Pippen y Jackson, llegaron a la gloria, ubicados del 1 al 6, en un juego para definir por qué cada uno fue mejor que los otros. Números y fortalezas de cada uno.

Michael Jordan, Phil Jackson y Scottie Pippen construyeron, junto el GM Jerry Krause y el dueño Jerry Reinsdorf, una dinastía que quedó en la memoria colectiva. Una era que fue más allá del básquet y hasta del deporte. Porque los Chicago Bulls trascendieron y fueron patrimonio de la cultura mundial, aprovechando la expansión global de la NBA que potenciaba la estrategia de marketing de David Stern. Pero, además de ser un ícono, un referente, un mito y una leyenda, fueron equipos. Equipos campeones que quedaron en la historia. Hoy parece que uno dice los Bulls y habla de un solo conjunto. Pero, en realidad, fueron seis distintos. Hubo diferencias, en algunos casos mínimas en los planteles y en otros grandes, como entre el primer y el segundo tricampeonato. De uno al otro, pese a que sólo hubo dos años en el medio (cuando Jordan se retiró y se fue a intentar su sueño con el béisbol), sólo quedaron MJ, Pip y el coach. Pero, aunque haya había sólo retoques de un año al otro, hubo algunas diferencias de juego, bajones y subidas de nivel que tuvieron que ver con la química de cada plantel y hasta con la saturación mental y el cansancio físico de esos conjuntos. En esta nota buscaremos analizar a cada uno de esos planteles que escribieron la historia y nos animaremos a rankearlos, del 1 al 6. Apenas un juego para marcar la diferencia y atrevernos a decir cuáles fueron los mejores. Todo dentro de una elite que quedó en los libros.

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El Mejor equipo: 95/96. Chicago logró el récord de triunfos en fase regular (72-10) y se paseó en playoffs (15-3). Es decir, sólo perdió 13 de 87 partidos, mejor marca de la historia para una temporada y, a diferencia de los Warriors que les sacaron el récord en 2016 (con 73-9 superaron el 72-10 de los Bulls), ganaron el título.

Aquel fue un dominio apabullante. Sólo Seattle le hizo un poco de fuerza, aunque hasta cierto punto, porque los Toros estuvieron 3-0 en esa definición hasta que los Sonics reaccionaron y ganaron dos en casa antes de caer en el 6° en Chicago. Hasta aquella final ese equipo sólo había perdido dos partidos en postemporada (fue 3-0 a Miami, 4-1 a NY y 4-0 a Orlando en la definición del Este). Jordan estaba en fuego, motorizado por la bronca de haber sido eliminado en 1995, a pocas semanas de su regreso, tras su experiencia en el béisbol. "No es el mismo que antes", dijeron. Para qué, ¿no? Se tomó revancha y arrasó, demostrando que era el mismo de siempre. O aún mejor. El experimento Rodman, pese a los riesgos que presentaba a priori, rindió de entrada y Pippen, tras haber testeado lo que era ser la primera figura en ausencia de MJ, recobró el lugar de ladero que tan cómodo le sentaba. Ya estaba Ron Harper, gran anotador en la época de Cleveland que ocupó un nuevo rol a la perfección, el de valioso defensor, base con oficio y veterano que aportaba en el liderazgo. Toni Kukoc, tras dos temporadas enteras, se apoderó de su función de Sexto Hombre, siendo clave sobre todo en la creación y anotación.

Ese Chicago estaba muy bien armado, hasta en los detalles, como la llegada de Jack Haley para contener a Rodman, su mejor amigo. Había sumado el “espíritu Chico Malo”, no sólo con Rodman sino también con John Salley y James Edwards, dos ásperos pivotes para cuidarles las espaldas a Luc Longley y Bill Wennington, más móviles y con buen tiro de frente, ideales para el sistema triangular de Tex Winter. También contaba con tiradores para aprovechar espacios y ventajas, como Steve Kerr y Jud Buechler. Un equipo imbatible. Además de eficacia en ambos costados, tenía una marcada voracidad y aún no mostraba el desgaste de personalidades tras los casi dos años de ausencia de MJ y la reciente llegada del Gusano. Un equipo nuevito que funcionaba como una verdadera máquina. Los números lo ratifican: terminó con + 13 entre la eficiencia ofensiva (115) y defensiva (102). Probablemente el mejor equipo de la historia. O al menos Top 3.

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El Segundo: 91/92. Tras sacarse el peso de encima en el 91, con su barrida a los Pistons y el título ante los Lakers, Chicago desplegó un juego muy sólido y estableció un dominio absoluto en la competencia. Ganó 67 de 82 partidos en fase regular (en un momento la racha fue de 36 en 39 para terminar con el mejor récord y N° 1 global) y 15 de 22 en playoffs, incluyendo un 4-2 contundente en la final ante Portland. Fue el primer año que tuvo que pasar su escollo más duro, los Knicks, que los llevó a un 7° juego en la semifinal del Este. Al menos no sufrieron ese día, con una paliza por 110-81 en el partido decisivo en casa.

Esos Bulls eran un equipo consolidado, que hace rato estaba armando y cada uno entendía su rol. En aquella temporada cuatro titulares lanzaron por encima del 50% de campo, Jordan se llevó su tercer premio MVP y apabulló a Clyde Drexler en la final, Horace Grant se afianzó como un muy buen ala pivote promediando un doble doble (14.2 puntos y 10 rebotes) y Pippen empezó a ser una estrella (21 tantos, 7.6 recobres y 7 asistencias). Fue el mejor momento de los Bulls en aquel tricampeonato, ganando dos de los tres partidos en Portland y el sexto incluso con gran tarea de los suplentes en el último cuarto, cuando perdían por 15. Una frutilla del postre para una temporada en la que demostró ser un equipo muy completo, con BJ Armstrong (10 puntos, con 48% triples), Stacey King (7 y 2.6 rebotes), Bobby Hansen, Cliff Levingston (4 puntos y 3 rebotes) y Will Purdue desde el banco. Terminó con + 11 entre rating ofensivo (115.5) y defensivo (104.4).

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Tercero: 96/97. Este equipo le pisa los talones al segundo y podría tranquilamente estar en ese escalón del podio Bull. Afianzado el nuevo plantel, nadie aflojó en la ambición. Ese Chicago ganó 69 de los 82 partidos de fase regular. Fue líder de la NBA en puntos (con 103) y en rating ofensivo (114.1), pero además mostró una gran eficacia defensiva: le anotaron apenas 92.3 de promedio (sexta marca) y tuvo 102.4 de rating defensivo, el cuarto mejor de la competencia.

Un conjunto completo que logró 15 triunfos en 19 partidos en playoffs, sin ir nunca a un séptimo juego: 3-0 a Washington, 4-1 a Atlanta, 4-1 a Miami y un relativamente sencillo 4-2 a Utah en la final. Incluyendo la mayor paliza de la historia en una definición (96-54 en el Juego 4) y un triunfazo en el Juego 5 con Jordan sufriendo 39 grados de fiebre en Salt Lake City. En aquel partido, que pasó a la historia como The Flu Game, el 23 terminó casi con tantos puntos (38) como grados de fiebre y el triple clave en el minuto final para tomar un 3-2 clave en la final. MJ no fue el MVP de la fase regular (se lo llevó Karl Malone), pero sí el de las finales tras promediar 32 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias. Pippen mantuvo un nivel de elite (20 tantos, 6.5 recobres, 5.7 pases gol y 1.9 robo), con Dennis Rodman dominando los rebotes (16.1), un Kukoc sensacional en su rol de primer reserva (13.2 puntos, 4.6 rebotes y 4.5 asistencias).

Un equipo con muy pocos retoques con respecto a la temporada anterior. Lo mejor fue el fichaje del hoy difunto Bison Dele, que lo hizo muy bien como pivote anotador cerca del poste bajo (7 puntos), incluso quitándole el lugar de centro suplente al canadiense Wennington en el final de la campaña.

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Cuarto: 97/98. Seguramente en lo deportivo sea el peor equipo de todos, el más vulnerable, pero hay que tener en cuenta las distracciones que tuvo que soportar para ponerlo en este lugar del ránking. Primero, la extrema tensión que vivió el plantel en toda la temporada con la dirigencia, desde Phil Jackson (Jerry Krause le anunció que sería su última temporada) hasta Scottie Pippen (mal pagado), pasando por el mismo Jordan (enojado por la decisión de Krause y por tener que responder siempre las mismas preguntas ante los medios). Segundo, justamente, todo lo que generaba que fuera el Ultimo Baile. Tercero, la operación de Pippen que lo sacó de las canchas hasta el 10 de enero. Y, por último, la convivencia con el desgaste mental y físico que, por caso, hizo que Rodman pidiera unas mini vacaciones en medio de la campaña. Pero el equipo fue “all business”, con un oficio superlativo para ganar sin brillar.

Chicago no comenzó bien hasta que Rodman se enfocó e hizo un gran trabajo para bancar la ausencia de Pip. Cuando regresó Scottie, el equipo encontró el mejor camino y, si bien no tuvo el mejor récord de la NBA (fue de Utah), logró 62 victorias en 82 partidos y en los playoffs tuvo un par de partidos de relajamiento (ante New Jersey y Charlotte en las primeras dos rondas) y sufrió con Indiana (lo llevó a siete juegos) para pasar a la gran definición, otra vez con el Jazz.

Volvió a ser 4-2, con una sola incertidumbre: cuando perdió el quinto y tuvo que viajar nuevamente a Salt Lake City para cerrar la serie. Igual que en 1993, los Bulls no dejaron que se llegara al séptimo y decisivo, como visitantes. Impusieron su oficio y, sobre todo, a un MJ majestuoso. En el minuto final, cuando la victoria peligraba, se vistió de héroe como en Phoenix. En este caso, doble rápido, robo tremendo a Malone tras sorprenderlo por línea final y el doble mítico ante Bryon Russell para ser el MVP de la final, igual que de la fase regular (28.7 puntos y 5.8 rebotes). Pippen volvió a ser el Robin de Batman (19, 5.8 pases gol y 5.2 recobres), Rodman mantuvo su alta aportación (15 rebotes) y Luc Longley dio un salto de calidad (11.4 puntos y 6 recobres). Kukoc, Harper, Kerr y Randy Brown fueron también valiosos, con algunos momentos de Scott Burrell, el ya famoso compañero que era el blanco de las presiones de MJ. Una campaña para cerrar con un moño este Ultimo Baile.

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Quinto: 92/93. Volvemos al primer tricampeonato, a aquel equipo que ganó 57 de 82 partidos en la fase regular para terminar N° 2 en el Este (detrás de los Knicks: 60-22) y luego 15 de 19 en playoffs. Tras barrer a Atlanta y Cleveland en primeras dos series, fue épica la victoria en la final del Este ante NY, tras arrancar 0-2 de visitante y en medio del circo mediático que se generó por las noticias del problemas con las apuestas que tenía el astro. Chicago empató en casa, metió un triunfazo agónico en el quinto en el Madison con aquella secuencia defensiva sobre Charles Smith que quedará en la historia y lo cerró en casa para avanzar a su tercera final seguida.

En la definición, otra vez sin ventaja de localía, superó al Phoenix del gran Charles Barkley (tremenda serie final, eclipsado por MJ) y Kevin Johnson. Pegó primero, aprovechando los nervios de los Suns en casa, y se llevó los dos de Arizona. Pudo ponerse 3-0 pero perdió en casa tras tres suplementarios y el cuarto resultó el quiebre. MJ hizo 54 puntos y evitó la amenaza de Phoenix, que tomaba confianza. Todos pensaron que la serie ya estaba definida, pero los Soles descontaron, otra vez en Chicago. Así fue que los Bulls debieron viajar otra vez al desierto pero, en el avión, MJ dio el discurso motivador que todos necesitaban escuchar: “Yo empaqué un solo traje, vine para un partido”, tiró, dejando claro que lo liquidaría en el sexto, para evitar el siempre durísimo séptimo de visitante. Y así fue. Parecía tenerlo el local cuando el 23 apareció con un doble rápido para achicar a dos. Luego, tras una buena defensa, cayó el triple salvador de John Paxson. Más allá de MJ, el equipo estuvo a la altura. Esa jugada clave la construyó sin el 23 (Pippe penetró y Grant la sacó para Paxson. En la acción final, Grant le metió una tapa antológica a Johnson desde atrás para sellar el Tri.

Su Majestad tuvo otra campaña top, pese a que ya se veía su cansancio mental y físico que lo haría retirarse. Promedió 32.6 puntos, 6.7 rebotes y 5.5 asistencias, jugando la mejor final de todas, con 41 tantos, 8.5 recobres y 6.3 pases gol. Una bestialidad. Además del siempre rendidor Pippen, Grant (13.2 y 9.5) y BJ Armstrong (12.3 con 45% en triples) crecieron aún más, aunque Paxson, Cartwright, Williams y Trent Tucker tuvieron un aporte valioso.

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Sexto: 90/91. Es duro dejar último al equipo de los Bulls que logró el primer título. Básicamente porque fue el primero que se sacó de encima la maldición de los Chicos Malos (y de qué forma, con un 4-0 lapidario) y vengó las tres eliminaciones seguidas a manos de esa bestia negra que era Detroit. Y, segundo, porque venció nada menos que a Magic Johnson en la final. Pero, es verdad, aquellos Lakers fueron los rivales menos poderosos que Chicago tuvo en una definición. Y aquellos Bulls, además, resultaron el conjunto con menos oficio de todos (comparados con los otros cinco campeones). En ese entonces recién se estaban despertando y codeándose con los grandes.

MJ lució en su plenitud física y de desequilibrio individual (31.5 puntos, 6 rebotes y 5.5 asistencias), pero aún empezaba a descubrir cómo liderar y hacer mejor al resto. Los compañeros ya eran muy buenos, pero aún no eran las superestrellas que serían, sobre todo Pippen (17.8, 7.3 y 6.2). Fue la mejor campaña de Cartwright (9.6 tantos y 6.2 recobres con 33 años), un pivote limitado en ataque pero que sabía su rol, tenía oficio y era un líder silencioso en el vestuario. Paxson resultó decisivo (8.7 y 3.6 pases gol), no sólo en el último juego de la final, ya con Armstrong asumiendo, con 23 años, un rol valioso como base suplente. Stacey King y Purdue eran los centros suplentes que daban una mano y, como siempre, el plantel tenía reservas que estaban listos para rendir si se los llamaba, como Craig Hodges (tirador nato), Dennis Hopson (a veces entraba un ratito por MJ) y Cliff Levingston (alero que daba descanso a Pip).

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En la fase regular, equipo tuvo la séptima mejor ofensiva en puntos (110), pero la top en rating (114.7), y en defensa recibió 101 tantos, siendo la séptima cada 100 posesiones (105.2). El gran equilibrio que siempre caracterizó a los equipos de Phil Jackson. El camino al título resultó más sencillo de lo esperado, porque sólo perdió un partido hasta la final, en el 4-1 a Philadelphia durante la semi del Este. La definición la inició con derrota. Pero luego encadenó cuatro triunfos al hilo (tres en Los Angeles), con Pippen defendiendo a Magic y un equipo demostrando que, luego de pasar a los Pistons, ya no iba a perder la gran chance. Es verdad, el rival no estuvo a la altura. Johnson y un par de compañeros más llegaron disminuidos en lo físico tras la gran final del Oeste ante Portland. Pero Chicago ya estaba determinado. Empezaba su era. Era el comienzo del fin para muchos rivales en aquella década del 90.

Julián Mozo

Julián Mozo

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