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30/10/2018

Los casos de éxito y fracaso de las SAD en Argentina

El caso de Racing con Blanquiceleste es el más recordado en el fútbol argentino.

La oposición contra la iniciativa del gobierno hizo que la discusión en AFA se aplazara, aunque los capitales externos se instalaron hace un tiempo.

En las últimas semanas volvió a surgir la fuerte oposición en el país contra las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) que el gobierno nacional quiere importar, pero que volvió a fracasar en llevar adelante esa discusión en la Asamblea de la AFA, donde se quería permitir a los clubes que se puedan transformar en sociedades comerciales siempre y cuando los socios así lo desearan mediante una votación.

Más allá de que algunos dirigentes no descartan de que las SAD sean una buena oportunidad para algunas instituciones, prácticamente todos concuerdan en que no les gustaría ver a su club convertido en una empresa.

Sin embargo, como en casi todo, las experiencias en el país y en el mundo marcan que las SAD no son ni la salvación ni la perdición sino que, en realidad, depende más de las buenas o malas administraciones que de una figura jurídica.

Si bien en la Argentina no existe el término SAD, sí hay o hubo ejemplos que se asemejan a esa figura mediante la figura del gerenciamiento, un contrato entre el club y una empresa cuyo capital es ajeno a la entidad.

El caso más recordado fue el de Racing con el gerenciamiento de Blaquiceleste S.A. que, si bien cortaron la sequía de 35 años años sin festejos con el Apertura 2001, la gerenciadora, con el empresario Fernando Marín a la cabeza, terminó en la quiebra en 2008.

Fernando Marín: «Las SAD son ruedas de auxilio»

El órgano fiduciario tomó las riendas de la parte futbolística a fines del año 2000 luego de que el ex presidente de la Academia, Daniel Lalín, declaró la quiebra del club. Al pasar los años, trascendieron las deudas, falta de pagos de sueldos, cheques rebotados y pedidos de quiebra de Blaquiceleste S.A. lo que despertó el malestar y la presión de los socios para apurar el fin del gerenciamiento. La gerenciadora, Marín y Fernando De Tomaso (último presidente antes que el club vuelva a manos de los socios) terminaron con causas penales.

«Lo que pasó en Racing fue que se suspendieron las elecciones y el sistema de participación política. Ese es un gerenciamiento singular, porque debería estar la empresa que gerencia el club pero también deberían estar las autoridades de la institución. Con la suspensión del sistema democrático, algunos socios hablaban de dictadura, entendían que los habían echado de los espacios sociales. El club quedó con muy pocas actividades, casi vaciado», contó la especialista en estudios sociales del deporte, Verónica Moreira, quien escribió sobre esta oscura etapa de la Academia en el libro «Deporte, Cultura y Sociedad».

Los inversores llegaban a través de la ley de fideicomiso, que era la manera con la cual un grupo fiduciario tomaba un club en crisis, buscaba concesionar la actividad profesional en una empresa. Así ocurrió con Belgrano y Talleres”, explicó el abogado experto en derecho deportivo Carlos Iparraguirre, quien en la última semana brindó una charla informativa sobre las SAD en Unión de Santa Fe.

Es que los clubes cordobeses pasaron por situaciones similares. Primero fue Talleres que en 2004 quedó en manos de la gerenciadora Ateliers hasta fines de 2014, cuando hubo elecciones y el ganador fue curiosamente Andrés Fassi, un empresario con contactos en México donde integra el Grupo Pachuca y que maneja a la institución prácticamente como una empresa.

En este período el club llegó a la histórica suma de 50 mil socios y trepó desde el Federal A hasta la Primera División, donde incluso llegó a ser protagonista del campeonato y además clasificó para la Copa Libertadores 2019.

Talleres hoy volvió a mano de los socios, pero algún convenio tienen con el Pachuca, y es conocido que ha habido aportes económicos. El Pachuca tiene el beneficio de que puede beneficiarse con determinado porcentaje de los juveniles que Talleres vende. Y Talleres ha tenido un éxito deportivo sin perder la figura de asociación civil sin fines de lucro, pero con inversiones de afuera del club”, contó Iparraguirre.

En la misma línea está el caso de Belgrano, uno de los gerenciamientos más positivos que hubo en Argentina. El nombre de quien llevó adelante esa administración es conocido por todos, tanto que llegó al sillón de la AFA: Armando Pérez.

Con un club quebrado, en 2002, Córdoba Celeste SA se hizo cargo de la institución de Alberdi. Pero Pérez entra a la escena en 2005, cuando compra el 70% de la gerenciadora. La parte deportiva es mucho más conocida por el histórico ascenso en el Monumental, ese 2011 en el que Belgrano también salió de la quiebra y los socios, ahora mediante el voto, volvieron a confiar en el empresario. Saneó económicamente al club y lo sostuvo en Primera, el reconocimiento de los socios fue tal que su sucesor es Jorge Franceschi, quien era vicepresidente de Pérez.

En todo este repaso, no puede faltar el nombre de Christian Bragarnik. El empresario y representante estuvo a cargo del fútbol de Defensa y Justica, donde obtuvo un éxito deportivo sin precedentes, y Arsenal de Sarandí donde, incluso, el vicepresidente del club, Miguel Ángel Silva declaró a Tiempo Argentino a principios de año ante la consulta sobre las SAD: “Nosotros tuvimos un gerenciamiento con Bragarnik, y en algún momento lo vimos positivo«.

Bragarnik, el hombre que suma poder en cada receso

«Son asociaciones civil pero contratan con inversores privados para la administración del fútbol profesional. Conviven ambas cosas. No hay un condicionamiento jurídico para que no haya inversores en el fútbol, no es necesario de que se transformen en SAD para eso», explicó el experto en derecho deportivo.

Ante la comprobada experiencia de que las buenas o malas administraciones definen el futuro de un club y no así su naturaleza jurídica, ¿cuál es el argumento del gobierno para insistir con las SAD?

Antes la razón principal para sostener las sociedades comerciales era que no había regulación para las asociaciones civiles y no había responsabilidad para los malos administradores de los clubes. Pero con el nuevo Código Civil y Comercial de 2016, las diferencias se fueron diluyendo y ya no hay un condicionamiento jurídico«, manifestó el abogado especialista.

En esa línea, aseguró que el secreto de una buena administración para por la profesionalización de las áreas y no por la naturaleza jurídica de los clubes. «Tienen que funcionar como una empresa pero sin perder el carácter de asociación civil, que los socios mantengan el club», sentenció Iparraguirre.

«El mayor peligro de las SAD es la pérdida de las actividades amateurs y culturales y la vida social del club, que es lo más importante de las asociaciones civiles. Una Sociedad Anónima cerraría todas esas actividades que no dan dinero», manifestó la especialista en estudios sociales del deporte sobre esta iniciativa del gobierno que los opositores lograron truncar por el momento, pero que seguramente tendrá varios capítulos más.

(*) Especial para 442

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