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15/11/2015

Un error, un gol y la pena de una madre

Ceballos, otra vez en el ojo de la tormenta por un fallo en All Boys-Los Andes. // Cedoc

A partir del penal que Diego cobró a favor de Boca, la vida de Esther Ceballos se convirtió en un calvario. La llaman para insultarla. “Hace diez días que no puedo dormir”, confiesa.

Llamar por teléfono a la mamá de Diego Ceballos es un desafío a su confianza. Esther atiende con la guardia alta, como si el insulto o la amenaza fueran inevitables. Pone el tono de voz alto y el “¿quién habla?” suena desafiante.

Es lógico: durante una semana seguida escuchó, del otro lado de su celular, cualquier tipo de “barbaridades”, como ella define.

Su hijo, el árbitro que con sus errores permitió que Boca le ganara a Rosario Central la final de la Copa Argentina, le regaló un teléfono móvil para el Día de la Madre. Y como lo había puesto a su nombre, minutos después de aquel partido los hinchas rosarinos empezaron a descargar su furia vía llamadas y mensajes de voz. El destinatario, en realidad, era Ceballos, pero ella lo sufría en directo.

Recién ahora, diez días después de la noche en que cambió todo, Esther comenzó a retomar una vida más o menos normal. Las llamadas son más esporádicas y los programas de televisión y radio ya no le dedican a su hijo editoriales incendiarias.

—¿Qué fue lo peor que le dijeron?
—Recibí llamadas indescriptibles. Tremendas. A mi nuera le pasó lo mismo. Tengo demasiada angustia. Hace diez días que no puedo dormir de noche; me duermo cuando el sueño me vence, pero al rato me despierto y me pregunto: “¿Es todo un sueño? ¡Esto no puede ser verdad!”. Es una pesadilla. Pero una pesadilla literal.

Esther tiene un pequeño negocio en el Microcentro porteño. La gente que lo frecuenta, y que sabe que ella es la mamá del árbitro más insultado de los últimos años, se compadeció y le tendió una mano. “Saben que somos gente de trabajo, conocen a Diego desde chiquito. Todo lo que logró lo hizo con esfuerzo, no tiene ni tuvo padrinos. Fue todo por mérito propio”, cuenta.

—¿Cómo es su vida después de aquella final?
—Nunca imaginé que podía pasarme esto, vivir lo que estoy viviendo. Es muy difícil. Me da miedo salir a la calle, pero tengo que seguir porque tengo un trabajo y una vida.

—¿Vio a su hijo en estos días?
—El domingo estuve cenando con él. Está muy angustiado, pero toda su familia y yo lo estamos acompañando para que pueda salir adelante.

Antes del terremoto personal que desencadenó el penal que cobró Ceballos –un metro afuera del área–, Esther seguía día a día la carrera arbitral de su hijo. Estaba atenta a los partidos, pero también a lo que decían de él. Leía, escuchaba y miraba todo con atención. También se enojaba.

La devolución llegaba cuando se juntaban a comer, en una de las cenas de familia con sus nietos. Ahí, por lo general, le preguntaba a su hijo por qué lo trataba tan mal Mariano Closs. La respuesta, por lo general, era persuasiva. “Mami, no mires nada, ¿no te das cuenta de que te hace mal?”, le sugería Ceballos.

—¿Cómo tomó todo lo que se dijo de su hijo tras los errores en el Central-Boca?
—Creo que hay periodistas que realmente no tendrían que tener un micrófono. Son terroristas más que periodistas. No pueden haber denigrado así a mi hijo, no pueden haber dicho las cosas que dijeron: que era un ladrón, que era una persona muy oscura, que ojalá no dirigiera más.

—¿Por quién lo dice?
—Marconi, por ejemplo, que me parece de lo peor. A la gente de su gremio la defiende a muerte, pero los del otro gremio para él son ineptos que no sirven para nada. Me pareció desagradable. Es una persona que sólo intenta llevar agua para su molino. Me dolió lo que dijo Fantino también. Y Elio Rossi, que en la transmisión de la Televisión Pública, en vez de apagar el incendio tiraba leña.

Esther, por supuesto, quiere que a su hijo le den otra oportunidad. Que tenga la posibilidad de redimirse. “Todos los que lo insultaron desgraciadamente no lo conocen”, remarca. Dice, también, que espera volver a disfrutar de un partido como antes de ese miércoles fatal.

—¿Siempre le gustó el fútbol?
—Honestamente, lo detestaba desde chica. En mi familia somos diez hermanos, tres mujeres y siete varones. Y en mi casa el fútbol era de lo único que se hablaba.

Teníamos un solo televisor y estaba ocupado constantemente con algún partido. Ya de grande, y a partir de la profesión que eligió mi hijo, me interesé nuevamente. Y ahora soy una apasionada.

Roja al árbitro. Suspendido en AFA “por tiempo indeterminado” y dado de baja como árbitro internacional, el futuro de Diego Ceballos aún es una incógnita.

“Va a volver a dirigir el año que viene en el Nacional B”, se animan a pronosticarle a este diario desde adentro de la AFA. El despido definitivo es otra opción, aunque especulan con que marcaría un precedente demasiado peligroso ante eventuales errores en partidos importantes.

Allí, en Viamonte 1366, comparan la situación de Ceballos con la de Andrés Merlos, el referí del escandaloso partido entre Lanús y Arsenal, suspendido por adicionar inexplicablemente diez minutos, tiempo necesario para que el local diera vuelta el resultado. Después de aquel bochorno, Merlos fue sancionado por tiempo indeterminado pero volvió a dirigir. Tuvo que esperar 148 días.

(*) Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil.

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