Gianluca Prestianni y Vinicius Júnior Foto: AFP
Crisis internacional

Racismo en el fútbol: los casos que marcaron a Argentina y al mundo y por qué el problema sigue vigente

El racismo en el fútbol genera sanciones, protocolos y debates globales. Un recorrido por los casos que marcaron a las principales ligas del planeta.

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miércoles 22 de julio de 2026 | 10:44

El racismo reapareció con fuerza en los debates rodeados fútbol durante las últimos días, generando, post Mundial, una ola de opiniones que muestran la gravedad del asunto, la lentitud de castigos y la poca información que hay al respecto. Las agresiones verbales y los gestos discriminatorios trascendieron el ámbito estrictamente deportivo para convertirse en un problema estructural que hace tiempo moviliza a futbolistas de elite en reclamo de medidas más severas.

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La dimensión institucional cambió radicalmente con los sucesos sufridos por Vinícius Júnior en España. El delantero del Real Madrid padeció reiterados ataques xenófobos en diversos escenarios de LaLiga, siendo el partido disputado en el estadio Mestalla de Valencia en mayo de 2023 el momento crítico que dinamitó el debate público en el territorio europeo.

La repercusión global del caso Vinícius obligó al gobierno español, a la Real Federación Española de Fútbol y a la propia institución presidida por Florentino Pérez a accionar judicialmente. Varios simpatizantes involucrados en los agravios fueron identificados, juzgados y condenados penalmente por delitos contra la integridad moral con motivaciones racistas, sentando un hecho inédito en el deporte español.

No solo es un crack mundial, sino también entra en la categoría de jugadores soberbios y provocadores, pero siempre dentro del plano deportivo. El racismo es penado por ley en España y se castiga como delito de odio y discriminación, contemplando penas de prisión de hasta 4 años, inhabilitación y multas económicas para quienes inciten al odio, la violencia o discriminen por motivos racistas

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Mucho antes de ese episodio, otro brasileño ya había convertido el racismo en un tema de discusión mundial. En abril de 2014, Dani Alves recibió el lanzamiento de una banana desde la tribuna durante un partido entre Barcelona y Villarreal. Lejos de detener el juego, el lateral agarró la fruta, le dio un mordisco y tiró el córner con total naturalidad. La imagen recorrió el planeta y dio origen a la campaña #SomosTodosMacacos, impulsada por compañeros, deportistas y celebridades como un símbolo de rechazo a la discriminación racial en el deporte.

La problemática también afectó con crudeza a otros torneos europeos, como la Serie A italiana. Futbolistas como Romelu Lukaku, Mario Balotelli y Kalidou Koulibaly sufrieron constantes cantos imitando sonidos de simios por parte de facciones ultras, generando sanciones económicas menores que los organismos de disciplina aplicaron de forma reiterada a los clubes infractores sin lograr disuadir las conductas.

Tras la final de la Eurocopa 2021 disputada en Wembley, los futbolistas ingleses Marcus Rashford, Bukayo Saka y Jadon Sancho recibieron una ola masiva de insultos racistas en redes sociales tras errar sus penales en la definición ante Italia. La cadena BBC informó en su momento que la policía británica arrestó a varios usuarios por verter comentarios de odio tipificados como delitos informáticos graves.

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En 2026, el argentino Gianluca Prestianni también quedó en el centro de la escena tras ser acusado de realizar un comentario de tinte racista contra Vinícius durante un partido internacional. La investigación derivó en una sanción deportiva y en la implementación de un nuevo protocolo disciplinario que en el ambiente pasó a conocerse informalmente como la "Ley Prestianni". La normativa endureció las penas por conductas discriminatorias y penar aquellos que agredan verbalmente y se tapen la boca para hacerlo. 

El racismo sigue existiendo en todo el mundo y el fútbol no solo es un deporte, sino un ecosistema que reúne a millones de personas de distintas culturas, nacionalidades y realidades sociales. Por su alcance global, cada episodio discriminatorio trasciende el resultado de un partido y se convierte en un reflejo de una problemática que excede ampliamente a las canchas. Los avances en materia de sanciones y protocolos representan un paso importante, pero los casos registrados en los últimos años demuestran que la lucha está lejos de terminar. El verdadero desafío ya no pasa únicamente por castigar a los responsables, sino por construir un ambiente en el que el respeto deje de ser una excepción para convertirse en la regla.

LT.