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14/04/2019

Esos raros colores nuevos

Boca jugó contra la Univesidad de Chile por la Libertadores de 1963 con la camiseta de Milan. // CEDOC.

La camiseta es sagrada. Pero a veces lo sagrado baja a lo terrenal y hay que improvisar, resolver el obstáculo ocasional. Los casos de Atlético Tucumán, Vélez y Boca.

La camiseta es sagrada, dicen por ahí. Pero a veces, muy cada tanto, lo sagrado baja al llano, a lo terrenal. Y lo terrenal, sabemos, implica lidiar con algunos problemas. Entonces, hay que improvisar, ensayar sobre la marcha, resolver el obstáculo ocasional.

A Atlético Tucumán le pasó hace poco, cuando contrató un charter de Mineral Airways que no estaba autorizado para volar en Ecuador y subió de apuro a otro avión que lo llevaba de Guayaquil a Quito para jugar con El Nacional. El problema fue que viajó sin la utilería.

Con un poco de improvisación, un poco de suerte y un poco de ayuda de la embajada argentina en ese país, el club tucumano jugó con la camiseta de la Selección Sub 20, que estaba en esa ciudad por el Sudamericano de la categoría. Además de las remeras, el equipo juvenil debió prestar botines, medias, pantalones, canilleras, vendas y todo lo necesario para afrontar un partido profesional.

En el recuerdo de los tucumanos todavía está ese encuentro, que empezó una hora y media después de lo pautado, con el club local pidiendo los puntos, la Conmebol pidiendo que se entienda la contingencia y los jugadores pidiéndole a Dios que el micro no chocara: iba del aeropuerto al estadio a 130 kilómetros por hora. El final fue feliz: los tucumanos ganaron con un gol de Zampedri, que tenía la 9 de Lautaro Martínez.

Pero esto, que pasó en febrero de 2017, tiene episodios parecidos y más lejanos. Vélez, por ejemplo, jugó en 1998 contra Olimpia por la Copa Mercosur con la camiseta de Cerro Porteño. Aunque ahí no hubo problemas de aviones ni de horarios. Los dos clubes querían jugar con su camiseta titular, algo que era imposible por su parecido (blanca con la v azulada de un lado, blanca con la franja negra del otro).

Olimpia no quiso ceder –algo que debía hacer por obligación– y el club de Liniers encontró una solución que para muchos fue también una provocación: jugar con la de Cerro Porteño, el archirrival y el otro club grande de Paraguay. El partido terminó 2-1 a favor de Olimpia, con dos goles de un joven que más tarde sería conocidísimo en todo el mundo: Roque Santa Cruz.

¿Otro caso? Boca, aunque hoy por hoy resulte insólito, jugó un partido contra la Univesidad de Chile por la Libertadores de 1963 con la camiseta del Milan. Y no fue porque no llegó la utilería ni porque no se pusieran de acuerdo con el club chileno. Fue un acto de agradecimiento a los rossoneri, que el año anterior habían comprado al peruano Víctor Conejo Benítez, con el cual se consagraron campeones de Europa ante el Benfica de Eusebio.

El Milan había mandado a La Boca un juego de camisetas, y Boca las usó en el primer tiempo contra la U. En el segundo, nadie sabe bien por qué, el Xeneize la cambió por una de color amarillo. Aquel partido, en el que Boca recordó por un ratito su origen italiano, lo ganó 1 a 0.

* Nota publicada en el diario Perfil.

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