miércoles 28 de octubre del 2026

Los tiempos de Román

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El fallido cierre de temporada de Boca dejó una dolorosa sorpresa: el anuncio de Juan Román Riquelme sobre su final de ciclo en la institución xeneize. Nada hacía presagiar esta decisión. Recién al mediodía del día de la final, empezaron a circular rumores sobre un posible alejamiento.

Dentro de este escenario no sería ilógico preguntarse: ¿Qué motiva a un futbolista, que meses atrás se declaraba “bostero” y  confesaba su sueño de terminar su carrera en el club del que era hincha, a renunciar a su sueño? ¿Qué argumentos lo llevan a desoír también el clamor popular, alejándose de una de las gratificaciones más hermosas del fútbol: sentirse querido por la propia hinchada?

Conocí a Riquelme hace más de veinte años, cuando jugaba en las inferiores de Argentinos Juniors. Todavía éramos niños y faltaba mucho tiempo para que la ilusión de jugar en primera división se convirtiera en realidad. Ya por ese entonces Román tenía  virtudes futbolísticas que lo destacaban por encima de la media: un pulido gesto técnico al momento de pisar la pelota, precisión quirúrgica de su pegada y una innata habilidad para encontrar el tiempo exacto de realizar la jugada apropiada. Estos recursos formaban parte de su repertorio para sobresalir.

De aquellas destrezas que lo destacaban y que con el tiempo lo llevaron a trascender a nivel mundial quisiera resaltar una que siempre me llamó la atención: esa extraordinaria capacidad para manejar los momentos (tanto dentro como fuera de la cancha). Ocurre que Román no sólo encontraba espacios para filtrar pases y colocar asistencias, también decodificaba las señales oportunas para anunciar despedidas o renuncias. Y en la mayoría de los casos, el tiempo terminaba demostrando que su elección era atinada.

Me detengo en este punto, porque creo que vale la pena cuestionarse sobre las razones del accionar de Riquelme en el día de la final con Corinthians. ¿Qué estaba sintiendo, en las vísperas de disputar una final de Copa Libertadores, cuando decide anunciarle a su presidente la determinación de abandonar el club al finalizar el torneo? ¿Por qué la inminencia de un partido final y la existencia de un vínculo contractual, no fueron condicionantes a la hora de comunicar la noticia? ¿De qué manera consideró Riquelme que reaccionarían sus compañeros ante esta súbita decisión?

Pocos jugadores ejercen un magnetismo en el juego como Riquelme. Por posición y estilo, los futbolistas de esta especie se convierten indefectiblemente en el engranaje principal del equipo. ¿Cómo Riquelme, sabiéndose líder y conductor de Boca, no supuso que las filtraciones y chismeríos (generados por su decisión) podrían ser contraproducentes a la hora de disputarse un partido definitorio? ¿Por qué se arriesgó a quedar en el centro de la tormenta?

Al finalizar el juego y consumada la derrota de Boca, sus palabras de hábil declarante no develaron los misterios de esta decisión. A partir de ellas y de comentarios de terceros, surgieron especulaciones más o menos verosímiles, pero ninguna certeza. Sólo él conoce las causas de una determinación que no se condice con la presión ejercida hace dos años para obtener un contrato prolongado que le permitiera retirarse jugando en Boca.

Los manejos de Román son indescifrables, sus decisiones son un misterio. Ya han pasado varios días de aquella determinación y se pueden imaginar, suponer o inferir diversas cuestiones relacionadas al tema pero sólo el tiempo develará (de forma precisa) aquello que lo inclinó a obrar de forma tan inesperada. Sin nada resuelto, ni siquiera su desvinculación, habrá que sentarse a observar como Román sigue manejando los tiempos.