Más allá de la actitud irracional de los violentos que arrojaron piedras al micro del plantel de Boca y le arruinaron la fiesta a más de 60 mil hinchas genuinos de River y a millones de amantes del fútbol en el mundo entero, si hay algo que quedó en evidencia (independientemente de las simpatías políticas) es que el operativo policial fue un fracaso por donde se lo analice y la prevención para evitar incidentes no estuvo a la altura de una final de Copa Libertadores entre dos clubes con tanta rivalidad.
Y aunque después de lo ocurrido el sábado 24 de noviembre en la esquina de Libertador y Monroe no dejaba margen para la duda, esta vez sí la Policía tomó todos los recaudos, marcó una fuerte presencia e incrementó la distancia entre los hinchas y el micro del plantel visitante.
Claro, la rivalidad con Gimnasia no se asemeja ni un poco a lo que se vive con Boca, la trascendencia del partido era muy distinta y la cantidad de hinchas mucho menor. Por eso, esta vez la Policía se llevó los aplausos de los presentes, aunque dio toda la sensación que fueron en tono irónico.
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