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28/12/2018

El desprestigio de dirigir a la Selección Argentina

Jorge Sampaoli es el mejor ejemplo de cómo la Selección Argentina puede desprestigiar a un entrenador. // NA

Los mejores técnicos argentinos prefieren trabajar en sus clubes y los últimos que pasaron por Ezeiza se fueron peor de lo que llegaron.

Más allá de sus diferentes estilos e ideologías opuestas César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo tienen en común un lugar eterno en la historia del fútbol argentino por ser los únicos técnicos campeones del mundo con la Selección. Sin embargo, ese sitio tan deseado parece haber perdido su prestigio y mientras los entrenadores más reconocidos en la actualidad eligen otros desafíos, casi por descarte el cargo lo ocupa un hombre sin ninguna experiencia previa.

Y esta afirmación no es por caerle a Lionel Scaloni, ya que justamente por su falta de antecedentes es difícil y hasta injusto evaluarlo. Pero la sensación generalizada en el futbolero argentino es que después del Mundial de Rusia, la dirigencia de AFA, encabezada por Chiqui Tapia, pateó la pelota hacia adelante todo lo que pudo y se llenó la boca hablando de “proyecto a largo plazo” a la espera de una solución mágica y un nombre de peso que nunca llegó, y como los resultados de los seis amistosos intrascendentes fueron aceptables, Scaloni se convirtió en el mejor parche para este momento de recambio.

¿Pero por qué Diego Simeone, Marcelo Gallardo o Mauricio Pochettino no quieren dirigir la Selección Argentina? Las razones son varias: para empezar, lo que se paga en Europa es inalcanzable para la AFA. Por otro lado, muchos entrenadores se sienten más cómodos con el trabajo día a día con los futbolistas. Y en el caso del Muñeco, cuesta imaginarlo como DT luego de ser tan crítico con la actual gestión. Del Cholo siempre se rumoreó que no quiere convivir con Messi, más allá de ser siempre muy elogioso con él luego de tantas batallas en España, y esa versión coincide con su discurso de preferir un desafío de esa envergadura con una edad más avanzada.

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Un caso opuesto sería el de Jorge Sampaoli que sí resignó su paso exitoso por Europa (en Sevilla) para dirigir a la Selección argentina con la aprobación de gran parte del mundo futbolero y un año después dejó el cargo envuelto en críticas con una evidente falta de liderazgo y una imagen muy negativa en el público que trascendió lo futbolístico, que también fue muy malo en Rusia.

La suerte de sus antecesores no fue muy diferente: Gerardo Martino venía de dirigir al Barcelona y aunque su paso no fue muy exitoso en un club que apuesta a ganar todo y no lograrlo es un fracaso, los dos subcampeonatos en la Copa América y el ninguneo de los dirigentes para cederle los futbolistas a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro lo desgastaron enormemente y precipitaron su salida. Su carrera se reencontró con el éxito en la MLS de Estados Unidos donde además de bajar unas cuantas revoluciones y cobrar un suculento contrato se sacó las ganas de festejar un título con Atlanta United.

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Edgardo Bauza no llegó a la Selección por el clamor popular pero en un momento complejo para un fútbol argentino convulsionado y orientado por la Comisión Normalizadora que presidía Armando Pérez, al hombre lo avalaban sus éxitos y su seriedad. Sin embargo, su raid mediático prometiendo la Copa del Mundo, su propuesta poco vistosa y el cambio de mando en AFA le mostraron prematuramente la puerta de salida y del sueño de ganar un Mundial pasó a dirigir a las selecciones Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita en apenas unos pocos meses, y finalmente Rusia 2018 lo siguió por televisión.

Los ejemplos demuestran que dirigir a la Selección desgasta y a la larga si no se consiguen los resultados deseados desprestigia y ahuyenta a los mejores candidatos. Mientras tanto, los verdaderos amantes del fútbol seguimos esperando ese proyecto que le devuelva la identidad. Jugadores sobran y entrenadores también, pero el contexto no ayuda. Si no que le pregunten a Menotti y a Bilardo si hay algo más lindo que la gloria eterna.

(*) Redactor de 442.

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