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30/01/2019

La invasión colombiana en la Superliga

Campuzano y Quintero, dos de los colombianos que juegan en Boca y River. / NA

Sobre la centena de jugadores extranjeros en la Primera División, 28 son nacidos en Colombia y 16 de ellos se sumaron en este mercado de pases.

Setenta años después del masivo desembarco de futbolistas argentinos en el incipiente fútbol de Colombia, la historia ha vuelto a repetirse, pero al revés. Ha llegado el turno de que los jugadores del país cuya selección condujo hasta hace muy pocos días José Pekerman sean muy bienvenidos en la Superliga. Ya son 15 los equipos de la primera división argentina que tienen algún futbolista colombiano en sus planteles.

Históricamente los uruguayos han sido –por cercanía y una larga lista de similitudes- el país que mayor número de futbolistas ha provisto a nuestra mayor pasión. No hay club en donde no haya algún ídolo oriental en distintas épocas. De hecho, siguen siendo mayoría. Sobre la centena de jugadores extranjeros suman 35 los uruguayos, seguidos muy de cerca por los hombres de Colombia, que suman 28, con el detalle de que 16 han llegado para la parte final del torneo.

Está claro que lo más difícil es encontrar delanteros o mediapuntas o enganches con gol y son justamente los colombianos quienes han poblado los ataques: a los ya conocidos Santos Borré y Quintero en River, a Roa en Huracán y al juvenil Valoyes en Talleres, se han sumado Dayro Moreno en el mismo equipo cordobés, Mauricio Cuero en su rival Belgrano, Wilson Morelo en Colón, Gustavo Torres y Andrés Rentería en San Lorenzo, Edwar López en Estudiantes, el promocionado Carrascal en River aunque a Gallardo no le justo su exagerado apodo de “el Neymar colombiano”.

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También son atacantes y los han traído para convertir goles al recordado Humberto Osorio, que hace unos años le hizo tres goles a Boca en San Juan y se viste nuevamente de verde y negro, a Duvan Vergara para Rosario Central y al interesante Mateo Casierra para la Academia. En las fechas que restan, la delegación colombiana también presenta a dos mediocampistas centrales que ya mostraron credenciales de peso: Campuzano en Boca y Loaiza en San Lorenzo.

Hay un arquero titular de Banfield como Arboleda, un zaguero central de buen nivel como Yael Gómez Andrade en Unión, el regreso de Reynaldo Lenis para el Taladro, pero de buen paso por Argentinos Juniors, el áspero defensor Cabezas en Rosario Central, el peligroso Villa boquense y su compatriota Fabra que está finalizando su recuperación, además del criterioso y eficiente Barrios, a punto de abandonar territorio xeneize rumbo a Rusia para sumarse al Zenit.

O sea que Colombia no produce exclusivamente delanteros, sino que ha mejorado su cosecha y hoy atrae a los clubes argentinos mucho más que otros. De hecho, entre los 102 futbolistas extranjeros en territorio albiceleste, además de los 36 uruguayos y los 28 colombianos, no escasean los paraguayos (suman 23) y luego se escalonan Chile (6), Venezuela (4), Perú (3), además de la incorporación exótica que significa un zaguero brasileño altísimo como Thiago Pagnussat, defensor del Bahía que vestirá la camiseta de Lanús. Entre los europeos se mantiene el portugués Leal en Newell’s y buscó otras tierras el venezolano españolizado Amorebieta, tras su culebrón con el entrenador Holan en Independiente.

Como vamos, Colombia amenaza seriamente a Uruguay con ser el principal proveedor de futbolistas en la Superliga. Y aunque muchos se desayunen recién hoy, ese país ya ha consagrado goleadores en los torneos argentinos como Juan Pablo Ángel (Apertura 2000) y varios escoltas del artillero mayor como Jorge Cruz en 1992 y Julián Vásquez en 2003. Con tantos delanteros, ahora vuelven a ir por el premio mayor.

Así como hubo un colombiano capo máximo del gol en el año 2000, también Brasil tuvo al suyo cuando Wálter Machado de Silva se consagró en el Metropolitano de 1969 y el vasco Isidro Lángara había logrado lo mismo en 1940, al meter 33 goles para San Lorenzo y compartió el primer lugar con el paraguayo Delfín Benítez Cáceres, de Racing. Por supuesto que Arsenio Erico, guaraní de nacimiento, está arriba de todo y en los torneos consecutivos de 1937, 1938 y 1939, conquistó lo imposible: hizo 130 goles en 94 partidos, pulverizando todos los registros. No habrá ninguno igual, estamos seguros.

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A los famosos goleadores uruguayos de las últimas décadas (Sergio Manteca Martínez, Enzo Francescoli, Rubén Da Silva) hay que sumar a los hombres del nuevo siglo como Gonzalo Vargas (Clausura 2006 con Gimnasia) y Santiago Silva (Banfield en el Apertura 2009) pero con un agregado fresquito, el de Santiago García con sus 17 conquistas en el torneo 2017/18.

Al margen de varios ingleses y un remoto escocés (William Stirling en 1897) en aquellos años iniciales hubo lugar para el sudafricano Carlos Whalley de Belgrano Athletic en 1906, pero lo más exótico fue el goleador alemán de 1916: Marius Hiller era un futbolista germano que emigró a los 21 años desde su país para instalarse laboralmente en la Argentina. Se vinculó con el recién fundado Club All Boys donde jugó como centrodelantero en el ascenso de aquel tiempo, pero para 1916 logró lo máximo con la camiseta de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, el entonces coqueto GEBA, hoy más plebeyo.

Hiller ya había hecho 12 goles en 16 partidos para el cuadro de Palermo durante 1915, pero en 1916 calibró todavía más su puntería: doblete a Huracán, doblete a Ferro, tres tantos a Belgrano Athletic como visitante, dos a Banfield y el tanto del empate en cancha de River, lo encumbraron a la punta de la tabla de goleadores, por delante de cracks como Guillermo Dannaher, Alberto Marcovecchio, Juan Hospital, Alberto Ohaco o Juan Pisa.

Ese mismo año de 1916 fue convocado para jugar en la Selección Argentina dos veces, en choques contra Uruguay con triunfos albicelestes 3-1 y 7-2. Hiller hizo lo suyo: cuatro de los ocho goles fueron de su cosecha. Metió otros 10 goles para GEBA en 1917. Vale la pena recordar que antes de representar a la Argentina, ya había actuado dos veces para el combinado alemán.

Hoy la carrera de Hiller sería imposible, sobre todo por las dos camisetas y el trabajo que alternó fuera del fútbol y lo llevó a regresar a su país para reinsertarse en el trabajo y el fútbol de allá, pero finalmente se vino de nuevo y aquí falleció, en 1964. Nadie imagina lo mismo para los esforzados y en su mayoría talentosos colombianos que han inundado nuestros clubes con su corrección y su simpatía. Ese parece ser el camino para nuestro fútbol: exportador de materia prima e importador de lo mismo que producimos, aunque con otros condimentos.

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