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21/06/2018

Pensemos en Qatar 2022

La Selección Argentina, al borde de quedar eliminado del Mundial. //Telam

La derrota potenció sentimientos, rompió el vínculo de los hinchas con Sampaoli y hasta resquebrajó la relación con Messi. Un equipo sin alma y sin juego.

Listo. Pensemos en lo que viene. No en Nigeria, sino en Qatar 2022. Y también en Canadá-México-Estados Unidos 2026. Porque lo otro, lo de ahora, ya casi no tiene sentido: todos vimos lo que es la Selección. Un equipo sin fuego y sin alma. Un equipo sin juego. Un equipo que nunca fue un equipo, y que contra Croacia potenció todos los sentimientos que generaba, en general y en particular: si había gente a la que no le cerraba Jorge Sampaoli, ahora esa gente lo putea. Si había quien desconfiaba del nivel de Wilfredo Caballero, ahora lo responsabiliza de una derrota que para muchos es una tragedia. Si había quien decía que Lionel Messi no aparecía en los partidos importantes, ahora hasta puede jactarse de eso. Y si había quién decía que Messi no puede hacer todo sólo, puede escuchar a Modric, nuestro verdugo con cara de bueno, y seguir sosteniendo esa teoría: “Messi es un jugador increíble, pero no puede hacer todo solo. Su selección tiene que ayudar más”.

Messi está solo, es cierto. Pero hoy, Messi ni siquiera estuvo solo. No estuvo. No pidió la pelota, no se hizo cargo del rejunte de mediocampistas que armó un entrenador desesperado, y eso se notó. Porque Messi es nuestra única esperanza. Y si él no está, ni siquiera nos queda eso.

No tenemos esperanzas. Y digámoslo, porque no está mal cuestionar a Messi. Es un cuestionamiento futbolístico y puntual, no un juicio de valor, no una comparación antojadiza y sin sentido ni una condena. Queremos que a la Selección le vaya bien más por Messi que por la Selección. De verdad queremos que rompa el maleficio. Pero con partidos como el de hoy, sólo quedará resignarse –él y nosotros– y que su historia tenga ese hueco doloroso.

Quizás tengamos algo de suerte y clasifiquemos. Quizás Nigeria le gane a Islandia, quizás le ganemos a Nigeria, quizás Islandia pierda o empate con Croacia, y quizás entremos por la ventana a los octavos de final. ¿Pero después qué? ¿Qué pasaría si este equipo que jugó contra Croacia se enfrenta con la Francia de Pogba, Mbappe y Griezmann?

Pero pensar así sería pensar como lo hicieron los dirigentes de la AFA de Grondona y de los salieris de Grondona en estos cuatro años. Este Mundial, en definitiva, es el final de un camino que incluye tres presidentes, cuatro entrenadores, una estructura de juveniles desguazada, y una filosofía de tapar agujeros en lugar de configurar proyectos.

Por eso mejor pensar en Qatar. Hacer lo que hace 18 años hizo Alemania: le fue pésimo en la Eurocopa 2000 y eso le sirvió como desencadenante de un proceso histórico que comprometió a la Bundesliga y a todos los clubes de ese país a cambiar para siempre la cultura futbolística del Die Mannschaft. Es paradójico, pero sucedió: en aquel tiempo, los alemanes vinieron hasta aquí para conocer de cerca el proyecto de Pekerman en las selecciones juveniles. Copiaron lo mejor de cada país, pusieron recursos en capacitar entrenadores y formar futbolistas, y desde ahí tan mal no les fue: los alemanes siempre jugaron siete partidos (subcampeones en 2002, terceros en 2006, terceros en 2010, campeones en 2014).

Por eso. Pensemos en Qatar. Y que lo de hoy sirva para levantar el suelo y armar un plan integral.

 

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