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10/03/2012

Automovilismo

Advertencias por el TC 2000 callejero

Los autos y el Obelisco de fondo / www.cosasdeautos.com.ar

La Comisión de Lugares Históricos de la Ciudad pide cambiar el circuito ante eventuales daños por las vibraciones de los autos.

Mientras avanzan los trabajos para convertir el Centro porteño en una pista de TC 2000, crecen las advertencias sobre los daños que la carrera podría causar en los edificios centenarios que pueblan el casco histórico. A sólo tres semanas de que arranquen los motores (el 31 de marzo), la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos envió una carta a Mauricio Macri para pedirle que revea el recorrido porque consideran que las vibraciones podrían arruinar el Cabildo.

El circuito pactado entre el Gobierno, la organización del TC 2000 y la productora encargada del evento (R2) comprende las avenidas avenidas de Mayo, 9 de Julio y Diagonal Norte. Por eso, el temor de la Comisión que cuida los monumentos, y de otros expertos en patrimonio, es que las vibraciones de los autos de alta competición puedan generar rajaduras en fachadas o cimientos en edificios construidos cuando ni siquiera existían los motores a combustión.

Entre las construcciones que considera que pueden presentar mayores riesgos figuran también la Manzana de las Luces, la Casa de la Cultura (ex edificio de La Prensa) e incluso el Teatro Colón. Para graficar la fragilidad de los edificios, los proteccionistas recuerdan que en 2003, se cambiaron los recorridos de 9 líneas de colectivos para evitar que dañaran las construcciones de la zona.

A pesar de las advertencias, desde la Subsecretaría de Deportes descartaron que vaya a cambiarse el circuito pautado. “Las vibraciones que se produce en un día normal, por el subte y el tránsito, son diez veces superiores a las que se generan en una carrera de 25 autos”, indicó su titular, Francisco Irarrázaval.

También descartó que se coloquen silenciadores para mitigar el sonido de los motores. “El ruido es una parte fundamental del espectáculo, es como el canto de las hinchadas en un partido de fútbol; callarlo sería como ir a ver un Boca-River con el estadio vacío”, graficó. Según informó, habrá topes de velocidad para que los vehículos no excedan los 190 kilómetros por hora.

Los autos que correrán por las avenidas son de una categoría nueva con motores de mayor cilindrada, conocida como Super TC 2000. “Es lo más parecido que hay al rugido de un Fórmula 1”, lo describió uno de los organizadores.

En el Gobierno porteño aseguraron que ya se realizaron todas la pruebas para garantizar la seguridad del evento, tanto para el el público como para el patrimonio. Y que el recorrido fue aprobado por la Federación Internacional del Automóvil (FIA).

Para la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, las medidas son insuficientes. “El interés de la FIA es que no ocurran accidentes, pero no se preocupa por el mantenimiento de los edificios”, alertó el Defensor Adjunto, Gerardo Gómez Coronado, encargado del área de preservación patrimonial.

Se espera que asistan al espectáculo cerca de medio millón de personas, y la productora invirtió cerca de $ 18 millones, de los cuales la mitad corresponden al armado de la pista. La esperanza es que el negocio se mantenga en el tiempo: el contrato firmado con el Gobierno tiene una duración de cinco años. En menos de un mes se sabrá si el efecto sobre el patrimonio lo permite.

Falta estudio de impacto ambiental. Aunque el Gobierno y la productora afirman que se realizaron todas las pruebas para evitar daños en el patrimonio, fuentes de la Agencia de Protección Ambiental (APRA) dicen que nunca recibieron los estudios de impacto. Más aún, el expediente ni siquiera fue abierto.

Según especifica la ley, es la Agencia Gubernamental de Control la que debe autorizar la realización de eventos públicos. Pero la APRA es la encargada de aprobar o rechazar las pruebas que debe realizar la empresa organizadora.

Funcionarios del organismo se reunieron el 2 de diciembre pasado con autoridades de la empresa para explicarles los requisitos que debían cumplir. Se trata fundamentalmente de tres puntos: un estimativo del nivel de ruido de fondo durante la carrera, un mapa sonoro para ver las zonas más afectadas, y la instalación de medidores de decibeles durante el evento para determinar si se cumplieron los parámetros. En las oficinas de la APRA estiman que el estudio ya debería estar en marcha. La ley no dice nada acerca de las vibraciones, el principal factor de riesgo para los edificios.

(*) Nota publicada en la edición impresa del Diario Perfil

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