jueves 29 de febrero del 2024

Volvieron a desafiar a la muerte

Busin, López y Rodrigues sufrieron lesiones gravísimas en otras competencias. Pero se recuperaron y volvieron al Dakar a bordo de sus motos.

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Las motos pasan a fondo por las especiales. Todos, hasta los amateurs, quieren doblar la muñeca derecha hasta abajo. Los especialistas coinciden en que se trata de la categoría que marca el espíritu original del Dakar y que muchos de ellos tienen un grado de locura que roza con casos psiquiátricos. Este año hay tres pilotos que tuvieron problemas de fracturas y contusiones que casi los dejan paralíticos o con problemas graves de salud. El argentino Pablo Busin, el chileno Francisco López y el portugués Helder Rodrigues son casos testigos de los tantos que en este rally raid llegan con el cuerpo lleno de pergaminos motoqueros.

Recuperación dakariana. Como sucede con buena parte de los pilotos amateurs, Pablo Busin está relacionado con el ambiente motor por su trabajo. Desde que se hizo cargo de la concesionaria de motos de su familia, el hombre de Villa Regina logró expandir su negocio y se convirtió en un referente de las dos ruedas en la Patagonia. Pero en 2010 decidió llevar su fanatismo por las motos al Dakar. Así, en los últimos tres años, el piloto argentino se dio el lujo de culminar en dos competencias.

Este año, Busin firmó con el ELF Team y representa a Boca Juniors. Todo parece color de rosas, pero cincuenta días atrás, su entrenamiento y su vida se cruzaron en un accidente inesperado. “En una práctica con la moto me equivoqué y me pegué un golpe tremendo. Me fracturé dos vertebras y pensé que se terminaba el Dakar para mí. El médico me prohibió subirme a una moto”, le cuenta a PERFIL el piloto que terminó 49 y 50 en las últimas dos ediciones.

Tras la lesión llegaron 21 días insoportables. La zona en la que tuvo las fracturas es muy sensible y se pasó tres semanas en la cama con un corset. “Me monté la oficina en la cama y, del Dakar, traté de olvidarme”, explica Busin. Cuando le sacaron el corset pasaron 25 días de rehabilitación muy intensos y sin nada de moto. “Mi familia me dice que estoy en pedo. No pueden entender que vaya a correr. Mi fisioterapeuta me dijo que en la mitad del Dakar voy a estar recuperado al cien por ciento. Cada día que pasa me siento mejor de la espalda”, dice tras terminar la quinta etapa.

Casi paralítico. En mayo de 2011, el Rally de Túnez marcó un antes y un después en la vida del chileno Francisco López. Cuando se disputaba la cuarta etapa, Chaleco tuvo una caída casi mortal. Sufrió fracturas en el tobillo y metatarsianos derechos, de la escápula, fractura expuesta de la muñeca derecha y falanges, luxo-fracturas de tibia y peroné, fractura cervical alta a nivel C5 y C6, edema pulmonar derecho y contusión cerebral. El informe del Hospital Djerba era desalentador. Su carrera deportiva estaba terminada. Los médicos rezaban para que no tuviera problemas para caminar. Iban a ser siete meses para recuperarse de sus 11 fracturas. Pero increíblemente, en 120 días, López ya estaba otra vez arriba de una moto. “La verdad, no sé cómo estoy acá. Adelgacé casi 15 kilos y me costó mucho recuperarme. Gracias a mis compatriotas y amigos los hermanos Prohens terminé de convencerme de que podía volver a correr. Estoy al sesenta por ciento de mi capacidad física y mi único objetivo es terminar”, le explicó a PERFIL en el Dakar Village de Mar del Plata. Pero para sorpresa de todos, en la primera especial, Chaleco terminó primero y, ahora, está cuarto en la general. “No quiero ni mirar la clasificación. Cada vez que llego al vivac me voy a descansar sin saber los resultados. Sólo me interesa estar entre el pelotón de punta para correr sin problemas. Ojalá pueda llegar. Si además termino en el podio, sería un regalo de Dios”, concluye.

Al borde de la muerte. En el Rally Patagonia-Atacama 2007, la imagen del accidente del portugués Helder Rodrigues asustaba. A más de 120 kilómetros por hora, el luso salió volando de su moto y cayó sobre sus costillas. El hombre quedó tirado en el piso y no se movía. Enseguida llegaron los demás pilotos a ayudarlo, y la asistencia médica. Rápidamente fue llevado al hospital, inconsciente. “Perdió como cuatro litros de sangre y le tuvieron que extirpar el bazo. Iba a fondo. Yo llegué cuando ya estaba en el suelo, pero creo que se golpeó contra las piedras. Se pegó la caída de su vida, era para matarse ahí mismo”, contó el chileno Jaime Prohens, que lo ayudó el día del accidente.

Su familia intentó prohibirle volver a correr. Los médicos confirmaron que estuvo a pocos minutos de morirse y sus seres queridos pretendían sacarlo de las pistas sin discusiones. Pero como pasa siempre con este tipo de pilotos, nadie pudo pararlo.

De a poco volvió a competir y recuperó su lugar como uno de los mejores del planeta en su especialidad. “El año pasado vine a probar. Mi objetivo fue sentirme capaz de terminar un Dakar y, por suerte, no sólo terminé sino que conseguí estar en el podio. Esta vez me siento mejor y tengo moto para pelear arriba. Estoy siendo el de antes”, analizó el portugués, que ya sueña con ser uno de los históricos de la competencia más dura del planeta.

Esta nota fue publicada en la edición impresa del Diario PERFIL (*)