martes 28 de septiembre de 2021
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OPINIóN | 04-07-2015 12:56

Cuando Jorge Sampaoli era bancario

En Casilda y Arequito, donde empezó su carrera, lo recuerdan como un profesional en el fútbol amateur. Su perfil obsesivo y súper exigente.

Una tarde de noviembre de 1991, los dirigentes de Alumni de Casilda estaban desencajados. El equipo venía de perder, en su cancha, 3-0 la ida de la final del campeonato contra Huracán de Chabás, y el técnico se había ido del pueblo por problemas familiares. El plantel quedó acéfalo. Sergio Abdala y la comisión de fútbol agarraron lo que tenían a mano: hablaron con “el Zurdo”, experimentado volante central del club, que también se hacía cargo del entrenamiento físico de los jugadores, para que se ocupara de la parte táctica durante la semana previa al desquite.

El Zurdo, que ya estaba pelado, aceptó el desafío. Focalizó en la cuestión anímica: convenció a futbolistas y dirigentes de que podían dar vuelta la serie. El DT regresó el domingo y dirigió. En Chabás, para la revancha, los esperaban con 60 lechones para festejar el campeonato: a Huracán, con un empate, le alcanzaba. Los tuvieron que congelar: Alumni, con el “Zurdo” en cancha, ganó 1-0. Una semana más tarde, salió campeón en un tercer partido que se jugó en cancha neutral.

El Zurdo era Jorge Sampaoli.

Antes de ganar la Copa Sudamericana con la Universidad de Chile, dormir en un cuartel de bomberos en Perú, y conocer a un fisioterapeuta cubano en Ecuador que todavía trabaja con en su cuerpo técnico, Sampaoli ya vivía para el fútbol. En Casilda, su pueblo, lo sabían todos. Siempre trabajó en un banco. Cuando se retiraba, después de las 13, nadie lo encontraba: se subía al auto y manejaba 50 kilómetros hasta Rosario para hacer el curso de director técnico en Renato Cesarini. Allí, dicen, se metía en las canchas a ver entrenamientos y charlar con entrenadores. Si lo encontraban en Casilda, era corriendo en el campo con un walkman con el que escuchaba conferencias de prensa de Marcelo Bielsa, su único referente.

Pequeño gran DT. Sampaoli asumió como técnico de Alumni en 1994. En el plantel eran todos juveniles que se entrenaban cuatro veces por semana, a la tarde. Aspiraban, como mucho, a llegar a cuartos de final. El primer día que llegó, los sentó a todos: “Vamos a entrenar de martes a sábado y doble turno. Los que quieren estudiar, váyanse: no sirven para el fútbol”, les dijo.

El Alumni de Sampaoli jugaba como Chile. Presión alta, tres delanteros, salida desde el fondo. Con un equipo repleto de chicos, llegó a dos finales seguidas: las perdió contra 9 de Julio de Arequito. En la revancha del segundo año, lo expulsaron apenas empezó el partido. Se colgó de un árbol y, con lentes negros y un look parecido a Luca Prodan, siguió dando indicaciones. Un fotógrafo del diario La Capital lo fotografió. Eduardo López, en ese entonces presidente de Newell’s, vio la imagen. Y lo marcó: años después, lo llevaría a Argentino de Rosario. Sampaoli, en su paso por Alumni, jamás cobro un peso.

Belgrano de Arequito necesitaba salir campeón. 9 de Julio, su clásico rival, venía de dar tres vueltas olímpicas consecutivas, mientras ellos, en 1996, acumulaban 19 años sin festejar. Llamaron al Zurdo, el entrenador que los había eliminado en semifinales en el torneo anterior. Le ofrecieron un contrato promedio: a plata de hoy, cerca de 12 mil pesos para todo el cuerpo técnico. Sampaoli fue a buscar a los mejores jugadores de la liga de Casilda. Armó una selección. Implementó el entrenamiento en doble turno. “Era un profesional en el fútbol amateur”, dice Juan Ignacio Augusto, vicepresidente del club.

Sampaoli, en marzo, tenía planificado el año completo. Todos los jueves, el equipo viajaba a Rosario para jugar un amistoso con algún equipo de la liga rosarina. Los dirigentes salían de sus trabajos y ponían sus autos para llevar a los jugadores, que tenían que pedirles permisos a sus jefes. Si no alcanzaban, el club pagaba remises. No había plan B, ni negociaba: “Ser dirigente con él era insalubre, pero los domingos entendías el sacrificio”, recuerda Augusto.

En las charlas técnicas, pintaba los partidos. Conocía a todos los jugadores del campeonato: “El 7 de Aprendices sale siempre para adentro”, les indicaba. Una vez, mandó a un camarógrafo a ver a un rival. Le dio una sola orden: “No filmes la pelota, filmá cómo se paran los jugadores”.

Belgrano, ese año, salió campeón de punta a punta. Todavía se acuerdan de cómo jugaba ese equipo del Zurdo.

En Casilda están divididos. La mayoría quiere que gane Lionel Messi. Pero un grupo tira por Sampaoli, el pelado que va a todos los homenajes que le hacen en su pueblo. Sin embargo, la parte gruesa de sus fanáticos más fieles, está en Santiago de Chile: el Zurdo invitó a 20 amigos –entre ellos, Abdala– para que lo acompañen en el momento más importante de su carrera.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil

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