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23/12/2018

Abusos: el deporte también tiene algo que decir

El caso Darthés impulsó una avalancha de denuncias de chicas que practican distintas disciplinas. Mujeres que conviven con el miedo. //CEDOC

El caso Darthés impulsó una avalancha de denuncias de chicas que practican distintas disciplinas. Mujeres que conviven con el miedo.

A Ludmila Martínez le costó casi una década hablar sobre lo que sufrió en el club Los Andes de Munro, cuando tenía nueve años y recién empezaba a jugar al fútbol. Uno de los entrenadores de ese club, Eduardo Michelli, abusó de ella y de otras chicas en distintos años y en distintos momentos. Ludmila dice que son al menos siete las que padecieron esas situaciones, y que a raíz de la denuncia de la actriz Thelma Fardin a Juan Darthés pudieron agruparse y expulsar lo que durante mucho tiempo ocultaron, incluso a sus familiares y gente más cercana.

El jueves 13 de diciembre, Ludmila subió a su cuenta de Instagram un video en el que contaba lo que había sufrido nueve años atrás. Fue la manera que encontró para sacarse el peso de días, semanas, meses y años de un silencio doloroso. Lo contó dos días después de que la red Actrices Argentinas denunciara públicamente a Darthés, y que en todo el país se desatara una avalancha de denuncias por acoso o abuso sexual.

“Thelma me motivó. Fue una parte muy importante. Cuando ella subió el video, pensé que podía hacer lo mismo para contar lo que había vivido”, le dice a PERFIL Ludmila, futbolista de River (futsal), de Platense (cancha de once) y recientemente convocada a la selección argentina de futsal. El fútbol, quizás el más machista de los deportes, un ámbito en el que están naturalizadas las distintas formas de violencia hacia las mujeres, activó sus resortes de contención: Ludmila asegura que compañeras, técnicos y dirigentes de sus dos clubes, y el entrenador de futsal de la Selección, se comunicaron con ella y se pusieron a su disposición.

Pero los casos de abusos que empezaron a circular en estos días no se circunscriben solo al fútbol. Si la violencia machista atraviesa generaciones, clases sociales y espacios laborales, por supuesto que también atraviesa las distintas disciplinas deportivas. La gimnasta Karina Oliveira contó que su entrenador abusaba de ella entre sus 14 y 16 años, cuando aspiraba a competir en los Juegos Olímpicos de Barcelona, algo que finalmente no sucedió por una serie de problemas físicos. Veintiséis años después de aquellos hechos, Oliveira se animó a denunciarlo. “No dije nada. No era como es ahora. No sabía hasta dónde yo era responsable. Sentía que si yo era parte de eso, lo estaba permitiendo”, dijo en el canal TN.

La gimnasia es uno de los deportes más vulnerados por esta problemática, y tiene como víctimas no solo a las mujeres. En marzo de este año, durante un asado organizado por la Confederación Argentina de Gimnasia, un ex atleta se quebró y contó que había sido abusado en los 90 por un actual entrenador de las selecciones nacionales. La confesión generó un sismo interno que llegó hasta el presidente del Comité Olímpico Argentino, Gerardo Werthein, quien realizó una presentación judicial, además de darle de baja la beca económica que tenía el denunciado. El nombre de ese entrenador nunca se hizo público.

Pasado y presente. Lo que más preocupa a Ludmila Martínez es que el entrenador que abusó de ella hace nueve años sigue ejerciendo su oficio en la actualidad. De hecho, el grupo de siete mujeres que sufrieron los mismos tormentos por parte de él es de diferentes épocas. Hay dos chicas que son menores de edad. “Quiero que deje de dar clases porque puede pasar en cualquier momento lo que me hizo a mí. Hay chicas que también fueron abusadas hace mucho menos, tres o cuatro años”, precisa.

Ludmila realizó la denuncia en la Fiscalía de Vicente López. Lo hizo asesorada por una abogada, aunque con pocas expectativas. “Judicialmente, no sé si se puede hacer mucho. Pasaron nueve años”, reconoce. Katerina hará lo mismo mañana lunes. Ella se entrenó en Los Andes de Munro durante diez años: desde los 8 hasta los 18. Pero la parte más oscura en esa década ocurrió cuando tenía 12. Michelli, que acostumbraba a darles golosinas a las pequeñas futbolistas, le dijo que se le habían terminado y le pidió que lo acompañara a buscar más al cuarto donde guardaba las pelotas. Era una trampa.

“Me empezó a tocar. Las tetas y las partes íntimas por encima de la ropa”, le relata a PERFIL Katerina. Los abusos continuaron durante algunos meses. Hasta que Katerina pudo salir de esa espiral de violencia. Ahora, con 20 años, recuerda eso con timidez, pero con la convicción de que hacerlo público es la manera de desterrar los monstruos.

Mi hermanita también entrenaba en Los Andes. Ella una vez me dijo que el entrenador le pedía abrazos. Por suerte, yo le decía que se alejara, que no le hiciera ningún favor de los que él pedía”, dice ahora Katerina, futbolista de la UBA.

Peligro latente. El miedo a volver a sufrir los acosos o abusos del pasado es algo que une a los distintos casos que existen en el deporte y en otros ámbitos. En estos días, por esta razón, volvió a estar en la escena mediática la situación de Pablo Oscar Fernández Garaygorta, el ex prepador físico de Las Leoncitas, detenido por presunto abuso sexual de una jugadora menor de edad. La defensa de Garaygorta pidió el último lunes su excarcelación, amparada en un informe de una trabajadora social que recibió el aval de autoridades del Cenard y del actual DT de Las Leonas, Carlos “Chapa” Retegui.

Garaygorta podría volver a preparar físicamente a equipos de mujeres mientras espera el juicio, algo que genera dudas y temores entre las deportistas y entre los familiares. Lo dejó en claro Sofía Caravelos, la abogada de la ex leoncita, hoy mayor de edad, en una entrevista que le hizo la agencia Noticias Argentinas. “Lo único que queremos es que se haga justicia, sea culpable o no. Pero si tengo un hijo que va al Cenard y está con alguien que espera un juicio por abuso, como madre no estaría tranquila”.

La intranquilidad, algo frecuente en este tiempo, al menos ahora se combate como un corpus colectivo cada vez más grande y cada vez más sólido. Ya lo había anticipado Eduardo Galeano: “El miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”. Eso, en el deporte y en tantos otros ámbitos, ya es una realidad.


A la espera del juicio

La causa por los abusos sexuales en el club Independiente entró en la recta final y se espera que en febrero sea elevada a juicio. De los seis acusados que tiene el expediente, tres recuperaron la libertad, aunque siguen vinculados a la causa. La Cámara de Apelaciones les bajó la acusación y por eso lograron su excarcelación.

La investigación comenzó en marzo pasado, tras una denuncia de un futbolista de las inferiores que residía en la pensión del club. La Unidad Funcional de Instrucción (UFI) Nº 4 de Avellaneda, a cargo de la fiscal María Soledad Garibaldi, se hizo cargo de la causa y determinó que existía una “red de explotación sexual y pedofilia”.

Seis meses después, la Sala I de la Cámara de Apelaciones de Lomas de Zamora dio lugar al pedido de las defensas de tres de los acusados y ordenó la libertad del árbitro Martín Bustos, el relacionista público Leonardo Cohen Arazi y el representante de futbolistas Alberto Ponte, que habían sido procesados y dictada su prisión preventiva por “abuso sexual ultrajante y corrupción de menores con agravantes”.

Los camaristas determinaron que “no están acreditados los abusos” y cambiaron la carátula a “corrupción de menores”, por lo que el mínimo de la pena pasó de cinco años de prisión a tres, lo que es excarcelable. Los acusados recuperaron la libertad pero siguen imputados en la causa. Dos veces a la semana deberán presentarse ante la Justicia.

Mientras que el estudiante Silvio Fleytas, el administrador de consorcios Alejandro Dal Cin y el organizador de torneos de fútbol Juan Manuel Díaz Vallone continúan detenidos.

*Nadia Galán

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil.

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