sábado 26 de noviembre del 2022

Como coquetear con los halcones

Para atornillarse al sillón de la AFA, se pegó a Tinelli y se reunió con Massa y el macrismo. Freno k: el reto de Máximo en Olivos.

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27-09-2014 09:34

"Hice cambiar hasta el escritorio de Grondona para no usar el de él”. Como en un tablero en el que el protagonista juega con su propio apellido, Luis Segura busca que la nomenclatura del documento se traduzca en adjetivo: quiere una vida segura en la AFA.

La aspiración del presidente (en licencia) de Argentinos Juniors es sostenerse en el sillón que ocupó Julio Grondona más allá de octubre del año que viene. Una carrera de poder que incluye jugadores de peso, mucho más cercanos a la Casa Rosada y los opositores al Gobierno que a los estadios de fútbol.

El partido de Segura se juega arriba de una cuerda floja, con una pelota que se mueve entre la coyuntura política y la capacidad de resistencia de un hombre que ni siquiera tiene garantías políticas en su propio club.

La cocina. Mientras Cristina Fernández de Kirchner estaba en Nueva York, su hijo Máximo decidió encargarse de un asunto que la Presidenta suele espiar de costado. Alguna vez Cristina reveló que entendía la importancia cultural del fútbol cuando veía a su hijo y a su esposo, Néstor, delante del televisor mirando a Racing. Era la dimensión desconocida para ella, que entendía a la pelota como su paso prohibido entre ellos y la pantalla. Cuando el Gobierno corrió a Clarín de la televisación de los partidos, la presidenta no dejó de consultarle a Máximo. Por entonces, la otra espada del negocio era el omnipresente Grondona.

El lunes pasado el líder de La Cámpora jugó de local: citó en la Quinta de Olivos a Segura y le pidió explicaciones sobre sus movimientos políticos. En la reunión estuvieron Miguel Silva, secretario general de AFA, y Dardo de Marchi, el nexo para establecer el contacto, además de ser el dueño de Santa Mónica, que comercializa la imagen de la selección argentina.

Máximo se había enterado de dos reuniones del presidente de la AFA con rivales políticos del Gobierno. En un raid gastronómico, Segura había comido en un restaurante de la Costanera con un seleccionado de opositores K: Marcelo Tinelli, Sergio Massa y Alejandro Burzaco, el CEO de Torneos y Competencias. Un trío de jugadores que pretende tener injerencia en la AFA y redefinir un bastión con el que juega el kirchnerismo: el Fútbol para Todos.

“¡Te juntás con ellos!”, le reprochó Máximo. Segura apenas balbuceó palabras que mixturaran la evidencia de su coqueteo en busca de blindaje político. También se había reunido en un restaurante de Belgrano a tomar café con los tres actores mencionados, aunque esa vez contó con un equipo de fútbol 5: se sumaron Daniel Vila y Daniel Angelici, con aspiraciones a ocupar el cargo de secretario de la Conmebol. A Vila, principal socio del Grupo Uno, Segura le pidió que no lo bombardearan mediáticamente.

Además, Máximo le recrimió a Segura que el día que Hugo Moyano convocó a un paro general, desde la AFA anunciaron que no se jugarían los partidos. Ese 28 de agosto el Gobierno tocó el silbato y la pelota rodó, a pesar de que los motores de los camiones se mantuvieron apagados.

Silencios. Tinelli es el jugador iconoclasta. Contra los modelos y haciendo su propia jugada, apoya a Segura aunque se genera espacios propios. “Cada vez tiene más poder”, le dice a PERFIL un dirigente de un club de Primera. El empresario/conductor/vicepresidente de San Lorenzo es uno de los diez personajes del fútbol que se reunieron hace dos martes en la casa de Armando Pérez, presidente de Belgrano, para repensar la AFA. Al menos para conocer los secretos mejor guardados: aquellos contratos que sólo Grondona manejaba, como si fueran la fórmula de la Coca-Cola.

El grupo compuesto por representantes de Boca, River, San Lorenzo, Godoy Cruz, Rafaela, Belgrano, Vélez y Estudiantes, entre otros, pugnan contra el grondonismo clásico, el ahora círculo que heredó Segura. Chiqui Tapia, presidente de Barracas Central y yerno de Moyano, disparó contra el grupo que se reunió fuera de la calle Viamonte. “Las reuniones se hacen acá”, exigió.

Tapia, Horacio Martignoni, de Sarmiento, Miguel Lemme, de Defensa y Justicia, Pipo Marín, de Acassuso, y Héctor Domínguez, ex presidente de Gimnasia, son la vieja guardia que pretende aferrarse a un poder impregnado de óxido. Segura, en tanto, busca los resortes políticos que apuntalen su chapa después de 2015.

En esa reunión también se habló de los arbitrajes y cuál sería el mejor sistema para elegirlos. El objetivo es que haya sorteos generales. Dicho de otra manera, la idea es transparentar la AFA.

Cuidar la espalda. Segura no sólo sobrevivió a Grondona; es quien pretende sobrevivir al grondonismo. Alguna vez acusado de vender el descenso de su equipo a cambio de 15 millones de pesos y un puesto en la FIFA, finalmente aventó los dedos acusadores y Argentinos Juniors conservó la categoría. De todos modos, amagó con una renuncia a la vicepresidencia de AFA que nunca sucedió.

En La Paternal aquellas versiones fueron sepultadas. Segura presidió Argentinos Juniors entre 2002 y julio de este año, pero lo que no pudo enterrar fueron las luchas intestinas que aquejan al club. El presidente formal es Rubén Forastiero pero, según una fuente consultada por este medio, quien gobierna en las sombras es uno de los vocales suplentes: Luis Fernando Segura, el hijo del ahora presidente de AFA.

El año que viene hay tres elecciones que se cruzan en el camino de Segura: la última semana de octubre serán los comicios en AFA. En ese mes, el país elegirá a su presidente. Y en diciembre, la oposición de Argentinos intentará capitalizar los votos de un oficialismo que se desangra.

Depende de cómo se dé el juego político, el empresario que siempre vivió en La Paternal podrá llegar con las piernas frescas para definir sin defensores que se le tiren a los tobillos. O no. Sabe que es uno de los candidatos del grondonismo; el otro es José Luis Meiszner, quien ostenta el lugar en Conmebol que quiere Angelici.

Tinelli, en tanto, está a cargo del área de Comunicación de la AFA. Un puesto que le concedió Segura. Por su propia seguridad.

Mandar en el bastion de Suarez Mason

Un nombre. Un pasado. Un estigma. Carlos Suárez Mason fue genocida y una especie de monje negro en Argentinos Juniors. Sindicado como el hombre que abría puertas que nadie podía a favor de su club durante la dictadura militar, posibilitó a los de La Paternal que retuvieran, por ejemplo, durante cinco años a Diego Maradona. Los contactos de Suárez Mason permitían pagar sueldos que con la billetera de Argentinos no hubiese sido posible.

En aquellos años, Segura ocupó un lugar importante en el cronograma jerárquico del club: entre 1979 y 1981 fue vicepresidente.

Si bien Suárez Mason fue expulsado como socio de Argentinos Juniors el 7 de enero de 1999, en 2004 tuvo su lugar para festejar los 80 años. Según publicó Gustavo Veiga en Página/12 el 5 de noviembre de 2006, Pajarito –así le decían– violó la prisión domiciliaria y comió un asado en el estadio Diego Maradona. Según organizaciones de Derechos Humanos, aquella vez el festejo incluyó hasta odaliscas. Por entonces, Segura ya era presidente de Argentinos.

Publicado en la edición impresa de Perfil

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