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19/06/2013

Fútbol

Un dolor de cabeza para los «grandes»

Sand tuvo un flojísimo desempeño en Racing. / Fotobaires

Varios de los clubes más importantes erraron la elección de los goleadores y terminaron pagando por prestaciones que terminaron en fracasos.

En la desesperada búsqueda de goles, varios de los clubes más importantes erraron la elección y terminaron pagando muchísimo dinero por prestaciones que, como mínimo, terminaron en sonoros fracasos.

El fútbol argentino tiene el promedio de gol más bajo entre las quince ligas más afamadas del mundo. Hoy la cifra llega a 2,25 tantos por encuentro. Vélez obtuvo el torneo Inicial y acertó a la hora de contratar al delantero de Banfield, Facundo Ferreyra. El joven atacante respondió con 13 goles y formó una dupla letal con Lucas Pratto, para sumarle tantos y potencia ofensiva al cuadro de Liniers, que se consagró campeón.

Vélez no pudo disfrutar del mismo Ferreyra en el torneo Final ni en la Copa Libertadores por una prolongada lesión del jugador, que le costó la marginación de la competencia. En el mismo plano se puede ubicar a Newell’s Old Boys, que  disfrutó y sigue teniendo a Ignacio Scocco en un nivel superlativo.

El oriundo de Hughes lleva 23 goles marcados en la temporada oficial de AFA, con el detalle de haber señalado tantos de todas las maneras posibles, agregando además, su participación decisiva en la buena campaña rojinegra en la Copa Libertadores.

Salvando a Ferreyra y Scocco, los clubes más poderosos del fútbol criollo han fallado en sus opciones para reforzar sus delanteras. José Sand llegó tras la insistencia del entrenador Luis Zubeldía y el voto afirmativo de la dirigencia de Racing. Sand, de 32 años y con el contrato más caro del plantel, apenas le hizo dos goles a Independiente en el torneo Inicial y mostró limitaciones que nunca había tenido. Su marginación fue el resultado natural de tan bajo rendimiento.

Independiente descansó en Ernesto Farías y le agregó a Luciano Leguizamón y, para el torneo Final, al regresado Rolfi Montenegro. Lo que amenazaba con ser un tridente a puro gol, terminó siendo un espejismo. Farías perdió el olfato goleador y el favor del público, Leguizamón se lesionó y estuvo afuera mucho tiempo. Apenas Montenegro hizo lo que pudo, pero no le alcanzó a él ni a nadie. El promocionado trío aportó dos goles en la campaña que llevó al Rojo de Avellaneda al descenso.

Boca centró su atención en Juan Manuel Martínez, aquel muy interesante delantero de Vélez, que no tuvo un gran paso por Corinthians pero habilitó la ilusión de un nuevo encuentro con el uruguayo Silva, tal como lo hicieran en Vélez dos años atrás y llevaran a los fortineros a un nuevo título. Boca nunca fue competitivo, la dupla no funcionó y Martínez apenas mostró destellos de su calidad en contados momentos.  Se supone que el crédito sigue abierto, aunque el gol no sea su mayor fortaleza.

San Lorenzo negoció y mucho por Stracqualursi y también por Jara. El grandote venía del Everton inglés y alcanzó a convertir siete tantos en el Inicial, pero Jara demostró mucho menos de lo esperado. Para el torneo Final, el entrenador Juan Antonio Pizzi les dio algunas chances al inicio, pero decidió pegar un volantazo en el medio del certamen y apostó a los pibes. Mal no le fue: San Lorenzo aprendió otros apellidos emparentados con el gol: Correa y Gonzalo Verón, por ejemplo.

River pintaba como el que tenía la mayor oferta ofensiva: Lanzini de enganche, Iturbe y su velocidad por los costados, Trezeguet, Luna y Funes Mori como centrodelanteros, más el uruguayo Mora con su versatilidad y picardía para moverse por todos lados en el ataque. Hoy, a una fecha del final, el equipo de Ramón Díaz apenas ha marcado 25 goles, 15 menos que el líder Newell’s. Los goles que prometían tantos delanteros con historia positiva, fueron una quimera.

Para destacarse en un torneo con pocos goles, Emanuel Gigliotti repitió dos buenos torneos con 20 goles defendiendo al irregular Colón, el colombiano Zapata ratificó sus condiciones en un avaro Estudiantes de La Plata y All Boys extrañó en el segundo torneo, los goles de Mauro Matos. En Mendoza se esperaba mucho más de Mauro Óbolo y en Sarandí lamentan la larga ausencia de Zelaya.

Lo cierto es que goles se necesitan, artilleros escasean y los pocos que se lucen, ya están haciendo las valijas. Poco juego, mucho roce, protestas al por mayor, goles en cuentagotas, fanatismo sin límites, violencia a la vuelta de cada situación: un cóctel imposible de saborear a la hora de hablar de nuestro máximo deporte.

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