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05/08/2019

El básquet, la medalla y la no complicidad

Capitán y referente. Luis Scola un símbolo de la Selección. //@CABB

La historia de cómo la decisión de Luis Scola cambió la institucionalidad de un deporte. Símbolo y referente, dentro y fuera de la cancha.

“Si no juego el Mundial, será por culpa de una gestión horrenda y será una desilusión, porque hace quince años que estoy en la Selección Mayor. Acá la paso bien y me encanta estar pero la situación es mala y nosotros (los jugadores) lo único que podemos hacer es no ser cómplices”.

Se cumplieron cinco años de aquella declaración del capitán del seleccionado argentino de básquet, Luis Scola, donde ponía en duda su participación en el Mundial de España 2014. La profunda crisis institucional y económica que vivía la Confederación Argentina de Basquetbol (CABB) había llegado a un punto de no retorno. Sus palabras contundentes, no dejaron dudas. “¿Qué me importa si salimos campeones mundiales y en dos años la CABB se funde y nos desafilian de la FIBA? No serviría de nada ganar un Mundial”.

Un par de días después, algunos más convencidos que otros, lo acompañaron públicamente Ginóbili, Nocioni y el resto del equipo. Así se desató la cascada institucional de no retorno. El tiempo demostraría que, no aceptar ser cómplice, no es poco.

Unas semanas después de sus declaraciones, el Gobierno Nacional decidió la intervención de la Confederación Argentina de Básquetbol (CABB) por seis meses. El exbasquetbolista bahiense Federico Susbielles fue designado como interventor de la Confederación por Boletín Oficial para “regularizar la institución, conformar los órganos sociales y considerar promover las denuncias pertinentes en caso de presumir la existencia de defraudación o estafa a la entidad”.

Cumplido el lapso, fue votado por la mayoría de las federaciones y el dirigente se convirtió en el presidente de la Confederación Argentina de Básquetbol: apoyándose en los referentes de la Generación Dorada, rodeándose de gente capaz y desarrollando una política más descentralizada de contacto con las federaciones provinciales. En ese momento nació “el método CABB”.

El “método”, como dice su plataforma, es: “una herramienta transversal que queremos sugerir y proponer desde CABB, para poder entre todas las regiones del país ir en una misma dirección perfectible de desarrollo en el tiempo y es, seguramente en algunos temas motivo de debate, pero entendemos que nos permitirá direccionar la enseñanza en categorías formativas, establecerá una progresión de contenidos dentro de un mismo club o selecciones, nos ofrecerá guías técnicas, tácticas y físicas para cada edad, ordenará el calendario anual del joven y sobre todo concretará una planificación común en donde cada entrenador y preparador físico aportará su granito de arena al Colectivo”. Bajo la conducción de Silvio Santander, campos tan amplios como la psicología y la pedagogía, la nutrición y la biomecánica se cruzan en un manual y en acciones constantes, todas coordinadas en la procura de formar mejores basquetbolistas.

En la tarde del domingo en Lima (Perú), los fanáticos del básquetbol se agolparon en las afueras del Coliseo Eduardo Dibós. Sin distinción de nacionalidad, había clima de gran final. Muchos argentinos, cargados de expectativas, llegaron a pagar los 100 dólares que pedían en la reventa por una entrada y el seleccionado dirigido por el también bahiense Sergio Hernández no los defraudó: venció a Puerto Rico ( 84 a 66) y se subió a lo más alto del podio después de 24 años (en Mar del Plata 1995). No es una competencia top pero en este contexto de reconstrucción, el oro ha de servir para llegar de la mejor manera al próximo Mundial, que se jugará del 31 de agosto al 15 de septiembre en China.

Increíblemente, Luis Scola, con más de veinte años defendiendo los colores de la selección argentina, volvió a ser figura y el máximo anotador de la final. Rodeado de compañeros que estaban aprendiendo a caminar, cuando él ya se destacaba en la Liga Nacional, consiguió dejar los Juegos Panamericanos Lima 2019 con un rutilante debut y despedida dorado. Una medalla más para un hombre lleno de medallas. Una medalla dorada más para un basquetbolista que tiene como mayor logro deportivo un reconocimiento que no cuelga de su cuello ni es redondo.

Porque son muchos los atletas que ganaron una competencia y se colgaron una medalla. No son tantos pero son unos cuantos los que llegaron a los niveles más altos de la elite y alcanzaron un oro. Ahora, los que pueden decir que lograron, por compromiso y representatividad, trascender las fronteras que existe en el deporte entre dirigentes y deportistas, cambiando radicalmente su historia e institucionalidad, eso son muy pocos. En la Argentina, alcanzan para ser contados con los dedos de una mano.

Luis Scola, con su decisión inicial de no ser cómplice, le permitió al básquet transformar su realidad y modificar sus bases de desarrollo. ¿Cuántos deportista pueden colgarse esa “medalla”?

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