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29/12/2014

El año que Boca vio cómo los demás festejaban

Bianchi dirigió más de la mitad del año hasta que llegó Arruabarrena, quien vio como Gallardo festejaba en la Sudamericana. // CEDOC

El 2014 terminó sin títulos para el Xeneize. Como si fuera poco, River, San Lorenzo y Racing dieron la vuelta olímpica. Además, no ganó ningún superclásico.

Boca había apostado todo a la grandeza de Carlos Bianchi, como un superhéroe que con su sola presencia iba a atraer logros, pero el Virrey nunca le encontró la vuelta al equipo y los dirigentes lo terminaron despidiendo después de la derrota categórica por 3 a 1 ante Estudiantes por la cuarta fecha del Torneo de Transición. En su tercer ciclo como DT, sobre 74 partidos disputados consiguió 26 triunfos, 22 empates y 26 caídas, números muy lejanos a sus pasos anteriores repletos de gloria.

Los dirigintes intentaron satisfacer a Bianchi en todos sus pedidos. A principio de año llegaron Hernán Grana y Juan Forlín para afianzar una defensa que hasta el momento no había sido segura. Con jugadores consagrados como Juan Román Riquelme, Fernando Gago, Cata Díaz y Agustín Orion; más el peso de la historia y de la camiseta; Boca empezó 2014 siendo candidato.

El 3 de enero inició la pretemporada en Buenos Aires con mucha expectativa, la que seguía generando el entrenador más exitoso de la historia del club, incluso después de un 2013 bajo su dirección con resultados negativos como el decimonoveno puesto en el Torneo Final con 18 puntos. En la primera competencia de este año, el subcampeonato terminó maquillando una irregular producción del equipo gracias a las cinco victorias consecutivas en la últimas fechas, cuando ya las chances matemáticas de salir primero eran casi imposibles.

El simpatizante Xeneize debió conformarse con festejar el Día del hincha

El Mundial de Brasil entregaba un tiempo más para descansar y para trabajar pero ni eso ni los buenos refuerzos como Andrés Chávez, Federico Carrizo y Jonathan Calleri entre otros, ayudaron a enderezar el rumbo. Ya sin Riquelme en el plantel, eliminado de la Copa Argentina en el primer partido y tras conseguir sólo 3 puntos sobre 12 disputados, Carlos Bianchi dejó de ser intocable cuando Daniel Angelici le comunicó que la Comisión Directiva había decidido rescindirle el contrato.

Tres días después, Rodolfo Arruabarrena debutaba en la victoria ante Vélez por 3 a 1 en la Bombonera. Con la llegada del Vasco mejoraron el juego y la confianza. El equipo se hizo más combativo para recuperar la pelota y más agresivo para atacar, especialmente jugando de contraataque. Se mantuvo expectante en el torneo local hasta las últimas jornadas y fue avanzando de fase en la Copa Sudamericana, sufriendo mucho y necesitando de la tanda de penales ante el humilde Deportivo Capiatá paraguayo pero también teniendo actuaciones lucidas como contra Rosario Central en Buenos Aires y Cerro Porteño en Asunción.

Ese buen andar lo clasificó a una semifinal continental ante el rival de toda la vida. La mística y los antecedentes coperos en los superclásicos convertían a Boca en favorito aunque su actualidad futbolística era inferior a la de River. El empate en la Bombonera y la derrota en el Monumental no sólo significaron la eliminación de la Copa Sudamericana. Esos dos partidos completaron la penosa estadística que señala que Boca no pudo ganarle a River en ningunos de los ocho partidos que se enfrentaron en todo el año. Fueron cuatro triunfos para el Millonario e igual cantidad de empates, incluyendo amistosos, torneos locales e internacionales.

Luego de la eliminación sólo hubo tiempo para el empate con Lanús y la derrota ante Gimnasia, pero el año de Boca ya había terminado ese 27 de noviembre cuando Emmanuel Gigliotti erró un penal en la primera jugada del partido y minutos más tarde Leonardo Pisculichi hizo delirar a todo Núñez.

River terminó consagrándose en la Copa Sudamericana como ya lo había hecho en el Torneo Final y en la Copa Campeonato. San Lorenzo consiguió la primera Libertadores de su historia, Racing volvió a ser campeón tras 13 años, Huracán se quedó con la Copa Argentina además de regresar a Primera División, Vélez había empezado el año obteniendo la Supercopa Argentina y hasta Independiente pudo desahogarse tras lograr el sufrido ascenso. El simpatizante Xeneize debió conformarse con festejar el Día del hincha. Demasiado poco para un club tan grande.

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