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21/11/2018

El mito de Lionel Scaloni

Lionel Scaloni, DT interino del seleccionado argentino. / NA

El DT interino de la Selección argentina no dejó pasar la oportunidad tras la salida de Sampaoli, aunque muchos puedan considerarlo un traidor.

Argentina venció a México 2-0 y cerró en Mendoza un 2018 aciago y turbulento. La pobre performance en el Mundial de Rusia fue la puerta abierta a renovadas oportunidades y cerró el ciclo de una generación brillante que prometía mucho (en sus comienzos con los títulos Sub 20 en Holanda 2005 y Canadá 2007, y las medallas doradas en Atenas 2004 y Beijing 2008) pero que no pudo aprovechar las tres oportunidades claras para coronar.

Sobre Atenas, coronaciones y oportunidades, versan los textos de Sófocles. El padre de la tragedia griega nació en el 496 (A.C.), en el seno de una familia acaudalada de “Colono hípico”: una aldea sita poco al norte de Atenas, junto al río Céfiso. Su padre Sófilo era un acaudalado armero que fabricaba las espadas y lanzas con las cuales se defenderían los atenienses, pero a él no le interesaban las armas ni las guerras: le interesaban las letras. En una época donde los griegos eran considerados los “amos” de la sabiduría humana, su nombre se destacó entre sus pares por su producción literaria. Escribió más de una centena de tragedias y dejó un sinfín de frases y aforismos, que llegaron hasta nuestros días. Entre ellas, hay una que aplica al pie de la letra para el actual entrenador interino de la selección argentina. “En un hombre, no hay mejor mérito, que saber aprovechar todas las oportunidades que se le presenten”.

Lionel Scaloni es fruto de una de las mejores camadas de jugadores que sacó Newell’s Old Boys en su historia. La 78 leprosa fue una categoría excepcional que arrasó con los títulos en juveniles y depositó en la élite del fútbol argentino a una decena de jugadores: Facundo Quiroga, Walter Samuel (hoy A.C de Scaloni), Gabriel Heinze, Pablo Guiñazú (aún jugando en Talleres de Córdoba), Diego Mateo y Diego Quintana, entre otros llegaron a Primera. En carne propia, puedo dar fe de cada vez que fuimos al predio de Bella Vista (en Rosario), con la 78 de Vélez, nos volvimos goleados. Como futbolista profesional, Scaloni recorrió Europa asentándose principalmente en España.

En la recta final de su carrera como jugador, cuentan que ya tenía en mente convertirse en entrenador. Luego de hacer el curso de DT, trabajó con los juveniles del Mallorca esperando la oportunidad que le había prometido Jorge Sampaoli de sumarlo a su cuerpo técnico, luego de su paso por la selección chilena. Así que fue en el Sevilla, donde sus caminos se entrecruzaron y continuaron juntos hasta la Selección argentina: a donde Sampa lo llevó y de donde, la tradición marca que, debería haberse ido con él. Pero Scaloni, en lugar de irse, se quedó primero con la Sub 20 para el torneo de L’ Alcúdia y después terminó agarrando este interinato con la selección mayor de un par de meses. Esa es la traición que le factura el mundo del fútbol y de la cual difícilmente pueda salir.

La traición era uno de los peores delitos en Grecia Antigua: tanto en la época arcaica, en la que han transcurrido las historias que se mencionan en las tragedias; así como en la etapa clásica, en la cual Sófocles escribe sobre ellas. Enterrar o no enterrar el cadáver del traidor, fue tema de análisis tanto en “Antígona” como en “Áyax”, dos de sus tragedias.

En su ciclo de interino, Scaloni dirigió seis partidos y utilizó seis formaciones distintas; haciendo debutar, nada más y nada menos, que a 16 futbolistas. Su saldo deja cuatro victorias, un empate y una derrota (ante Brasil): con 11 goles a favor y sólo uno en contra. Por encima de todo eso, en poco tiempo pudo darle su impronta al equipo, buscando menos la tenencia del balón y más el repliegue con verticalidad en el juego, como herramienta de ataque. Claramente la performance no ha sido mala, sin desconocer el carácter amistoso de los encuentros, porque es lo que le tocaba jugar en esta oportunidad.

Para los griegos, aprovechar las oportunidades, era una cualidad de máxima importancia. A cada persona se le habría de presentar una por lo menos alguna vez en la vida y no aprovecharla sería considerado una inexcusable falta de inteligencia y sentido de responsabilidad. Tanta importancia le daban los griegos, que incluso la divinizaron con una diosa llamada Kairós, que significa precisamente “el momento justo”, y la dibujaron calva, o con un único mechón de pelo en la frente, porque una vez que pasaba ya no podía agarrársela por la espalda.

Los resultados positivos del ciclo Scaloni son, para la dirigencia del fútbol argentino, una fuente tranquilidad en el mar revuelto; porque le permiten, si así lo desean: extender los plazos, llevar adelante las negociaciones con los principales candidatos y llegar hasta la Copa América sin compromisos pautados. En el receso largo de mediados de 2019 y luego de la competencia, el Comité Ejecutivo de la AFA deberá tomar una resolución final de cara a las Eliminatorias.

Justificar la decisión de darle continuidad al cuerpo técnico, en el apoyo de los jugadores, es una falacia. Generar mediáticamente una división entre los que están dentro y los que están fuera, es una tentación para la prensa que se convertirá en un problema. Al fin de cuentas, sería ilógico encontrar inconformismo en un plantel absolutamente nuevo, que fue seleccionado justamente por Lionel Scaloni y donde no hay jugadores históricos: salvo Chiquito Romero. Por eso las palabras de Mauro Icardi, “le pone mucho trabajo y mucho entusiasmo, y se merece esta oportunidad que le dieron”, y las de Paulo Dybala, “estamos trabajando muy bien con él y su cuerpo técnico nos apoya; obviamente queremos que siga, pero no es una decisión nuestra”, hay que tomarlas con pinzas. No pueden ser un sustento.

Finalmente, después de una vida longeva y dichosa, el 406 A.C., Sófocles falleció en Atenas. A diferencia de los protagonistas de sus tragedias, donde la traición y el suicidio eran moneda corriente, Sófocles murió en la apoteótica vejez de su carrera literaria: vitoreado por los atenienses, que le erigieron post-mortem un templo en su nombre. La historia cuenta que “Sófocles, el padre de la tragedia griega, tras llevar a escena su última obra y vencer en la competencia, prorrumpió en tan insuperable alegría que a causa de ésta finó”. Así lo narran las crónicas. Justamente él, el padre de la tragedia griega, no podía ser más oportuno.

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