miércoles 21 de febrero del 2024
Opinión

El poder de una decisión: Caster, Annet y las mujeres trans en el atletismo

La decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Estrasburgo falló a favor del reclamo de la atleta sudafricana Caster Semenya y le dio una vuelta más a un asunto de difícil solución: la relación entre la testosterona y las deportistas consideradas mujeres.

Annet Negesa, nació en abril de 1992 en Igamba. una ciudad de Uganda, situada a unos cuantos kilómetros del santuario de las “Cataratas Ripon”: consideradas en el siglo pasado “Las fuentes del río Nilo” y hoy desaparecidas después de la construcción de la represa en Jinja que extendió los alcances del lago Victoria. 

En esos parajes de más de alrededor de 1200 metros de altura, Annet creció corriendo. Desde pequeña llamó la atención de los lugareños por su capacidad atlética y su condición física.

Ella se especializó en las competencias de medio fondo y no tardó demasiado en llamar la atención de las autoridades mundiales del atletismo.  Antes de cumplir 20 años, comenzaron los controles exhaustivos post competencias.

En el segundo semestre de 2011, cuando alcanzó las semifinales del XIII Campeonato Mundial de Atletismo en Daegu (Corea del Sur) le hicieron análisis completos de sangre y orina. Era una niña y se preguntaba:

"¿Por qué a mí? No veo a nadie más donar seis botellas de sangre como me están pidiendo".

Jamás le dieron una devolución sobre los análisis y ella siguió preparándose para los Juegos Olímpicos de año siguiente pero, un par de semanas antes, su mánager la llamó y le informó que estaba vetada. No podría asistir a Londres 2012. Los resultados de sus análisis daban cuenta de un nivel de hormonas masculinas superior al considerado normal.

Negesa desolada por la noticia y llena de confusión quería ser aceptada nuevamente. Los médicos de la IAAF (Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo)  le sugirieron que tomara la medicación para bajar la testosterona y si no era suficiente debería realizarle un procedimiento quirúrgico para que pudiera volver a competir. Un funcionario de la federación se le acercó discretamente y le advirtió que no hiciera un escándalo.

A fin de año, un delegado de la federación local la llevó al Women's Hospital International & Fertility Centre de Kampala, donde le realizarían "una simple operación". Se despertó con cicatrices en el abdomen. La habían sometido a una orquiectomía (extirpación de los testículos internos). Tras una dolorosa recuperación de meses, Negesa volvió a entrenar pero, como era de esperarse, nunca recuperó su forma física previa. En un par de años, perdió la beca universitaria y su representante desapareció. Su vida nunca volvió a ser igual.

La historia de Annet es similar en origen a la de Caster Semenya pero diametralmente opuesta en el final. Caster, al igual que Annet, tiene un cuadro de hiperandrogenismo: donde los niveles de hormonas sexuales masculinas están por encima del valor normativo en mujeres.

A diferencia de Annet, Caster se opuso a aceptar las regulaciones impuestas por la IAAF desde 2011 para reducir química y quirúrgicamente los niveles de testosterona. Su disputa legal con la World Athletics lleva más de un lustro y aún no está zanjada.

La base científica y legal detrás de estas regulaciones se sostiene en la ventaja competitiva indiscutible que proporciona la testosterona a las atletas de cierto tipo de pruebas. Si no fuese así, las drogas análogas no estarían prohibidas en los controles antidopaje.

Sin embargo, surge un debate en este punto sobre la intersección hermosa que encuentra a la justicia deportiva deporte, la biología, la genética y la epigenética. ¿Se puede clasificar la feminidad en el deporte basándose exclusivamente en los valores de testosterona actuales y del pasado reciente?

La evidencia científica y el criterio empírico, invitan a pensar que la reducción de los niveles de testosterona es poca cosa al momento de pensar la complejidad del análisis.

Alison K. Heather, en su artículo “Transwoman Elite Athletes: Their Extra Percentage Relative to Female Physiology”, recopila estudios y datos para seguir sosteniendo que la terapia estrogénica no revierte la mayor parte de los parámetros de rendimiento atlético que los varones tienen de base por encima de las mujeres. Por ende, las mujeres trans seguirían sosteniendo variables fisiológicas ventajosas al momento de pensar la competencia como: estructura ósea, fuerza y coordinación motora, capacidad pulmonar y cardiovascular, entre otros.

Marisa Jensen en “How is the Topic of Intersex Athletes in Elite Sports Positioned in Academic Literature Between January 2000 and July 2022? A Systematic Review.”   extiende el análisis a las deportistas que al momento de nacer no son ni XX ni XY en su carga cromosómica y propone un enfoque multidisciplinar para abordar el tema, subrayando el conflicto que indefectiblemente surge entre la inclusión y la equidad en la competición.

Cualquier repaso que se realice sobre la literatura científica existente demuestra  que hay ventajas al momento de pensar la competencia femenina, al momento de incluir a las mujeres que sufren hiperandrogenismo y las mujeres trans.

Tal vez, una de las contrapuntos más sustanciales en la argumentación, entre uno y otro grupo, radica en la diferencia entre lo innato del hiperandrogenismo, en comparación con la decisión voluntaria de la reasignación de género.

La victoria legal de Caster es solo un paso más, en este laberinto de preguntas y más preguntas, que se plantea el deporte sobre la diversidad del hombre y cómo son los criterios de inclusión que definen las categorías de género en la competencia deportiva