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12/05/2018

Boca, un campeón sólido pero sin brillo

Boca se consagró campeón de la Superliga 2018. / Fotobaires

Es el líder del fútbol argentino desde hace 517 días y persiste en un entorno de cambios constantes. Cuáles son los aspectos que siembran dudas.

El 11 de diciembre de 2016, el dólar apenas superaba los 16 pesos. El ministro de Economía era Alfonso Prat-Gay. Carlos Tevez todavía no se había ido a China. Carlos Tevez todavía no se había vuelto de China. La Selección tenía a Edgardo Bauza como técnico. El presidente de la AFA era Armando Pérez y el fútbol argentino aún podía verse en canales abiertos.

Todo cambió. Todo menos Boca: lo único estable de un país inestable. Boca tomó el poder el 11 de diciembre de 2016 y no lo soltó más. Es el líder del torneo local desde hace 517 días, el líder más perdurable de todos los torneos del mundo.

En ese dato puede encontrarse lo más valioso del equipo de Guillermo Barros Schelotto: puede no gustar, puede no lucir, puede jugar bien, mal o más o menos, pero ha logrado una constancia que homologa su condición de bicampeón. Es constante en un fútbol inconstante, repleto de equipos –y de jugadores– espasmódicos.

Es difícil discutir a un campeón. Más si el campeón es un campeón de un campeonato largo que empezó hace tanto que ya nadie se acuerda la fecha precisa. Fue un campeón con pocas luces, sí, pero también un campeón inapelable que lideró la Superliga de principio a fin. Incluso desde antes de que se llamara Superliga.

Las luces están a la vista: la soltura y velocidad de Cristian Pavón, que además tuvo asistencia perfecta en el torneo. La voz de mando de Pablo Pérez o la presencia que le dio Wanchope Abila en los últimos meses. Aunque los cimientos del bicampeonato estén en el pasado inmediato: en los goles de Darío Benedetto en todo el 2017, y en la elegancia y equilibrio que le aportaba Fernando Gago antes de su lesión, con la Selección ante Perú por Eliminatorias.

Fue tanta la diferencia que sacó Boca –en lo numérico, pero también en lo conceptual– durante el 2017, que en este 2018, a pesar de bajar su nivel, le alcanzó para consagrarse una fecha antes del final del torneo. Eso en lo formal, porque en el imaginario futbolero nunca estuvo en duda de que el campeón podría ser otro, más allá de las aproximaciones de Godoy Cruz o Talleres.

Pero si la relación 2018-2017 fue un matiz, el nivel de Tevez, el ídolo repatriado, es una de las cuentas pendientes. Tevez sabe que está lejos de su mejor versión. Lo reconoció él mismo mientras festejaba el miércoles pasado: “Yo me hago responsable de que no estoy en mi mejor momento. Pero siempre doy la cara, con mis lesiones, y todo. Me falta muchísimo para estar en el nivel que todos queremos”, dijo.

Si Tevez no juega en su nivel, pero tiene crédito de sobra con hinchas, técnico y dirigentes, la situación de Agustín Rossi es muy distinta. Quizás, el arquero sea el punto de alerta de este equipo: porque está cuestionado por todos, a pesar de que –como Pavón– estuvo en los 26 partidos de esta Superliga. Será por eso que, a pesar de los festejos, a pesar del bicampeonato y de que los resultados le llevan todo el tiempo tranquilidad, el técnico busca, como en el último receso, que Agustín Marchesín cuide su arco. Sería una manera de tapar alguno de los claroscuros de este bicampeón. Un equipo que perdura mientras que todo lo que rodea se cae.

(*) Esta nota fue publicada en el Diario PERFIL.

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