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05/08/2018

El remisero prodigioso

Chiqui Tapia y Angelici. Todo está guardado en las libretas. Del chofer, claro. //CEDOC

Un chofer con acceso al poder cuenta los secretos de la interna en AFA. La puja entre Daniel Angelici y Chiqui Tapia, contada por un testigo clave.

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Pero ¿qué es lo que usted dice, titiritero del demonio? Que tenía mucha razón su marido de usted. Esas historietas son pura mentira, fantasías. Naturalmente, señor mío. Parece que me toma por tonta de capirote. Pero no me negará son historietas que impresionan.

Federico García Lorca (1898-1936); de “La zapatera prodigiosa” (1930); el Zapatero, disfrazado como un titiritero, conversa con su mujer, la Zapatera.

Ya es hora de que ruede la pelotita, muchachos. Porque ya resulta intolerable tantas horas al aire discutiendo trivialidades, boberías de salón. Cupos de extranjeros, lesionados, la AFA bostera; Racing, que se queja por el fixture cargado de viajes que River, su rival en la copa, no tendrá; y esas furiosas polémicas sobre la segura crisis que estallará en el vestuario de Boca con dos personalidades tan narcisistas como Tevez y Mauro Zárate. Para colmo, Maurito le pone cara fea a cualquiera que no le deje patear un tiro libre al arco.

Relleno. Hoy, lo que al menos a mí más me interesa es la lucha de poder en AFA. La continuación de la guerra president McCree-don Hugo por otros medios, diría Clausewitz, el teórico prusiano.

—¿Señor Asch? El remís.

—Yo no pedí auto. ¿Quién lo llamó?

—Ehm, la verdad, quería verlo. Tengo alguna información que podría interesarle.

Era un hombre morocho, canoso, campera azul, pantalones como tubos,  zapatillas negras, entre 50 y 60 años. Pidió permiso y se sentó. Yo esperaba alguna queja contra Uber, algo así. Me sorprendió.

—Sé todo sobre la guerra Angel EasyChiqui Wall de Moyano.

—¿Todo?

—Todo. Estuve ahí. Soy chofer.

—No me joda.

—No tienen secretos para mí. Después de cada reunión de mesa chica, anoto todo en una libreta de referí.

—¿Tan chiquita?

—Hago la letra muy chica para ganar espacio.

—Herzog, el director alemán, escribió así el diario de rodaje de Fitzcarraldo. Hizo un libro con eso.

—Ah, admito una gran influencia de Herzog en mi obra. También los poetas malditos, Artaud, Lautremont. Mire, lo que quiero es hacer un taller de escritura con usted, a ver si mejoro mi estilo. Tengo tres propuestas de libros.

—¡Tres! Bueh, dígame qué sabe.

—Le leo: “El miércoles 1° de agosto fue un día frío por la mañana pero con sol, con una temperatura de 9 grados y en aumento. Recogí en su casa al señor Angel Easy con mi Audi 2.0 TFSI 252 Stronic, Quattro V2 y lo trasladé en 17 minutos y 27 segundos hasta el Hotel NH, donde se reunió con el señor Chiqui.

—¿No puede ir al grano? No me dijo su nombre.

—Me llamo Eleuterio Sémola.

—Y usted, Sémola, dice ser el chofer de Angel Easy.

—También. Pero no me distraiga. El doctor Angel Easy sonaba molesto mientras hablaba por su celular personal, número 155…

—¡Eh, no lo diga! ¿Quiere que me haga juicio?

—Le advierto que no le hace gracia que lo llame Angel Easy y que lo presente como presidente de Defensores de Macri. Usted manéjelo, yo le digo, nomás.

—Vamos Sémola, que se me duermen los lectores.

—Angel Easy estaba cabrerísimo. “Ese gordo se corta solo. ¿Quién se cree que es? ¡Si está ahí es porque nos convenía! ¿Cómo me va a dejar afuera con lo del predio en Marbella? Cree que la Selección es de él, igual que el Ascenso. Se siente fuerte con esos clubcitos que lo apoyan. ¡Vamos a ver dónde se mete cuando los inversores compren las mejores marcas y manden al amateurismo al resto!

—¡Oiga! ¿Tiene pruebas de eso?

—Obvio. Todo anotado. Incluso lo tranquilicé: “Mirá Danyel, después de la reunión les soplás a los periodistas que, cuando se vieron, vos le dijiste: “Si estamos peleados, yo no me enteré”. Cae bien. Como lo de Mascherano y Pavón. Decí también que le pusiste una mano sobre el hombro y le tiraste: “Yo te voy a bancar”. Parece un apoyo, pero lo que demuestra es que el que manda ahí sos vos”. ¡No sabe cómo me agradeció, Asch!

—Esto es muy bizarro Sémola.

—¿En qué país vive? Sigo. En la reunión el clima estaba espeso. El Tano quería nombrar un mánager para la Selección. Me guiñó un ojo cuando lo dijo. Yo tenía su lista: Sabella, Verón, Pekerman, Ruggeri, Zanetti… Pero el gordo no quería saber nada. “Ni loco voy a aceptar a uno que digite todo con vos. Quiero un técnico fuerte y a una comisión de notables”.

—¿Qué técnicos quieren?

—Ah, esa parte fue genial, parecía un truco. “¡Sabella mánager!”, cantaba el tano. “Tocalli coordinador de Juveniles!”, retrucaba el gordo. “¡Almirón entrenador!”, jugaba el tano. “¡A mí no me da órdenes McCree, ¡Pochettino o Pekerman!”, respondía Chiqui. No hubo acuerdo. Se miraron mal y pensaron lo mismo: “¡Ma sí!, que no haya técnico hasta el año que viene. ¡Que dirija el Payaso Plin Plin!”.

—¿Y quién es el Payaso Plin Plin?

—Scaloni, que tiene contrato, con Aimar. Buenos pibes. Tal vez dirijan la Copa América.

—¿Usted bebe, Sémola?

—No sea necio. Soy testigo. ¿Sabe lo que fue la negociación con Sampaoli? Anoté todo. Buena plata, eh. Entró todo en dos bolsos y una mochila, eran  billetes chicos. Lo llevé, y lo ayudé a contar.

—Estamos tocando fondo, Sémola.

—No se ponga así, Asch. ¡Ah, falta que le cuente el regreso con el gordo! ¡Qué calentura tenía!

—¿Lo llevó a Chiqui?

—Sí. Me decía: “¡Minga, me va a voltear la reforma de la B Nacional! Vamos a pedir más plata y lo haremos a nuestro modo. ¿Cómo pueden reunirse los clubes de la Superliga sin mí? Este tano los quiere de nuevo a Tinelli y D’Onofrio para limpiarme. ¡Que diga lo que quiera, pero el presidente soy yo!”, se enfurecía. “¡Ya lo quiero ver, en un año y medio, cuando pierdan!”, se refregaba las manos.

Sémola sacó una pila de libretas. Me dijo que podía quedármelas y hacer fotocopias. Le agradecí el gesto, pero no las acepté.

Esta tarde me toca ir a mi peluquero Nilo, que sabe t-o-d-o sobre esta interna en AFA, más tema de los aportantes truchos de Cambiemos y la estafa tarifaria. Para Nilo, el poder no tiene secretos.

Los periodistas serios, compatriotas, debemos cuidar a nuestras fuentes más confiables.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil.

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