miércoles 06 de julio del 2022

Sabella, un muchacho de Palermo

Su bajo perfil no es la única gran diferencia que lo separa de Maradona. La historia de "el" candidato. Galería de imágenes. Galería de fotosGalería de fotos

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29-07-2010 21:06

Billinghurst al 1300. Allí, en el coqueto barrio de Palermo, nació hace 55 años y se crió Alejandro Sabella. Todo un dato para empezar a entender las grandes diferencias que separan al máximo candidato a dirigir la Selección de quien hasta este lunes tuviera a su cargo el plantel argentino. Porque si es cierto que el hoy entrenador de Estudiantes está en las antípodas de Diego Maradona por su perfil bajo, no menos lo sitúa así su origen de chico bien, poco común para un futbolista y radicalmente distinto al del astro nacido en Villa Fiorito.

Hijo de un ingeniero agronómo, Sabella se inició en el fútbol jugando en los torneos internos del muy aristocrático club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, entidad que supiera alternar en el fútbol oficial en los primeros años de la era amateur y que, gracias al poder económico de sus integrantes, erigiera en Palermo la primera gran cancha de fútbol de la Argentina, con capacidad para 15 mil espectadores.

Por esos campeonatos de GEBA ya había pasado su padre, Luis Jorge Sabella, por lo que no fue extraño que también él comenzara a jugar allí a comienzos de los años '60 junto con su hermano mayor, Marcelo. Claro que, al mismo tiempo, el jovencito debía estudiar, lo que no le representaba ninguna carga: "Me dedicaba y era inteligente para entender rápidamente las lecciones. A medida que fui creciendo, me di cuenta que retenía todo con facilidad", recordaría el propio Alejandro a los 20 años entrevistado por la desaparecida revista Goles.

De GEBA saltó sin escalas a las inferiores de River, aunque primero tentó suerte en un club por el que, aún siendo ya jugador de la primera millonaria, no dudaría en confesar sus simpatías en aquella entrevista de 1975: "Fui a probarme a Boca, porque era el equipo que más me gustaba. Me dijeron que era muy chiquito, que mi físico todavía no estaba para jugar en quinta división".

Antes de probarse en la institución de Núñez, inclusive, aquel joven de 16 años todavía lo haría en otro club. "Después intenté en Racing. Cuando me presenté, me citaron para el día siguiente para hacer gimnasia... Creí que iba a rebotar otra vez y no volví más. No pensaba presentarme nunca más, hasta que decidí venir a River como último lance... Don Bruno Rodolfi me hizo ingresar", confiaría al periodista de Goles.

La presión familiar haría que, aún luego de debutar oficialmente en Primera con la casaca de la banda en 1974 y de jugar en marzo de ese año el torneo "Juventudes de América" en Chile con el Sub-19, terminara primer año en la Facultad de Derecho y siguiera debatiéndose entre el fútbol y el estudio, si bien íntimamente tenía en claro que lo suyo era intentar ganarse un puesto en aquella formación que, dirigida por Angel Labruna, pondría fin en 1975 a una increíble racha de 18 años sin ganar títulos de River.

Por eso, aquel impasse en que había entrado su carrera de abogacía sería definitivo. Y también por esa íntima convicción de que podía triunfar como futbolista, no le importó quedar a la sombra del Beto Alonso ni ser nuevamente relegado luego de la partida del ídolo riverplatense a Francia en 1976, cuando todos esperaban que terminaran de explotar las grandes condiciones que tenía como 10 pese al apodo de "Pachorra" que cierta lentitud le acarrearía.

El regreso de Alonso terminó por condenarlo al ostracismo en River, que por ello no tuvo problemas en venderlo al Sheffield United de Inglaterra en julio de 1978. Así, se convirtió junto con Osvaldo Ardiles y Ricardo Villa en uno de los primeros argentinos en jugar en ese país, donde si bien no logró triunfar como sus dos compatriotas del Tottenham Hotspurs no tardó en asimilarse a la cultura y la disciplina del fútbol europeo.

El resto de su trayectoria como futbolista es bien conocido: su regreso desde el Leeds United inglés a Argentina para jugar en Estudiantes en 1982, sus grandes campañas con aquel gran equipo acuñado por Carlos Bilardo que obtendría el Metro '82 y el Nacional '83, su paso por la Selección también dirigida por Bilardo (fue titular en la Copa América del '83 y jugó amistosos entre ese año y el siguiente), un paso de un año por el Gremio de Brasil, su breve retorno a los pinchas en 1987 y el retiro tras alternar ya como veterano en Ferro y el Irapuato de México.

Ya como técnico, volvió a pasar varios años a la sombra de otro peso pesado con el que había coincidido siendo muy joven en River: Daniel Passarella. Fue su ayudante de campo en River, la Selección Argentina, el Parma de Italia, la Selección Uruguaya, el Monterrey de México y el Corinthians de Brasil.

Finalmente, y luego de regresar a River con Passarella en 2006, en marzo de 2009 su querido Estudiantes volvió a confiar en él para que asumiera al frente de un equipo que venía de salir campeón pocos años antes con Diego Simeone como DT, y que con Juan Sebastián Verón como figura y otros cracks bien podría habérselo fagocitado en pocos partidos como venía de hacerlo con Roberto Sensini y Leonardo Astrada.

Al mando de ese plantel con el que terminaría obteniendo la Copa Libertadores del año pasado, Sabella demostró más allá de cualquier logro una seriedad a prueba de balas, que junto con su fuerte personalidad, su gran manejo de los códigos de vestuario y su conocimiento de la identidad del club le permiten ser hoy no sólo "el" candidato a dirigir la Selección para muchos, sino también una de las figuras más respetadas del fútbol argentino. Por más que, bien en el fondo, siga siendo aquel chico rebelde de Palermo.

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