Una imagen puede parecer anecdótica, pero cuando se repite bajo circunstancias similares empieza a generar preguntas. En los últimos clásicos del fútbol argentino, el gesto del Topo Gigio apareció como protagonista y las respuestas arbitrales no fueron las mismas.
En el clásico entre San Lorenzo y Huracán, Jordy Caicedo realizó el gesto del Topo Gigio frente a la hinchada del Ciclón y fue amonestado. La celebración, además, provocó una reacción inmediata de los futbolistas de San Lorenzo y derivó en un tumulto dentro del campo de juego.
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La comparación apareció rápidamente: en otros clásicos, Leandro Paredes y Gonzalo Morales realizaron el mismo gesto frente a la hinchada de River y no fueron sancionados disciplinariamente.
La pregunta, entonces, es inevitable: ¿se trata de una doble vara o existió una diferencia relevante entre las acciones? El Reglamento de Juego no establece que realizar el Topo Gigio sea, por sí mismo, una infracción. La sanción puede aparecer cuando el árbitro interpreta que el festejo constituye una provocación, una conducta antideportiva o una acción destinada a generar una reacción de los adversarios o del público.
Y ahí aparece el punto central de la discusión: el gesto puede ser exactamente el mismo, pero el contexto puede modificar la interpretación arbitral.
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En el caso de Caicedo, la celebración se produjo inmediatamente después de convertir y estuvo dirigida hacia la tribuna de San Lorenzo. Pero, además, la reacción posterior de los jugadores del Ciclón terminó convirtiendo el festejo en el epicentro de un conflicto que involucró a varios futbolistas.
Con Paredes y Morales ocurrió algo diferente: ambos realizaron el gesto frente al público de River, pero la acción no derivó en una situación disciplinaria comparable dentro del campo de juego.
Por eso, más que determinar de manera automática que hubo una “doble vara de la AFA”, el episodio permite discutir algo más profundo: qué criterios utilizan los árbitros para distinguir una celebración legítima de una provocación sancionable y cuánto influye el contexto en esa decisión. El problema aparece cuando acciones visualmente similares reciben respuestas diferentes y no existe una explicación clara que permita entender por qué una fue considerada sancionable y las otras no.
En un fútbol donde los festejos forman parte cada vez más del espectáculo, establecer criterios consistentes resulta fundamental. Porque si el mismo gesto puede ser permitido en un clásico y sancionado en otro, la discusión ya no pasa solamente por Caicedo, Paredes o Morales: pasa por la coherencia de la interpretación del reglamento.
LT.
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