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10/06/2018

Oh shit, o el optimismo

Saint Paoli. Dijo y se desdijo, puso y sacó, decidió y cambió. Pasó de todo. //AP

Lo más sensato sería esperar lo peor: espantosa previa del Mundial, Messi más mágico que lógico y el sufrimiento como método.

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‒Todo hecho está encadenado en el mejor de los mundos posibles; pues si no te echaban del castillo, si no te entregaban a la Inquisición, si no lo perdías todo, hoy no regarías tus repollos, ni comerías esta mermelada de cidra y pistacho, Cándido.

‒Bien dicho Pangloss, pero ahora lo importante es dedicarnos a cultivar nuestra propia huerta.

Voltaire (1694-1778);  de “Cándido o el optimismo” (1759); capítulo XXX: Conclusión.

Pocos reconocerían el rostro del ingeniero aeroespacial Edward A. Murphy Jr., pero seguramente todos conocen la ley que, con su nombre, se ha hecho célebre en todo el mundo. El principio empírico que enuncia la Ley de Murphy, palabras más, palabras menos, es el siguiente: “Si algo puede salir mal, saldrá mal”. No lo duden.

Las tostadas caerán al piso del lado de la mermelada, la fila elegida para ser atendido será siempre la más lenta; cuando haya que anotar algo urgente en un papel no habrá lapicera, si hay lapicera, faltará papel, y si conseguimos ambas cosas, se acabará la tinta. Así, hasta el infinito.

La sinuosa historia de esta Selección que hace un año dirige Saint Paoli es un largo compendio de errores, idas y vueltas, certezas, cambios, nuevas certezas, más cambios. En un estilo telegráfico, sinuoso, se podría relatar, sin repetir y sin soplar, todas las calamidades que han protagonizado el cuerpo técnico y la dirigencia de la AFA. Una nueva Armada Brancaleone. La II.

Aclaración necesaria: la Armada Brancaleone original, esa desopilante gesta maradoniana en marcha hacia Tierra Santa sudafricana para rescatar nuestro Santo Grial, fue una saga tragicómica que desbordaba pasión insensata y creatividad, algo incomparable con esta versión de segunda marca, gris, carente de toda épica.

Eso sí, pasó de todo. Nos lo recuerda una voz en off susurrada en la alta noche. La grabación me llegó por mail. Podría ser el mismísimo Saint Paoli.

“Yo quería defender con línea de tres pero ellos ni ahí, mejor hacemos línea de 4, sí; Icardi es mi 9, no Higuain, Dybala es top, aunque acá no da la talla, qué cosa, mejor lo saco, aunque pensándolo bien lo llamo, por las dudas, hay que recuperar la alegría de Guayaquil, cuando nos clasificamos, qué fiesta, lo feliz que hicimos a esos chicos de dientes como teclas de piano, Lautaro es crack y Centurión una fiera; lo pongo a Bustos, lo saco a Bustos; lástima: a Lautaro le falta un segundito más, no puedo llevarlo; a Centurión sí, pero después de esa foto en lo de Benedetto no, no quiero líos, pruebo con Meza, la figura en el 1-6 con España; Agüero está bien, pero sin esa explosión suya, qué pena, sin Icardi, juega Higuain; si se lesionó Romero, chau Romero, por más que patalee su mujer, lo llamo a Guzmán, no me importa lo que haya dibujado su papá, Armani parece Fillol, pero hoy mi arquero es Willy, creo, ¿hay que devolver el manual para levantar rusas?, acá lo importante es haber descubierto a Lo Celso, el socio ideal para enganchar con Messi, aunque ahora lo veo bajo, no sé qué le pasa, Meza trabaja muy bien por ahí; Biglia es mi pollo, pero Mascherano corre como un pibe y Messi le tiene una fe ciega, va a ser el 5; Fazio fue papá, fue, vino, no lo veo tan firme; a Rojo sí, que además de 6 es 3, Mercado es más 2 que 4 y puede competir con Otamendi, total de 4 puede jugar Salvio, aunque si nos atacan, agarrate; y jacuzzi Ansaldi, ¿el Papa?, ¡no, qué Papa!, hay que prepararse para jugar en Jerusalén, ¿qué pasa? ¿por qué no quieren ir?, uh, ¿en serio? ¿vamos igual? ¿quién dijo?, ah, pero si Messi no va, no va nadie, ¿ya se gastaron el cachet?, mirá vos, no jugamos pero estamos bien, lo tenemos a Messi y a… zas, se rompió Lanzini, llamo a Enzo Pérez; ¿cuánto falta para el debut?, ¿y si pruebo con otro esquema?, no sé, igual la idea está, está”.

La Ley de Murphy sería implacable. Diría que el equipo tendrá la pelota y atacará, hasta que un rival cualquiera salga de contrataque y lo emboque. El resto del trabajo lo harán la desesperación, los nervios, la impotencia. Otra vez sopa.

Lo más sensato sería esperar lo peor. Coincido, aunque no del todo. Porque el abismal caos nativo, con tres técnicos en cuatro años y la amenaza de un juicio millonario de Israel por el caso Jerusalén, tiene una única esperanza: Messi, siempre más mágico que lógico.  

Si El tiene Voluntad schopenahueriana, podrá eludir todas las defensas y al iceberg del Titanic o el FMI, para salvar una previa mundialista diseñada por el enemigo. No es algo imposible. Ya sucedió en 1986, con Maradona y un equipo que llegó sediento a México, y después se bebió de un trago la mar.

No soy optimista, y menos con las noticias que nos abofetean día a día en este país. Un pesimista, dicen, es un optimista con información. Les juro que es así.

El gran Voltaire escribió Cándido, o el optimismo, para satirizar las ideas del filósofo y matemático Gottfried Leibniz, que afirmaba: “Todo ha sido creado por un fin que, necesariamente, es el mejor fin” o “El buen Dios solo nos daría el mejor de los mundos posibles”.

El profesor Pangloss, amigo y consejero de Cándido, el protagonista, es un fundamentalista del optimismo leibniziano. Para él las cosas siempre están bien, aun en el profundo dolor. Lo explica así: “Sufrir es indispensable, pues las desgracias particulares contribuyen al bien general, de manera que, a más desgracias particulares, mejor va todo”. Ah. Lindo para llevarlo a un centro de jubilados.

Optimistas ciegos, perversos, masoquistas, ingenuos de buenas intenciones, tontos de manual. En este manicomio con fronteras llamado Argentina hay demasiados Pangloss con poder y pocos mágicos.

Como nuestro geniecillo, la única esperanza, el chico que habla como si nunca se hubiese ido de Arroyo Seco, un día, para encantar al mundo desde la ciudad condal de Dalí o Miró, unos colegas del barrio.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil.

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