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03/02/2017

El riesgoso Super Bowl y la suerte de los argentinos

El domingo, New England Patriots y Atlanta Falcons animarán el Super Bowl. / AP

El domingo se jugará la final del fútbol americano, uno de los deportes más populares y que más lesiones generan en los Estados Unidos.

“It’s not whether you get knocked down, it’s whether you get up. (No es sobre si te noquean, es sobre si te levantas.)” Vince Lombardi, entrenador emblemático de la National Football League (NFL)

El domingo es el Super Bowl, la gran final anual del fútbol americano: momento cúlmine para el más popular evento deportivo de los Estados Unidos. Hubo un tiempo donde ser futbolista era un privilegio. Mientras los padres aceptaban gustosos que sus hijos eligiesen el camino del profesionalismo, la sociedad consideraba que la hegemonía del deporte no sólo no corría peligro sino que crecería “ad eternum”.

Así era el fútbol americano, hasta hace una década. Pero fue la evolución de la sociedad y la toma de conciencia sobre la salud futura del atleta, lo que terminó condicionando su desarrollo: las catastróficas consecuencias sufridas por los futbolistas retirados, debido a la postura oposicionista de la Liga y sus negligentes cuidados, sumado al aluvión de demandas legales y la “mala publicidad”. Todo esto contribuyó para la merma en la cantidad de jóvenes que practican el deporte y, también, en las audiencias televisivas.

“Es triste decirlo pero yo (a mi hijo) no lo dejaría jugar. Y eso que toda mi vida fue el fútbol. Creo que el riesgo es mucho mayor que la recompensa”, declaró hace un par de años Mike Ditka, histórico entrenador de los Chicago Bears y miembro del Salón de la Fama, generando una profunda controversia, que hizo tambalear los cimientos de la Asociación. El debate sobre dejar o no dejar jugar, fue tal que hasta el propio Barack Obama, siendo todavía presidente de los Estados Unidos, llegó a decir que si tuviese un hijo varón no se lo permitiría.

A comienzo de la temporada, el comisionado de la NFL Roger Goodell, emitió un comunicado detallando las grandes reformas del juego que se planificaban “como resultado de muchas horas de discusión entre los propietarios de las franquicias, porque consideraban como aspecto primordial la salud física a corto y largo plazo de sus mil ochocientos jugadores activos”. Informó, a su vez, que las modificaciones serán implementadas de manera progresiva en el transcurso de los próximos seis años.

Intentando dar respuesta a las objeciones y planteos, en las medidas han buscado un correlato científico que las justifique. Por ejemplo, como las estadísticas muestran que las probabilidades de lesión aumentan con la edad, irán procurando el retiro de los jugadores mayores de 28 años. Esto desencadenaría la jubilación anticipada de algunos de los quarterbacks más famosos. La edad media actual de los planteles es de 25.2 años y buscarán que en seis años no supere los 24.4 años, esperando que disminuya, consecuentemente con esta medida, la tasa de lesiones.

A su vez, también, se irán reduciendo el total de partidos disputados por año: de cuatro a dos en pretemporada y de dieciséis a catorce en temporada regular, lo cual generará que un futbolista llegue a disputar un máximo de veinte partidos en una temporada ideal: 2 de preparación, 14 regulares, 2 de playoffs, el Pro Bowl (juego de las estrellas) y el Super Bowl.

No sólo evalúan reducir la cantidad de partidos, también la duración del juego (de sesenta minutos a cincuenta y cuatro primero y, después, tal vez, a cuarenta y ocho) debido a que se observó que en los últimos doce minutos de juego, hay un 18% más de lesiones. Por su parte, también, se cree que los partidos son tan largos que son contraproducentes para las transmisiones televisivas. E incluso se fomentará la reducción de peso y altura promedio de los jugadores, favoreciendo un juego más rápido y ágil, y menos friccionado.

Además de la patología del futbolista, como asunto de Salud Pública está “la patología del espectador”. Resulta que está comprobado que en los Estados Unidos, el domingo del Super Bowl, es un día problemático para los hospitales: aumentan desde el número de accidentes (en muchos casos por ebriedad), hasta las muertes por causas cardiovasculares y respiratorias (en el hemisferio norte son las semanas más crudas de invierno), sin omitir también las consultas por problemas gastrointestinales.

Anteriormente, ya se ha desarrollado el vínculo que existe entre los eventos deportivos estresantes y los infartos pero resulta llamativo lo que descubrieron y publicaron un grupo de investigadores conducidos por C. Stoecker, NJ. Sanders y A. Barreca en el “American Journal of Health Economics”, en un artículo titulado: “Success Is something to sneeze at: Influenza mortality in cities that participate in the Super Bowl”. Usando las estadísticas vitales de los Estados Unidos desde 1974 a 2009, compararon anualmente las tasas de mortalidad por influenza de aquellos municipios con equipos que participaron del Super Bowl en relación a los que no lo hicieron, descubriendo que hay un aumento del 18% en la tasa de mortalidad de la población mayor de 65 años.

También se detectó, por medio de un estudio realizado por el Ministerio de Seguridad de California, que el número de accidentes vinculados al exceso de alcohol durante el domingo del Super Bowl, es un 57% mayor al de cualquier otro domingo en Los Ángeles y un 117% mayor, en San Diego. El estudio analizó los accidentes ocurridos entre las 5 PM del domingo y las 4 AM del lunes, durante cada partido del Super Bowl entre 2009 y 2013.

El domingo, a las 18:30hs de Houston, New England Patriots y Atlanta Falcons disputarán la 51° edición del Super Bowl. Mientras en los Estados Unidos puede ser un día problemático, en la Argentina puede ser una bendición. En momentos donde el retorno del fútbol es incierto, sentarse a ver la versión norteamericana puede servir como el parche de nicotina para dejar de fumar. No es lo que consumimos por placer, pero puede ayudar a combatir el síndrome de abstinencia.

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