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22/11/2012

Ascenso

Almagro: heridos e increíble “siga siga”

La tribuna de Almagro ya quedó despoblada. La policía domina la escena desde el campo. ¿Era necesario seguir el partido hasta el final? /Twitter

Hubo corridas y hasta un apuñalado, pero el árbitro (Lamolina hijo) apenas paró durante 14 minutos el clásico que Estudiantes (BA) ganó 4-0.

Una vergüenza: así puede calificarse lo sucedido este jueves en José Ingenieros. No sólo por los graves incidentes que barras de Almagro generaron durante el clásico que el Tricolor perdió 4-0 recibiendo a Estudiantes de Buenos Aires, sino también porque, en medio de ese infierno, el árbitro Nicolás Lamolina sólo paró el partido durante 14 minutos del segundo tiempo y luego lo continuó.

Todo empezó en el entretiempo, cuando, con Estudiantes ganando 1 a 0, la interna de la barra de Almagro estalló con todo. Hubo corridas, palazos, piedrazos, botellazos y hasta ataques con armas blancas. Testigos informaron que un hincha fue apuñalado y retirado del estadio en ambulancia, mientras que otros heridos -algunos con cortes en la cabeza- se iban solos a algún hospital.

En la cancha, sin embargo, todo siguió como si nada. Sí: pese a tamaño descontrol al que nadie ponía freno, el árbitro dio comienzo al segundo tiempo, aplicando la triste política del “siga siga” de la que hiciera gala durante sus años como referí su padre, Francisco Lamolina, hoy vicepresidente y por ende hombre fuerte del Colegio de Árbitros de la AFA cuyo titular es el propio Julio Grondona.

Consumado el tercer tanto de Estudiantes, los barras, envalentonados al ver que no se hacía nada por detenerlos, comenzaron a tirar palos, piedras, botellas y hasta banderas al área de su propio arquero, Bruno Centeno, que quedó así repleta de proyectiles. Recién entonces, la Policía intervino y el árbitro suspendió el partido.

Luego de los mencionados 14 minutos en que  la popular local quedó desalojada a fuerza de balas de goma, sin embargo, Lamolina hizo jugar el partido hasta el final, aún cuando las corridas continuaron en la calle.

Mientras Estudiantes conseguía su cuarto gol, inclusive, hinchas locales arrojaron piedras desde afuera del estadio al pequeño grupo de dirigentes y allegados al plantel pincha ubicado en el sector visitante, al que afortunadamente no se permitió concurrir a hinchas comunes.

¿Hacía falta exponer así a esa gente? ¿Era necesario seguir el encuentro tras un entretiempo tan violento? ¿No se podría haber hecho algo más por la integridad de jugadores y asistentes que reprimir con los incidentes consumados y dar custodia policial a los visitantes recién finalizado el partido? Sin dudas, ninguna explicación podrá justificar tanto bochorno. Una vez más.

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