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DEPORTE Y POLíTICA | 29-05-2021 11:06

Copa América: una carrera contrarreloj

Sorprendida por el estricto protocolo que le exigió el gobierno argentino, la Conmebol busca garantizarla mientras sondea a Chile para compartir la organización del torneo. La tentadora oferta de Estados Unidos que fue rechazada.

Agustín Colombo
Agustín Colombo

Periodista

A 13 días del inicio de la Copa América, la Conmebol todavía no sabe dónde se jugará. Al menos no sabe dónde se jugarán todos los partidos. Porque a la baja de Colombia como coorganizador por el estallido social que se vive en aquel país, en estos días se le sumaron varios interrogantes, algunos de ellos inesperados. 

El estricto protocolo que el presidente Alberto Fernández le pidió al titular del fútbol continental, Alejandro Domínguez, en el caso de que Argentina sea el único anfitrión asoma como un nuevo obstáculo para la Conmebol, que luego de la postergación en 2020 tiene decidido concretar la Copa a cualquier costo: los 200 millones de dólares que esperan recaudar por el torneo lo argumentan. 

Sin embargo, la pandemia de covid-19 –que tiene como epicentro a la región– más la crisis social y político que dejó a Colombia fuera de la organización confluyeron para que los apuros y las desprolijidades, esta vez, sean imposible de ocultar. 

Hay problemas, pero esos problemas también son oportunidades para muchas personas y sectores. Quedó claro en estos días, cuando al edificio de Luque llegó una propuesta de la MLS para mudar, de manera íntegra, la Copa América a Estados Unidos

El ofrecimiento era tentador –sobre todo porque ofrecían estadios repletos, lo que suponía un ingreso adicional en dólares– pero “inviable” por el poco margen de tiempo para organización, permisos y reservas de alojamiento. El mensaje llegó, pero no había manera de concretarlo, de acuerdo a lo que consensuaron rápidamente varios de los directivos. 

¿Cuáles son las opciones, entonces? Por el momento hay dos: sumar más estadios al repertorio argentino y que todo el torneo se realice en nuestro país; o que las cuatro sedes que tenía originalmente Colombia se trasladen a Chile, uno de los países que mostró interés en convertirse en anfitrión.

Chile, además de contar con cuatro estadios habilitados por Conmebol para este tipo de competencias, tiene también un punto a favor: con el 63% de la población vacunada con al menos una dosis, la siempre latente intención de que se disputen partidos con un 30% de aforo en las tribunas empieza a tomar fuerza. 

“Entendemos la situación sanitaria. Chile es una de las posibilidades para que haya público. Si no, lo más importante es hacer un buen campeonato”, admitió esta semana el secretario adjunto de la Conmebol, Gonzalo Belloso. Si Chile se suma, Colombia pasaría al grupo de Argentina.

En el caso de que Argentina organice el certamen sola –la Bombonera, el estadio de Estudiantes, Vélez y alguno de Avellaneda podrían sumarse– la Conmebol tendrá que cumplir con todos los pedidos que el miércoles le hizo el gobierno: que haya delegaciones acotadas, respetar a rajatabla la burbuja en entrenamientos y concentraciones (lo que inhabilitaría los “días libres”), que los planteles solo viajen para jugar y entrenarse y que todas las delegaciones lleguen vacunadas al menos con una dosis.  

Ahí, en ese último punto, aparece un problema: Perú. Su técnico, Ricardo Gareca, rechazó las 500 vacunas de Pfizer que el Ministerio de Salud y la Federación Peruana de Fútbol (FPF) habían acordado para inocular a la delegación que viajará a la Copa América. Son cuestiones que traban el futuro. Pero que irremediablemente deberán resolverse esta semana.

Agustín Colombo

Agustín Colombo

Periodista

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