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09/10/2016

Decencia y ladrillos

El deplorable estado del Río Reconquista: uno de los tantos ejemplos de la falta de infraestructura que sufre el deporte argentino. //CEDOC

No existe un deporte que se pueda desarrollar sin un lugar donde practicarlo como corresponde. Se necesita una fuerte inyección en infraestructura.

Hace medio siglo, Dante Panzeri sentenci√≥ que al f√ļtbol argentino le hac√≠an falta ‚Äúdirigentes, decencia y wines‚ÄĚ. Aquella verdad de un pasado con reflejo de presente fue una de las miles que instal√≥ aquel hombre tan necesario para el periodismo como para el deporte. Es probable que detr√°s de sus innumerables historias repletas de enemigos canallescos se esconda una de las tantas razones por las cuales, pese a sus elocuentes e incuestionables denuncias, hoy estemos sustancialmente peor que entonces.

Le pasa al f√ļtbol, al cual siguen falt√°ndole hombres dignos y punteros h√°biles, veloces y conocedores del juego y encima le adosamos a los barras, esos due√Īos reales del asunto. Y le pasa al deporte argentino en general, al cual, con perd√≥n del parafraseo, le hace falta dirigentes, decencia y ladrillos.

Existen dirigentes capaces; siempre los hubo; siempre en franca minor√≠a. Hay nichos de decencia; s√≥lo nichos, como desde siempre. Y hay ladrillos; algunos; entra√Īables; insuficientes.

Hace menos de dos meses que terminaron los Juegos Ol√≠mpicos de R√≠o. Juegos castigados de prejuicio, infectado por augurios de cosas que jam√°s sucedieron. Hasta desde la Argentina llegaron advertencias sobre obras que no se har√≠an a tiempo, quejas sobre problemas de log√≠stica que no hubo y hasta denuncias sobre la presunta inhabitabilidad de una villa ol√≠mpica en la que, finalmente, vivieron todos. Siempre, bueno es aclararlo, fueron reclamos de los de afuera. De periodistas, del entorno, de alg√ļn oficial. Jam√°s de un deportista.

El recuerdo fresco de aquellos juegos y la multitudinaria presencia argentina en los distintos escenarios universaliza la discusión: díganme cuál de todos los estadios cubiertos utilizados en Río tiene su correlato en nuestro país. Cuéntenme si saben de dos o tres estadios que estén en mejores condiciones que, por ejemplo, la Arena do Futuro, la sede del handball olímpico destinada a ser desmontada inmediatamente después de las competencias.

Para cualquier país que aspire a tener un deporte competitivo o con pretensiones de desarrollo, los estadios cubiertos son tanto un termómetro de ambiciones como una necesidad imperiosa.

En t√©rminos de infraestructura, lo √ļnico que le sobra a la Argentina son estadios de f√ļtbol: dudo que exista en el mundo una ciudad en la que haya siete canchas con tribunas de distintas dimensiones como en el √°rea que abarcan Boca, Hurac√°n, Racing, Independiente, San Telmo, Arsenal y Dock Sud. Pocos d√≠as atr√°s, de regreso de la Copa Davis en Glasgow, tom√© conciencia de que, s√≥lo entre el Tom√°s A. Duco y el Libertadores de Am√©rica no hay mucho m√°s de sesenta cuadras.

Por lo dem√°s, ning√ļn deporte tiene lo que realmente se necesita para aspirar a un crecimiento sostenido. Y a disponer de un soporte fundamental para cualquier pol√≠tica deportiva que se quiera poner en pr√°ctica (seguimos a la espera).

No le pasa ni a la nataci√≥n ni, much√≠simo menos, al atletismo. No sucede con el b√°squet, ni con el v√≥leibol, ni con el handball. Ni siquiera le pasa al tenis, un deporte con m√°s de cuarenta a√Īos de suceso, jugado en distintos niveles por millones de argentinos, con un desarrollo constante a nivel de alto rendimiento y que tiene apenas un pu√Īado de canchas rigurosamente privadas donde jugar bajo techo. A esta altura de la vida, es indecoroso que un entrenamiento dependa de que no llueva.

Existe cierto olor a desidia al respecto. A veces pareciera que la falta de infraestructura no es una torpeza, una imprevisi√≥n o una omisi√≥n imperdonable, sino un imponderable ante el cual no hacemos mucho m√°s que encogernos de hombros. ‚ÄúAl fin y al cabo, no nos ha ido mal de esta manera‚ÄĚ.

Es sintom√°tico que ni siquiera haya tenido despliegue medi√°tico las condiciones en las que la √ļltima administraci√≥n entreg√≥ las instalaciones del Cenard siendo que 2015 no s√≥lo fue la antesala del a√Īo ol√≠mpico, sino que ven√≠a de ser un a√Īo panamericano.

Que la pista de atletismo del √ļnico centro de presunto desarrollo de alto rendimiento del pa√≠s haya sido refaccionada poco antes de R√≠o habla claramente al respecto.¬†O que un mes y medio antes de las competencias se haya podido cambiar la carpeta de la cancha de hockey.

Y que por esos mismos d√≠as se haya inaugurado el gimnasio donde se entrenaban Gin√≥bili y sus amigos. M√°s a√ļn: √©se fue el √ļnico espacio en el que se pod√≠a jugar reglamentariamente al v√≥leibol: los dem√°s espacios jam√°s tuvieron la altura de techo reglamentaria.

Las historias se multiplican casi por tantos deportes están representados en nuestro Comité Olímpico.

El handball llegó a tener turnos de entrenamiento casi de madrugada: después debían dejar las instalaciones para otros equipos. Y no había más gimnasios a disposición.

El waterpolo, que no por no haber tenido representación olímpica deja de merecer el respeto de tener un seleccionado que juega panamericanos o mundiales, debe hacer malabares para conseguir durante un par de horas la mitad de la pileta del complejo Jeanette  Campbell.

No quiero que la profundidad del problema se diluya con el tedio de la infinidad de ejemplos que se podrían agregar.

Eso s√≠. Es necesario que, en alg√ļn momento, tomemos conciencia de que no existe un deporte que se pueda desarrollar si no ten√©s d√≥nde practicarlo como corresponde. A prop√≥sito, en las √ļltimas semanas se difundi√≥ un video en el cual, gracias a la iniciativa de un sector de nuestros remeros y con la sabia excusa de invitar a limpiar el R√≠o Reconquista, se nos explica en qu√© condiciones se rema. Y en qu√© condiciones se vive. Lo que es infinitamente m√°s grave.

No consigo decodificar la l√≥gica de los dirigentes que, conocedores de esta realidad much√≠simo m√°s que quien escribe, no ponen, al menos, el conflicto en la superficie. ¬ŅEs posible que no se les mueva ni un pelo viendo que un atleta ol√≠mpico se entrena en una plaza p√ļblica, lanzando sin protecci√≥n y transportando los elementos que necesita en un changuito de supermercado? Por si llegasen a necesitarlo, el video al respecto ya sali√≥ al aire semanas antes de R√≠o.

No s√≥lo la Argentina (Buenos Aires, en realidad) ser√° en dos a√Īos sede de los Juegos Ol√≠mpicos de la Juventud, sino que, en los √ļltimos d√≠as, se confirm√≥ la intenci√≥n de organizar los mundiales de rugby y de b√°squet de 2023. El s√≥lo hecho de conocer las ideas y los antecedentes de Agust√≠n Pichot y de las autoridades que han adecentado el bochorno de la Confederaci√≥n Argentina de B√°squetbol basta, no s√≥lo para ser prudente, sino para confiar en que tendr√°n la sensatez y viabilidad del emprendimiento bajo control.

Sin embargo, no puedo dejar de pensar que debemos imperiosamente salir de la lógica de esperar a que nos garanticen la organización de grandes acontecimientos para, entonces, ponernos a tiro, sino invertir la ecuación y tener la casa en orden para, luego, merecer aquello que tanto deseamos hacer.

Da toda la impresi√≥n de que, a trav√©s de la ley del Enard, que los deportistas argentinos puedan desarrollar sus planes de preparaci√≥n de acuerdo con lo que merecen su jerarqu√≠a o sus antecedentes, es un asunto que ya no tiene retorno. Seguramente con cosas importantes por reformular, como el sistema de otorgamiento de becas. Pero buena parte de ese m√©rito y de ese esfuerzo perder√° efecto de continuidad si no se lo acompa√Īa con una inyecci√≥n poderosa en lo que a infraestructura se refiere.

Entre otras cosas, para que los argentinos no tengamos un solo Cenard, deficiente y en Buenos Aires.

Mientras éste siga siendo el panorama, no sólo nos faltarán ladrillos. También una imprescindible dosis de federalismo.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil.

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