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03/07/2018

El sacrificio del chivo: Sampaoli

Jorge Sampaoli viajó a Chile a cerrar un negocio inmobiliario. / AP

El técnico de la Selección debe seguir en su cargo. La gran contradicción de los que quieren un proyecto a largo plazo pero también piden su cabeza.

Al momento de celebrar el Día de la Expiación, los antiguos judíos practicaban un ritual sagrado. Consistía en seleccionar a dos machos cabríos (comúnmente llamado chivos) y definir por azar la suerte de cada uno. El primero era sacrificado con todos los honores y con su sangre se purificaba el lugar. El segundo, completando la ceremonia, era ungido por el rabino, que al colocar sus manos sobre la cabeza del animal, traspasaba la culpa de todos los pecados del pueblo. A partir de ahí, era llevado al desierto. Desterrado como emisario, apedreado y abandonado, era liberado a su suerte para que con el sacrificio de su largo peregrinar hasta encontrar su final se eliminaran, borraran y limpiaran los pecados de todos. Era el chivo expiatorio.

El fútbol argentino lleva años rasgándose las vestiduras por la falta de trabajo a largo plazo y de planificación. No hay momento de crisis en el que no se repita como mantra, en todos lados su carencia, pero ante el primer traspié, en lo único que se piensa, es en dar un volantazo. Sin ser santo de mi devoción, sin haberlo pedido en un primer lugar y sin reconocerse como un devoto de la planificación, creo que hoy Jorge Sampaoli se tiene que quedar en su cargo. Lo digo acá y ahora, para que no tenga que llegar al final del texto para encontrarlo. Si quiere, ya puede abandonar la lectura o si no lo invito a reflexionar.

Es claro que “Sampa” se equivocó, y mucho, perdiendo la autoridad que un conductor debe tener y demostrar. Es claro que los jugadores más experimentados terminaron tallando fuerte en la conformación del equipo. Es claro, también, que tomó medidas carentes de lógica y sin argumentos sólidos para ser sostenidas: como dejar afuera de la lista de 23 a Enzo Pérez, convocarlo de urgencia por la lesión de Lanzini, ponerlo de titular en tres de los cuatro partidos y sacarlo en los tres encuentros, en el segundo tiempo, porque por el semestre con poca continuidad en River y los veinte días de vacaciones, se quedaba sin piernas. Tanto en materia futbolística como en gestión de grupos, es claro que Sampaoli falló y en grande pero el objetivo de esta columna no es “lapidar al pelado”, como fue anticipado y como parece haberse puesto de moda entre varios operadores.

¿Por qué no es el objetivo? Porque Sampaoli llegó a la Selección argentina cuando la situación ya era caótica y desesperante, cuando la brutal táctica de desgaste hacia su antecesor en el cargo (Edgardo Bauza) diera resultado. Llegó con la promesa de un trabajo de largo plazo y como cabeza de un proyecto para resolver el presente pero, más importante aún, para reconstruir un futuro. Llegó rompiendo el contrato vigente que tenía con una institución europea (Sevilla) y agarrando un equipo que estaba en caída libre, en donde tenía más para perder que para ganar, porque ni siquiera tenía garantizada la clasificación a la Copa del Mundo. Llegó pensando que con muy poco tiempo de trabajo tenía que dar soluciones y sabiendo que el equipo llevaba años manejándose bajo un doble comando, como ya lo había dicho Martino: “Este grupo se autogestiona solo”. Llegó en pleno conflicto político y pensó que este se resolvería pronto, nunca imagino quedar en el medio de las operetas desestabilizadoras: desde inventarle un abuso sexual hasta la viralización de videos y audios. Tampoco se imaginó que quedaría rápidamente en el centro de la tormenta, transformado en el punto débil de una cadena de mando, el blanco perfecto para pegarle al presidente Claudio Tapia.

Sabiendo que el cuerpo técnico tiene contrato hasta Qatar 2022 y una multa rescisoria de 20 millones de dólares antes del 2019. Sabiendo también que entre mayo y junio del año que viene se jugará el Mundial Sub 20 en Polonia (con un equipo preparado por los dos ayudantes de campo del técnico, Sebastián Beccacece y Nicolás Diez) y que en entre junio y julio se jugará la Copa América en Brasil (adonde tendríamos que llegar nuevamente con un entrenador sin rodaje previo), es insostenible la posición absurda de algunos “comunicadores”. Quejarse por la falta de proyectos a largo plazo en el fútbol argentino y, minutos después, pedir la cabeza del técnico, sin percatarse de la incompatibilidad tácita de lo que proponen, exponen burdamente su labor como viles operadores del sistema: estúpidos o necios.

Así que usted ya lo sabe, amigo mío. En esta lucha fratricida, por el poder y los negocios de la AFA, póngase en el lugar que quiera pero nunca olvide que hay muchos intereses en juego. Personalmente, estoy del lado de los proyectos duraderos y así como no comulgué con cómo llegó Sampaoli al cargo y ni siquiera lo hubiera elegido en un primer momento; ahora que está en esta situación y por el contexto existente, soy el primero en defenderlo. Si usted cree en el trabajo y en la ciencia, no puede ser partícipe de la ceremonia donde se transforma al entrenador en el chivo expiatorio.

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