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25/03/2017

Eliminatorias: la alegría es solo brasileña

Brasil avanza a paso arrollador desde que asumió Tite. / AP

Mientras que la Argentina de Bauza no entusiasma y depende de Messi, el equipo de Tite brilla y golea: lleva siete triunfos seguidos.

El yin y el yang. La recuperación de la identidad o el fin de la historia. El jogo bonito o la ironía retórica: el partido “brillante” o “10 puntos” que Edgardo Bauza usó como escudo de las críticas que empezaban a llegarle. Brasil y Argentina, que hace un año compartían el mismo camino de cornisa hacia el Mundial de Rusia, hoy están lejísimos, incluso más de lo que marca la tabla de las Eliminatorias: uno transformó insultos en elogios, y el otro encontró un alivio que sólo es numérico.

El proceso es parecido aquí y allá. Parecido al menos en los tiempos. Porque a mitad del año pasado, las dos selecciones se quedaron acéfalas. Dunga se fue de Brasil luego de quedar eliminado en la fase de grupos de la Copa América de Estados Unidos. Gerardo Martino, en cambio, llegó a la final de ese torneo, pero perdió contra Chile por penales. Sin embargo, su renuncia se debió a la crisis de la AFA: días antes de los Juegos Olímpicos, no sabía si llegaba a conformar un plantel entero.

Vinieron, entonces, nuevos tiempos. Tite dirigió su primera práctica el 30 de agosto de 2016. Unas horas antes, Bauza había hecho lo mismo pero en Ezeiza, donde inició su ciclo como técnico de la selección argentina. Fue la última coincidencia entre ambos: con el correr de los partidos, la historia los distanció. Los dos dirigieron siete partidos por Eliminatorias. En menos de un año, el brasileño invirtió la imagen de la verdeamarela: convocó a nuevos jugadores, fortaleció el juego colectivo y potenció a Neymar, que había amenazado con renunciar al equipo bajo la gestión de Dunga.

Bauza, en cambio, agudizó su estirpe de técnico pragmático. Hizo que el equipo escalara posiciones en la tabla, es cierto, pero empeoró su nivel. Su estrategia, en los últimos partidos, quedó reducida a dársela a Messi. El resultado depende de cómo Messi juegue. O de cómo Messi decida. No hay juego asociado, no hay pases, no hay conexión entre el medio y la delantera, y ni siquiera hay solidez defensiva, una de las especialidades del DT. Las posiciones engañan a primera vista: Bauza, de esa manera, logró los puntos necesarios para que Argentina entrara en zona de clasificación.

Opuestos. La frase del maestro Tabárez luego del 1-4 en el Centenario sirve para ilustrar el momento brasileño. “Me quedé mucho tiempo pensando cómo parar a Brasil”. Mientras Tabárez pensaba, Brasil dejaba a Montevideo en silencio. Neymar volvió a brillar, hizo un gol antológico, y Paulinho se consolidó como otra de las estrellas con tres goles (uno de pecho). Al mismo tiempo, Argentina sufría en el Monumental para ganarle a un Chile diezmado. El Río de la Plata dividía los momentos de las dos selecciones.

Desde que Tite se sentó en el banco de Brasil, su selección jugó siete partidos por Eliminatorias: ganó los siete. Convirtió 21 goles y apenas le hicieron dos. En ese período, Bauza muestra números más austeros: ganó tres encuentros, empató dos y perdió dos. Uno de esos fue contra Brasil: 0-3 en Belo Horizonte, en noviembre. Ahí, en esos noventa minutos, se condensaron las asimetrías entre uno y otro.

Pero si la estrategia de Bauza –al menos lo que se ve en cada partido– depende casi exclusivamente de Messi, la importancia de Neymar en el sistema brasileño también es decisiva: en los seis partidos que ha jugado bajo la conducción de Tite, Neymar logró cinco goles y dio seis asistencias. La diferencia con Messi y con Argentina es que, cuando no juega, Brasil muestra otras cartas.

(*) Esta nota fue publicada en el Diario PERFIL.

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