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10/10/2010

Opinión

La jueza del toque toque

“¿Existe Dios? ¿Resucitaremos después de la muerte? ¿Existe el Infierno? Ah, no olvidemos lo más importante: ¿habrá mujeres allí?” Esta sentencia es del genial Woody Allen. Es que lo femenino, ya desde la antigüedad, fue objeto de culto. Pero a medida que los años fueron pasando, ese culto fue tomando forma de poder real: el […]

“¿Existe Dios? ¿Resucitaremos después de la muerte? ¿Existe el Infierno? Ah, no olvidemos lo más importante: ¿habrá mujeres allí?” Esta sentencia es del genial Woody Allen. Es que lo femenino, ya desde la antigüedad, fue objeto de culto. Pero a medida que los años fueron pasando, ese culto fue tomando forma de poder real: el mundo se rindió ante nosotras. Y en esa lucha de géneros, el prehistórico machismo recalcitrante siempre quiere quedar bien parado. Por eso el hombre siempre está listo para sublevarse, dar un golpe de estado y derrocar al temible gobierno de las féminas. Y si no pregúntenle a la bellísima árbitra Bibiana Steinhaus, única jueza profesional del fútbol de Alemania, que esta semana sufrió una “tocadita” por parte del defensor Peter Niemeyer, del Hertha Berlín, mientras dirigía un partido entre este equipo y el Alemannia Aachen. Parece que Niemeyer pertenece al team de los fanáticos del tiki tiki o del toque toque.

¿Pero cuál fue la reacción de la jueza Bibiana Steinhaus? Sonrisa amplia y buena onda con el pícaro en cuestión. Los más machos seguramente dijeron: “Y, parece que a la rubiecita le gustó, ¿no?, tocale la otra”. Los más conservadores, en cambio, se agarraron la cabeza y acusaron a la mujer de negro de “casco liviano”. Pero nosotras hacemos una lectura más estratégica. “Tocá, que acá la que manda soy yo. Esta la dejo pasar cual infracción a los ocho minutos del primer tiempo, pero volvete a hacer el canchero que te saco la roja.”

Hace unos días, en suelo argento, la árbitra Salomé Di Iorio fue gentilmente invitada a lavar los platos por Nometouna Fabbiani, al grito de “no sabe ni tocar el pito”. No resiste el menor análisis.

Las mujeres somos así: poderosas, inteligentes, sensibles. Lo dijo alguna vez el novelista y Premio Nobel de Literatura Rudyard Kipling: “La intuición de una mujer es más precisa que la certeza de un hombre”. Somos raras, como encendidas. El francés Jean Cocteau planteó el enigma: “Hay tres cosas que jamás he podido comprender: el flujo y reflujo de las mareas, el mecanismo social y la lógica femenina”. Simplemente, mujeres.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil

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