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29/09/2018

Boca: una semana de furia

Boca pasa por una mal momento y tiene la oportunidad de reponerse ni más ni menos que en la Libertadores. // FotoBaires.

Luego de perder con River y de quedar afuera de la Copa Argentina con Gimnasia, el DT esta en la mira. Todos coinciden en el diagnóstico: juega mal y le falta actitud.

Es ingrato ser técnico de Boca. Porque en términos estadísticos, la discusión sobre las condiciones de Guillermo Barros Schelotto podría terminarse cuando se repasa quién ganó las últimas dos Superligas. O cuando se advierte que hasta hace un mes –¡un mes!–, su equipo llevaba 46 fechas consecutivas –617 días, casi dos años– como líder del fútbol argentino. Pero eso evidentemente no alcanza.

Está bien y está mal que así suceda. Está bien porque Boca es el club más poderoso de la Argentina, y eso genera más demandas que al resto. Pero está mal porque ante un traspié, o dos, acá estamos: hablando y escribiendo en los distintos medios, generando de una eliminación una gran historia en la que entran sus jugadores, el DT, su hermano y ayudante de campo, el padre del DT y del ayudante (que habló ayer), ex ídolos y, por supuesto, los hinchas.

Aunque por más que la prensa exagere, que una parte fabule o directamente invente, la historia de esta ingratitud también la construyen principalmente los protagonistas. Y todos –jugadores, técnico y dirigentes– coinciden en algo: Boca juega mal.

Algo que se agrava si se tiene en cuenta que el equipo incorporó jugadores de jerarquía indiscutida como Zárate, Villa, Izquierdoz o Andrada. Y que además no vendió a nadie. Y que además recuperó a su goleador, Darío Benedetto, luego de una rotura de ligamentos. Pero no. No hay caso: Boca juega peor que antes, cuando el banquete que tenía a disposición tenía menos variedad y calidad.

“Estoy preocupado porque estamos jugando mal. Confiamos en el plantel y el cuerpo técnico, pero estos partidos dejan una preocupación enorme”, lanzó ayer en radio La Red el presidente Daniel Angelici, en una versión edulcorada de lo que había hecho en marzo, cuando irrumpió en la práctica luego del 0-3 ante River por la Supercopa, les reprochó la tibieza con la que habían perdido el clásico en Mendoza y midió su latido patronal: “No me va a temblar el pulso si tengo que echar a alguien”.

Angelici ayer fue más cauto, pero se enfocó en lo que se enfocan todos: el equipo está enviando alertas en forma de actitud, nivel futbolístico y táctico. “Acá no se gana con la camiseta, se gana adentro de la cancha. No hicimos nada de lo que teníamos que hacer, el rival nos superó en actitud y eso no puede pasar”, se autoflageló Izquierdoz el jueves.

Todo, por supuesto, recae en el técnico. Porque además, el escenario se magnifica al compararlo con el rival eterno. En River, Marcelo Gallardo es Napoleón, un estratega que gana cada batalla importante.

En Boca, el Mellizo Guillermo es un capitán con su barco a la deriva. “Hace rato que no veo a Boca jugar tan mal. Hay que ver qué está pasando, así no podemos ir a Belo Horizonte”, dijo Angelici.

En Brasil, Guillermo podrá redimirse. O al menos encontrar algo de sosiego en la tempestad. Tendrá que acertar en lo que le reprochan: planear bien la estrategia y la táctica del partido, elegir bien los cambios, hacer que su equipo homologue –en juego y en actitud– su condición de campeón. Será el jueves contra Cruzeiro. Un duelo que podría decidir el destino del técnico. Y de muchos más.

(*) Nota publicada en el diario PERFIL.

CV

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