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15/01/2019

Y un día volvió Menotti a la Selección

Menotti defendió a Sampaoli. / Rosario Plus

El equipo nacional parece estar en el mismo punto desde donde lo tomó hace ya casi 45 años. Regresa, pero con un cargo acorde a su edad.

Habrá que creerle al presidente de la AFA, Claudio Tapia, cuando argumenta que la idea de ofrecerle un puesto de conducción a César Menotti arrancó incluso antes del mundial de Rusia, el año pasado. También se puede aceptar que el Flaco siempre ha sido un hombre admirado por el actual mandamás del fútbol nacional y que cumple un sueño trayéndolo a un lugar elevado en la pirámide de conducción que tendrá la Selección Argentina.

Con 80 años cumplidos el pasado 22 de octubre, el rosarino está próximo a cumplir medio siglo como entrenador, ya que se estrenó en 1970 conduciendo a Newell’s Old Boys en el empate sin goles contra San Lorenzo por el viejo torneo Nacional. Enseguida llegó Huracán, el formidable trabajo que en 1973 lo llevaría a ganar el Metropolitano con un fútbol de alto vuelo y una línea delantera que se recuerda de memoria: Houseman, Brindisi, Avallay, Babington y Larrosa, más allá de las funciones de cada uno. Ganar, golear, gustar. Nunca mejor empleada la trilogía de verbos que generaban admiración y lo consiguieron.

El 12 de octubre de 1974 inició su camino en la Selección Argentina y construyó una nueva casa para el equipo nacional. De no querer jugar, de fingir lesiones y pedir que no los convocasen para no padecer el caos dirigencial y organizativo, los jugadores se peleaban para participar porque Menotti los seducía desde la palabra y desde la acción. El interior del país, largamente postergado por la AFA porteña, tuvo su lugar, su equipo y su consagración en la Copa del Mundo de 1978 y de 1982. Kempes, Ardiles, Valencia, Luis Galván, Gallego, todos provenían de equipos que no eran de la Capital Federal y demostraban el mismo o más talento que los porteños y suburbanos. Mérito de Menotti, que rescató cracks donde nadie los buscaba.

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Dejó la Selección en el inicio de 1983 y retomó su etapa como entrenador de equipos importantes desde Barcelona hasta Boca y River, pasando por Atlético de Madrid, Peñarol, Independiente y Rosario Central, sumándole a la Sampdoria italiana y al seleccionado de México.

Terminado el tiempo del trabajo de campo, quedaron sus ideas, sus opiniones desafiantes, su capacidad para explicar la médula del fútbol y sus diferencias con otros colegas, desde Carlos Bilardo para abajo. La admiración por el futbolista, el respeto que generó con un estilo y una línea de pensamiento lo hizo ser querido y odiado, pero nadie podrá discutir que desde su aparición en el asiento de entrenador la Argentina dio un cambio rotundo hacia la profesionalización.

Hoy, parece estar el equipo nacional y también la AFA, en el mismo punto desde donde la tomó Menotti hace casi 45 años. Volvió al combinado nacional, pero con un cargo acorde a su edad, que le permitirá trabajar en el diálogo y la persuasión de sus palabras que emocionaron a muchos jugadores y los llevaron a una fidelidad poco común en tantos años de trabajo. Rodeado de otros “managers” o “coordinadores” como Jorge Burruchaga y quizá José Pekerman, más el novel Lionel Scaloni, se supone que lo escucharán y aprenderán, aunque de la teoría a la práctica cueste llevar los conceptos.

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En fin, una buena decisión que será seguida con detenimiento. Capacidad le sobra al gran entrenador, que ha decidido cambiar la página y tentarse con un ofrecimiento seductor, que no lo someterá a una radiografía permanente desde el público y el periodismo, pero que le permitirá guiar, aconsejar, convencer. En un país donde todo se pone en duda, se desconfía de cada uno de los protagonistas de cualquier área y nadie parece estar avalado para tener un puesto así, Menotti corre con ventaja. Hizo mucho y ahora se le pide el último esfuerzo. Ha dicho que sí y cabe esperar lo mejor para construir certezas y líneas magistrales que se han perdido en el tiempo.

 

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