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17/08/2016

«Este Juego Olímpico fue un gustito que me pude dar»

Manu no pudo evitar la emoción ante tanto cariño y respeto, incluso por parte de los jugadores del Dream Team. // AFP.

Manu Ginóbili vivió sus últimos minutos con la camiseta de la Selección con mucha emoción: «Un poco me quebré, es inolvidable». Sus sensaciones.

No se lo hicieron fácil. Lejos de eso. Ni el rival, que dejó en claro que no estaba preparado para otro golpe de Argentina en un Juego Olímpico. Ni Sergio Hernández, que lo puso y lo sacó en el último minuto para que la gente lo despidiera como se lo merecía. Ni los hinchas argentinos que coparon el Arena Carioca para rendirle homenaje al mejor basquetbolista que tuvo la historia de nuestro país. Para Emanuel Ginóbili, la última vez con la camiseta de la selección ya está guardada entre los recuerdos más valiosos de su carrera.

No fue un día más. Era obvio. Y el bahiense contó que sensaciones tuvo a lo largo de un día especial: «Era un partido importante. Eran los cuartos de final de unos Juegos Olímpicos. Hice la misma rutina, pero por momentitos uno ya sabe que no es un día más. Hoy a la mañana fue el entrenamiento, estaba en la cabeza que hoy posiblemente era el último partido y vienen a la mente muchas cosas. No me afectó tanto a la rutina, por momento lo charlamos con el Chapu, que es mi compañero de habitación. Pero todo se vino abajo en el último minuto, cuando uno quería pasar desapercibido, irse con la cabeza gacha al vestuario y todo conspira en contra tuya para que no suceda».

El partido ya estaba definido hace rato. Estados Unidos, por primera vez en lo que va del torneo, demostró porque hace 10 años que no pierde un partido. Pero los detalles hicieron que para el 5 eterno de la Selección el final no fuese uno más: «Primero el Oveja me dice que me va a poner de nuevo, y después me saca para el aplauso. Después alguien aparece de no se donde (un hombre de la FIBA), me dio la pelota y me hizo volver a la cancha con la gente y mis compañeros. Hicieron que sea un momento muy emotivo. El afecto de la gente y fue imposible contener la cordura y la serenidad. Un poco me quebré«.

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En quince años de proeza tras proeza las anécdotas llueven por todos lados. Lo desbordan.  «¿Recuerdos? Un poco eso. Otro poco saber que un ciclo termina. El tipo que va por última vez al trabajo de toda la vida es muy posible que le pase lo que me pasó a mí. A toda persona que concluye un ciclo especial en su vida, uno que le significó mucho, por el que resignó un montón de cosas, por el que gozó como nadie y sufrió como pocos, pasa a ser emotivo. Es inolvidable«.

El subcampeonato mundial en Indianapolis 2002, el oro en Atenas, el bronce en Beijing. Mil historias. Mil vivencias. Empezó como un proyecto de crack y se va, luego de una quincena de años,  como uno de los mejores de la historia.

Difícil que le haya quedado algo en el tintero al ganador: «No faltó nada. Por ahí, si no hubiésemos ganado algo groso te diría que sí. Pero esa espina nos la sacamos hace un montón de tiempo e igual seguimos compitiendo como si nunca lo hubiésemos hecho. No me quedo nada. Tengo la enorme fortuna de decir que a los 39 años de jugar un Juego Olímpico. No vine de adorno, espero haber contribuido, hicimos un buen papel. Clasificamos a los cuartos, donde lamentablemente nos tocó el mejor equipo del torneo y no pudimos pasar. Así y todo soy un tipo muy afortunado».

Muchos elevan a esta Generación Dorada al pedestal más alto de la historia del deporte argentino. Manu opinó: «No me corresponde hablar de mi. Yo sé que posiblemente hayamos marcado una época. Fueron 15 años, es muchísimo tiempo con casi los mismos jugadores. Eso no pasa muy habitualmente. Se ganó un oro olímpico, impensado en la historia de nuestro deporte. Generamos un impacto. No importa si somos el mejor, el segundo o el tercero. La gente se siente identificada con lo que hacemos, nos alienta, nos quiere y eso es muy valioso. Eso es mucho más valioso que el título en sí».

El Chapu Nocioni también se despidió de la Selección. Para el 20 de los Spurs tuvo un sabor distinto haber llegado a Río con sus compañeros de tantos años: «Obviamente tiene un valor distinto. Si por ahí fuese yo con 11 chicos de 23 años, si hubiese sido impactante, pero el hecho de jugar con Luifa y con Chapu desde hace 17 años juntos, con el Cabeza hace 14. Al mismo tiempo pensás en todos los que no están. Fabri (Oberto) hoy nos hizo las notas, Pepe (Sánchez) comentando, los demás mirándolo por ahí desde su casa. Mi vida está entera con la Selección. Quizás algún que otro año sin jugar, pero un montón de historia que no se van a olvidar por más que me retire. Si me junto con Gabi Fernández, como me pasó hace un mes, y surgen historias, nos cagamos de risa. Y así será con Luifa, Pepe, Puma, Pala, con quien toque. Vivimos cosas muy impactantes y yo por lo menos me siento orgulloso».

El retiro ‘estaba bastante digerido’ porque el próximo Mundial será en tres años y Manu tendrá 42 abriles. «Lo mismo dije después de Londres, pero ahora es definitivamente otra cosa. Saben que el JJ.OO es especial, que quería vivirlo de nuevo, y que si llegaba en condiciones físicas y mentales de poder seguir disfrutando del deporte lo iba a hacer. Lo pude hacer. Es un gustito que me pude dar a esta edad». El gusto se lo dio la selección. Que disfrutó de su magia y vivió el momento más importante de su historia.

(*) Enviado especial desde Río.

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