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12/08/2017

Un receso demasiado largo como para jugar bien

San Lorenzo pasó a Emelec en la angustia de los penales. / Fotobaires

River, San Lorenzo y Lanús avanzaron con angustia y se quejaron por el parate, que atentó contra su nivel de juego. La diferencia con otros países.

Sonó a excusa, es cierto. Pero también es un dato real, incontrastable. Después del partido contra Emelec, en el que San Lorenzo pasó sufriendo y por penales, el técnico Diego Aguirre trató de darle un marco teórico a su mala práctica futbolística: “Los dos peores partidos fueron contra Flamengo y éste. Y los dos, luego de parates muy largos”, argumentó el entrenador uruguayo.

Recesos hay en todos los países. Pero en Argentina, al menos este año, los recesos fueron los más largos del mundo. Y mientras las temporadas en el resto de Sudamérica empezaron hace tres y cuatro semanas, los equipos locales recién la están empezando. Esa diferencia, al menos en cuanto al juego, se evidenció esta semana: los tres argentinos que participaron en la Copa Libertadores –River, San Lorenzo y Lanús– jugaron mal. Muy mal.  Y si lograron avanzar fue, en buena medida, por los buenos resultados que habían obtenido como visitantes.

El equipo de Marcelo Gallardo estuvo lejos de su nivel, y apenas pudo empatar en el Monumental contra Guaraní, que debutó en el Clausura paraguayo el 23 de julio, siete días después de que el plantel de River volviera de sus vacaciones. El miércoles, el gol del empate de Javier Pinola –Alario reconoció que él no había tocado la pelota– sirvió como una condensación de lo que había mostrado River esa noche: choques, enredos y desprolijidades. Al final, todo terminó en un festejo medido. “Después del parate tuvimos que jugar un partido importante, directamente arrancamos con algo muy exigente contra un equipo que viene jugando y nos costó”, remarcó Gallardo, que intentó llevar algo de calma con una promesa casi de campaña: lo que viene, dijo, será mucho mejor. Algo que, en definitiva, es probable: siempre los primeros partidos de temporada son difíciles. Los refuerzos todavía no están adaptados al sistema táctico, y el juego entre los que estaban y los que llegaron tarda en perfeccionarse. Bien lo sabrá Germán Lux, el nuevo arquero de River, que no jugaba oficialmente desde mayo, cuando con La Coruña enfrentó a Villarreal por la penúltima fecha de la Liga española.

Quizás sin saber lo que había dicho su entrenador casi al mismo momento que el hablaba, Nicolás Blandi, el jueves por la noche, se quejó de la organización del fútbol argentino. “Tiene que organizarse mejor. Porque no es lo mismo jugar una final, porque estas series definitorias son eso, sin competencia oficial tanto tiempo, lo que da ritmo de juego a los equipos”, argumentó. Emelec jugó la primera fecha del Clausura de Ecuador el domingo 16 de julio. San Lorenzo arrancó su pretemporada un día después. Ese desfasaje se notó el jueves en el Nuevo Gasómetro. Navarro, en los penales, se encargó de suavizarlo.

Lanús fue, acaso, el que menos sufrió. Y si sufrió no fue por su juego sino porque no pudo cerrar la serie ante The Strongest hasta el final del segundo partido. La explicación que lo diferencia de River o San Lorenzo quizás pueda encontrarse al repasar los nombres del plantel de la temporada que terminó y la que está comenzando: el Grana se desprendió de cinco jugadores y trajo cuatro refuerzos. Bastante poco para la marea de bajas y altas que implican todos los recesos en el fútbol argentino. Su presidente, Nicolás Russo, lo dijo varias veces en julio y agosto: “El mejor refuerzo es mantener el plantel”. El tiempo dirá si esa frase es la receta para alcanzar la felicidad.

(*) Esta nota fue publicada en el Diario PERFIL.

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