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09/06/2012

Fútbol

El mejor de la historia de Boca

Juan Román Riquelme volverá a ponerse la 10 de Boca. // AFP

Riquelme no es sólo presente. Hinchas y jugadores opinan que, por su nivel, títulos e influencia, ya es más que Varallo, Rojitas, Maradona y Palermo.

Hubo una vez un jugador genial que gambeteó a los poderes más poderosos, le hizo un caño al Norte para reivindicar de la humillación al Sur, se burló de una reina con impronta de hierro y en la misma tarde, un ratito después, dibujó la jugada con la que cualquier niño futbolero alguna vez soñó; ese jugador, que reinventó el fútbol, fue tan sutil que cuando dejó de jugar prefirió no avisar. Se fue en silencio, sin que nadie se enterara, tal vez para que nadie sufriera. Se trataba de su última vez. El señor fútbol se esfumó de la cancha calladito, mezclado entre los gritos, la euforia, los nervios de un superclásico. Como un presagio del destino, su reemplazante, ese día, fue un muchachito esmirriado, tímido. Con el tiempo devino heredero de gambetas y caños del hombre que, alguna vez, también fue un muchachito esmirriado, tímido.

Pasaron quince años de aquel cambio, de esa alegoría de la herencia futbolera. Como una verdad revelada, el señor fútbol se dejó reemplazar por el que, al cabo, se erigió en el mejor jugador de la historia de Boca. El 25 de octubre de 1997 Diego Maradona fue reemplazado por Juan Román Riquelme. Ese día, la realidad empezó a contar un cuento.

Un sentimiento. Ninguna biografía sobre Riquelme puede obviar la frase. “Riquelme está feliz” es marca registrada. El hombre que habla en tercera persona hace jugar a Boca en primera persona: su persona. Es el eje, el futbolista franquicia, la bandera del club. Navarro Montaya era el arquero de la versión de Boca en la que debutó Román. Desde España, Mono lo elogia: “Lo ves jugar y te sensibiliza, te emociona. Es un jugador que marcó una época; ésta es la era de Román”. Y retoma el concepto de la frase endémica con la que Riquelme hasta grabó una publicidad. “Se lo ve feliz”, remarca Navarro Montoya, que dice que para Boca “no hay nada mejor que esté feliz el mejor”. Idolo al punto de ya contar con estatua sin haber dejado de jugar, Riquelme es un refutador de leyendas. Su doctrina de jugador salmón, de ir contra todas las corrientes, le permite desterrar la frase que alguna vez soltó el entrenador José Barreiro cuando dirigía a San Lorenzo en la década del 60: “El jugador que no se ríe con la cara no se ríe con los pies”. Se sabe, Riquelme puso el fútbol patas para arriba.

La galería de ídolos de Boca ubica entre sus piezas de colección a Antonio Rattín. Como personaje, lo retrató musicalmente el grupo de rock Los Twist: “Rattín, Rattín, el mejor 5 del país”. El hombre que es un símbolo de Boca y fue capitán de la Selección argentina en el Mundial de Inglaterra ’66 se cruzó con Riquelme el lunes pasado, en un evento solidario organizado por el club xeneize: “Román, te pido que juegues regular. Con eso yo ya me siento tranquilo”. Rattín le explica al diario PERFIL: “Entendés lo que es eso; le pedí que jugara regular, le sobra con eso. Si juega bien, ni hablar”. Dice Rattín que Riquelme, el de gesto serio, se rio.

Único. Si Riquelme es o no el mejor futbolista de la historia de Boca depende de por qué costado se haga la subjetiva medición. En su currículum tiene anotados diez títulos, 82 tantos y la condecoración de haber sido el máximo goleador de su equipo en la Copa Libertadores que obtuvo Boca en 2007. Números, cáscara; el envase de un futbolista esencial: “Los jugadores son recordados por cómo jugaban, no por los títulos”, teoriza Navarro Montoya. Riquelme juega y gana prestigio a pesar de su edad. Dentro de dos semanas será su 34ª cumpleaños. Feliz.

Martín Caparrós se define como escritor e hincha de Boca. En una estrevista concedida hace tres meses a PERFIL, quien clasifica al fútbol como la “salvajería feliz” opinó del diez: “En un universo de pataduras y picapiedras hay un tipo que cuando para la pelota, cuando mira y hace la jugada que nadie había imaginado antes que él, marca una diferencia extraordinaria”. Riquelme, el que mejor juega al juego de la salvajería feliz, es feliz. Habló con los pies en el emblemático caño a Yepes, en los tiros libres, en los pases, en el pase a Palermo desde sesenta metros en la final de la Intercontinental frente al galáctico Real Madrid y, también, en el último pase a Cvitanich ante Godoy Cruz.

El día que debutó, la gente coreó su apellido. El flaquito que Carlos Bilardo ubicó a jugar por la banda derecha les cayó en gracia a los hinchas en su bautismo; un milagro profético que se consolidó con el tiempo. Una vez, en la Bombonera, se juzgó la idolatría entre Riquelme y Maradona: ganó Román. El 5 de marzo de 2009, Diego, entonces DT de la Selección, había opinado: “Riquelme me sirve si está bien físicamente”. Otro marzo, el de este año, Maradona reconoció: “Estando bien Riquelme, Boca puede ganar todo”.

Reconocimiento. “¿Quién sabe si es el mejor de la historia? No es una pregunta fácil”. Mario Zanabria, enganche de Boca entre fines de los 70 y principios de los 80, nombra a Riquelme. Y a Angel Clemente Rojas. Y a Maradona. “La historia es muy grande”, se excusa para no limitarse a un nombre. Pero del actual diez de Boca puntualiza: “Es distinto y, más que habilidoso, es un jugador con un talento sin límites”. El que no duda es Rojitas, el gran competidor de Riquelme entre el gusto de los hinchas: “Román es el mejor de la historia”. Elegante, el que se ríe con los pies devolvió: “Mi papá me contó que Rojitas fue el mejor”.

Un emblema del hincha es el Tano Pascual. Personaje del mundo Boca, tiene el aval del DNI para opinar con conocimiento. Con 80 años, sigue a su equipo desde la década del 40. Juez de la tribuna, sentenció ante Olé: “El mejor de la historia es Riquelme”.

Jorge Ameal fue el artífice de la renovación de su contrato por cuatro años. Fue antes de la elección que, finalmente, ganó Daniel Angelici. Por entonces, el ahora presidente se negaba a la renovación. Ameal saca pecho ante este medio: “Quizá cometa una injusticia, pero me quedo con Riquelme. Tiene un GPS en la cabeza; es el mejor de todos”.

Silvio Marzolini no asegura lo mismo que el ex titular de Boca, pero aclara: “Hoy no hay nadie como él”. Y antes de cortar telefónicamente con PERFIL, suelta: “Ojalá que Riquelme siga feliz”. Marzolini se rio.

(*) Nota publicada en la edición impresa del Diario Perfil

Según la encuesta que realizó 442, un 47% de los hinchas opinaron que Riquelme es el mejor de la historia de Boca, seguido por Palermo (17%), Maradona (13%) y Rojas (12%).

Los resultados completos de la votación

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