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19/08/2016

Bolt agiganta su leyenda y robó en los 200 metros

Usain Bolt con 19s78 se quedó con los 200m y su octavo oro en Juegos Olímpicos. // AFP

En una nueva función, el jamaiquino registró 19s78 y consiguió nada menos que su octavo oro en la historia de los Juegos Olímpicos. No hay quien lo pare.

El Estadio Olímpico lo esperó con una llovizna molesta, pero con una multitud que ni se movió de su asiento. El DJ musicaliza de manera perfecta la entrada de los corredores con el “Welcome to the Jungle”, de Guns N Roses y la pantalla anuncia que se vienen los 200 metros. Por nada del mundo, nadie quería perderse la disciplina en la que el jamaiquino se siente más cómodo. Ahora la música que suena es “Have you ever seen the rain?”, de Creedence. Todo está listo para que el maestro cumpla con una nueva función. Y como pasó en cada cita olímpica Usain Bolt no desentonó. Ganó al trote. Nada menos que su octavo oro en la historia de los Juegos Olímpicos con 19s78.

A pesar de que no es una carrera más, al hombre más rápido de la historia parece que el escenario no lo cambia. Corre en un trial de Jamaica como en la cita olímpica. Sea Beijing, Londres o ahora Río de Janeiro. Los contrincantes no eran los mismos porque sus dos máximas amenazas, su compatriota Yohan Blake y el estadounidense Justin Gatlin, se quedaron sorpresivamente afuera de la final. Su máximo escollo a otra foto en la eternidad es el canadiense Andre De Grasse, quien en la semifinal ‘osó’ a llegar junto a Bolt en una foto que recorrió el mundo.

La gente empezó a jugar su partido. Todos querían que gane Bolt. Por eso empezaron con el “Bolt, Bolt, Bolt” que resonaban en los cuatro costados del Estadio Olímpico. Y él devuelve el gesto. ¿Cómo? Bailando samba, de muy buena manera, cuando lo presentan por el altavoz del estadio. Los brasileños explotan con esa muestra de cariño del mejor de todos y se preparan para verlo en acción. Con ese baile le demuestra al mundo entero (que lo está mirando) que está tan tranquilo como siempre. Nada de sobrar la carrera, él confía en que nadie podrá con él.

Apoya sus rodillas en el suelo. Se acomoda tan largo es para poner los pies y escucha el silencio. Porque de verdad que la multitud se apagó como si un control remoto hubiese puesto mute. No se escucha el disparo y ya Bolt sacó una ventaja abismal en los primeros 50 metros de carrera. Nada lo detiene. Pasa los 100 metros y la certeza de que va a ganar su octavo oro es total. Solo queda la batalla contra el récord mundial. La multitud ruge como si el mundo se acabase con la carrera. Este es un Bolt distinto. No presume para la gente, aprieta los dientes y va en busca de bajar sus 19s19. Pero no puede, ni siquiera logra romper los 19s30 del récord olímpico. Ambos, lógicamente son de él.

Llega la vuelta olímpica y la bandera de Jamaica se apodera de la escena. Bolt posa para un fotógrafo. Luego para otro. Son cientos de cámaras disparando cientos de fotos por segundo. Al lado suyo van De Grasse, que ganó la plata con 20s02 y el francés Christophe Lamaitre, que se llevó el bronce con 20s12. No pueden creer que en la foto de la fiesta de Bolt saldrán sus caras.

El DJ está en el mismo nivel que el jamaiquino y decora la escena perfecta con el “One love, one heart”, de Bobo Marley. (Un amor,un corazón). La canción sigue y dice “let’s get together be all right”. (juntémonos y sintámonos bien). Es que nadie se puede sentir mal viendo al hombre más rápido del mundo. Hizo paralizar al mundo por octava vez en unos Juegos Olímpicos. Esta noche, en la posta 4×100 buscará otro triplete. Lo que se planteó cuando pisó Río. Como en Beijing, como  en Londres, como en cada lugar en los que con su velocidad alegra al mundo.

(*) Enviado especial a Río de Janeiro

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