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15/03/2019

El ascenso corrupto

Barracas Central, el club de Chiqui Tapia, lidera la Primera B Metropolitana. / Prensa Barracas

Tanto en la Primera B Nacional como en la Metropolitana se vieron fallos arbitrales groseros que ponen un manto de sospecha al torneo. Los equipos del poder.

El fútbol de AFA está escribiendo una nueva y extensa «historia negra» a partir de lo que está pasando en las dos principales categorías del ascenso. Presidida por el mandamás de Barracas Central, Claudio Tapia, no parece ser casual que el equipo del dirigente lidere con comodidad el torneo de la Primera B Metropolitana, que se ha convertido en un cambalache repleto de fallos arbitrales contaminados de errores groseros e inexplicables y de jueces que, invariablemente, terminan sancionando cosas que son una burla al reglamento y una falta de respeto a la gente que mira los partidos, sean hinchas o simples televidentes.

Está claro que los horrores de los jueces tienen poco ver con el muy buen equipo que tiene el cuadro albirrojo, que lo ha hecho ganar partidos sin necesidad de ser beneficiado. Sin embargo, se supo que hubo un acuerdo dirigencial para que junto a Barracas Central –que jugó en la máxima categoría entre 1920 y 1930- sean premiados con el ascensos otros clubes muy modestos, pero con un poder político respetable en AFA, desde tiempos de Julio Grondona.

Casualmente, Estudiantes de Buenos Aires, Deportivo Riestra y Acassuso han sido los más beneficiados por los arbitrajes, en casos resonantes que han hecho estallar de bronca a los otros clubes y levantar sospechas de la peor especie entre los periodistas y la gente del fútbol. Lo que más daño le hizo a la credibilidad de la B Metropolitana fue la decisión de ampliar el número de ascensos hasta cinco (cuatro de manera directa y otro a través de un cuadrangular que jugarán el quinto, sexto, séptimo y octavo de la tabla final).

Desde que se determinó el cuádruple ascenso, oh casualidad los cuatro equipos con mayor incidencia en los arbitrajes son los que pasaron a ocupar los lugares de ascenso: el imparable Barracas Central –con una larga racha invicta y penales a favor al por mayor- el duro Estudiantes, los chiquititos pero poderosos Deportivo Riestra y Acassuso.

El quinto puesto (el premio único para los que luchan sin favores políticos) lo vienen peleando Atlanta, All Boys (dos grandes de la categoría) además de San Telmo, Flandria y algún otro equipo más. Los desaciertos cercanos de árbitros como Sabini, Novelli, Rey Hilfer, Barraza, Comesaña, Monsalvo, Paletta, Di Bastiano, Iglesias y varios más son una mancha negra para los torneos de ascenso, donde queda claro que hay patrones y vasallos.

Sabido es que en la próxima temporada, la Primera B Nacional será disputada por 32 equipos, agrupados en dos zonas donde se mezclarán por sorteo, clubes metropolitanos y los del interior del país. Resta conocer cómo se definirán los clásicos dos ascensos a Primera A, pero lo que ya se sabe es que se eliminarán los promedios, justamente cuando estos cuatro equipos que lideran –contra viento y marea- las posiciones de la B Metropolitana están por ascender. No sea cosa que una mala temporada en una nueva divisional los lleve al retroceso, Dios no lo permita.

Las vinculaciones entre ellos (Javier Pipo Marín, el pope de Acassuso, fue mano derecha de Julio Grondona varios años y amplió su influencia en el arbitraje del ascenso desde la muerte de Don Julio), la publicidad de la empresa de bebidas energizantes que lleva Barracas Central en su camiseta es una contribución de Víctor Stinfale –mandamás de Deportivo Riestra- para con el club del presidente de AFA. La íntima relación entre la dirigencia de Barracas con los hombres que rigen Estudiantes de Buenos Aires también es llamativa, pero sugiere mucho la presencia del actual delantero Diego Figueroa (figura histórica del Pincha de Caseros) como vinculado a Deportivo Riestra y en los ratos libres, trabajando para el propio presidente de ese club. Todo tiene que ver con todo.

Sin embargo, no todo es reclamos y broncas en la B Metropolitana. También sucede en la Primera B Nacional donde jueces notoriamente incapacitados por su trabajo fueron ascendidos y han tenido la chance, incluso, de llegar a Primera A sin mayores explicaciones a semejante premio. Los equipos de la zona sojera bonaerense (Sarmiento y Agropecuario) han sido beneficiados con penales insólitos por jueces como Lucas Comesaña, Julio Barraza y Lucas Novelli, tres de los jueces que no han hecho nada favorable para ganarse un lugar en la segunda categoría.

Las desigualdades económicas que se verifican entre cuadros bonaerenses y varios clubes del interior del país son notorias y el dato no es demasiado novedoso. Según se comenta, que la gobernación de Santiago del Estero destine más de seis millones de pesos mensuales para aliviar las arcas de Central Córdoba y de Mitre en su pelea para llegar a Primera, no deja de llamar la atención. En medio de la enorme crisis económica que vive el país, parece una tomada de pelo.

Lo cierto es que se están definiendo los torneos y si bien en la B Nacional la lucha por el título parece quedar reservada a Sarmiento y Nueva Chicago, en la B Metropolitana todo supone que ya está definido. La ética deportiva, la moral del arbitraje, la aplicación del reglamento, el jugar con reglas claras desde el principio, se fueron todas juntas, en silencio, por la puertita de servicio. Total, a quién le importa. Aprovechemos.

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