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08/08/2015

Se rompió el karma

Las fotos de una noche histórica para River. // AP

Por Sergio «Maravilla» Martínez (*) | La intimidad de cómo vivió el excampeón mundial de boxeo la tercera Libertadores del club de sus amores.

Estaba en la habitación de un hotel, prendido frente a la tele. Mi única compañía era el mate. Así, en la soledad de un miércoles de Copa, pude disfrutar de otro triunfo de River. El más importante en casi veinte años. La alegría y la emoción que sentí fueron inmensas. Porque fue más que un triunfo deportivo. Se trató, en realidad, de dejar atrás el karma de la Copa. El equipo del Muñeco Gallardo tuvo una oportunidad, y la aprovechó.

Grité el primer gol como si estuviera en el Monumental. No me importaron las normas de convivencia ni el resto de las personas que se hospedaban. Pero no fue un grito, en realidad: fue un desahogo, una manera de liberar fantasmas coperos. Ese cabezazo de Lucas Alario fue como un primer toque de autoridad, uno de esos golpes decisivos que abren el camino al nocaut. Ahí me convencí: ese gol solo era el primero, después vendrían más. Ese cabezazo me anticipó, entonces, que River iba a ganar su tercera Copa Libertadores. Y me dio la tranquilidad para recibir los goles de Carlos Sánchez y de Funes Mori de un modo más reflexivo, casi moderado.

Ya no soy un fanático, uno de esos hinchas pasionales que dejan todo por la camiseta. Fui fanático hasta que dejé la Argentina. Entonces me alejé de River, y el club dejó de ocupar un lugar entre las prioridades. De todos modos, cada vez que juega estoy ahí, prendido, con la tensión y la ansiedad a flor de piel.

Uno de los más gratos recuerdos que tengo de River es cuando me invitaron a la cancha después de ganar el título mundial en Las Vegas. Me regalaron una camiseta, me dieron un carnet de socio honorario y me hicieron entrar a la cancha. Estaba repleta, con 55 mil personas que me alentaban. “Maravilla, Maravilla…”. Fue inolvidable. Tan intenso como cualquiera de las peleas que gané. Yo, que hasta no hacía mucho tiempo estaba en esas tribunas, estaba recibiendo la ovación de los hinchas de River. Glorioso.

Ahora, que ya ganamos otra Libertadores y rompimos el karma, siento una profunda calma. Es cierto que les mandé mensajes a mis amigos gallinas y gastadas a los otros amigos, los bosteros, pero el sentimiento ahora va por otro lado. Prefiero analizar cómo juega el equipo o algún jugador, pero sin el fundamentalismo de los fanáticos. En fin, así me llegó la tercera copa. Más maduro, pero tan hincha como siempre.

*Ex boxeador, hincha de River

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