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01/10/2014

La FIFA, los ‘buitres’ y la Argentina del Dios dirá

Joseph Blatter, presidente de la FIFA. / Télam

Joseph Blatter anunció que se les prohibirá a agentes y empresarios ser los dueños de jugadores de fútbol. La escasa importancia que se le dio al tema y qué cambiará con esta disposición.

Es preocupante observar cómo en la gaseosa Argentina del siglo XXI no interesa lo importante. La actual es una Argentina sólo chimentera, superficial, de hoy para hoy. Sin pasado y sin futuro. Una Argentina que parece saber de su grave enfermedad socio-cultural y como alguien internado en terapia intensiva (donde está) no piensa en mañana, apenas en pasar la jornada, ver una puesta de sol más, paliar el dolor de esas horas que pueden ser las últimas. Y chau. Mañana Dios dirá.

Pregunto: ¿Es la gente que empuja a la prensa a ese comportamiento o es esa mirada de cobertura rápida –y barata– de la prensa vernácula la que adecua a la gente a que sea así y no mejor, más profunda, más interesada, aguda? La vieja y remanida historia del huevo y la gallina. Pero algo es cierto, sin gallinas no hay huevos y sin huevos se acaban las gallinas. Va y viene. Son los dos sin que el orden de los productos altere el resultado. Cada uno forma al otro y se deforma con el otro.

La FIFA, la siempre sospechada y acusada FIFA, la semana pasada fue en sentido contrario a lo habitual y nadie en el país la escuchó. Encaminó el futuro a una transparencia muy saludable; tomó una medida que quienes pertenecemos al fútbol, amamos a nuestros clubes y alentamos a sus jugadores, debiésemos festejar con tortas, globos y cornetas. La FIFA comunicó una decisión que la prensa debiese destacar, alimentar y divulgar como pocas otras noticias. Pero no. Casi ni se dijo. Es que no hay chisme, infidelidad, ni hay denuncia, es algo de mediano plazo y poco importa aunque sea muy gravitante.

Es cierto que el primer efecto concreto de este paso dado por la FIFA aparecerá dentro de cuatro años y en Argentina nadie sabe si su diario se seguirá imprimiendo en 2018 o 2019, si su programa continuará emitiéndose el año venidero. Hay que vender el diario de hoy, a lo sumo el de mañana. Más allá de eso, Dios dirá. ¿Habrá país en un lustro? Estado casi no queda, país a lo mejor, quien dice…Sí, Dios dirá.

Aún la poco rescatable prensa nacional –que la hay– casi que nos escondió estos días que la FIFA acordó la prohibición de que terceros (léase agentes, empresarios, magnates rusos, jeques árabes, millonarios de turno, vivillos de esquina mal iluminada, fondos de inversión) sean dueños de jugadores de fútbol, de sus pases, de su imagen, de sus derechos federativos y económicos. Lo dijo el presidente del siempre polémico ente rector del fútbol mundial, el cuestionado Joseph Blatter. No importa que este anuncio haya llegado siete años después de que el hombre que manda desde Zúrich, Suiza, lo prometiese en 2007 con el fin de eliminar esta práctica que transformó al fútbol en un juego de cuentas bancarias y no de talentos deportivos.

Todavía no es regla, pero el secretario general de la FIFA, Jerome Valcke, ya expresó y por eso no podrá volver atrás, que un grupo de trabajo comenzará a elaborar el documento que aplique la deseada prohibición, el cual será presentado en la próxima reunión del Comité Ejecutivo en diciembre 2014. Señaló, inclusive y está bien que así sea, que no será de un día para el otro que se instrumentará, sólo tras un período de transición –para que todo se adapte con normalidad–, que puede ser de cuatro a máximo cinco años.

Tampoco importa que la FIFA reaccionase ahora, después que la UEFA, con su presidente Michel Platini a la cabeza, dijese en marzo último que lo haría por su cuenta en el fútbol europeo. Interesa que las palabras exactas dichas por Blatter fueron: «Tomamos la firme decisión que prohíbe las TPO (terceras partes dueñas del pase de jugadores)”; sí leyeron bien ‘firme decisión’. ¡Viva! Vamos bien.
Para quien no lo sabe, esa ‘propiedad de terceros’ que citó Blatter, se refiere a cuando los derechos de transferencia de los futbolistas son propiedad total o parcial, según cada caso, del propio futbolista o de una empresa o señor llamado agente, en vez de serlo sólo de un club, práctica muy habitual en Sudamérica; en realidad, en casi todo el mundo, aunque un poco menos en Europa, donde igualmente está muy arraigada en países como Portugal (gran negociador de jugadores argentinos).

La convicción en el alto mando del fútbol mundial existe y la decisión está tomada, lo que se va a discutir según el secretario general de la FIFA, es el tiempo prudente para su implementación: «Sólo es una cuestión de cuántas ventanas de transferencia atravesaremos antes de que comience a regir, si seis, es decir tres años, u ocho ventanas, es decir cuatro años; esto es lo que vamos a discutir en el grupo de trabajo destacado para este asunto». En cada ventana, entonces, habrá menos pases de jugadores que no sean propiedad de clubes para que los planteles se vayan normalizando, vayan siendo cada vez más patrimonio de las instituciones deportivas, un activo real y no un préstamo que sólo favorece a los empresarios.

Esta medida, que la prensa nacional muy preocupada en la vida sentimental de Maxi López, Wanda Nara y Mauro Icardi, dejó pasar como si fuese un pronóstico de tiempo inestable en el noticiero del mediodía. Esta decisión es la que hará que los clubes argentinos (los que más nos interesan, claro) vivan un primer momento financiero difícil, porque muchos de ellos casi no tienen jugadores propios, son todos de agentes o de fondos que ellos manejan –estos sí son ‘buitres’– o ya están comprometidos desde que militan en la sexta división.

Esta regla hará que las cosas sean como fueron alguna vez y como deben ser: los equipos saldrán a la cancha siendo íntegramente propiedad del club cuya camiseta visten. Titulares y suplentes. Más sano imposible. Habrá que volver a mirar las divisiones inferiores, como ayer, un ayer lejano en realidad; pues, los cracks del futuro estarán en los chicos formados en el propio club en el presente. ¡Manos a la obra señores dirigentes!

Esta ley no impedirá que esos empresarios, jeques, magnates o fondos ‘buitres’ compren clubes pero sí prohibirá que adquieran jugadores. Basta de esta práctica irregular que, como dijo Platini:»Es una mancha en la integridad de nuestras competencias, daña la imagen del fútbol, representa una amenaza a largo plazo para las finanzas de los clubes e incluso plantea dudas acerca de la dignidad humana. Cada vez más, los jugadores son propiedad de compañías opacas con base en paraísos fiscales y controladas por agentes desconocidos o fondos de inversión», concluyó con contundencia aunque en la Argentina se haya dejado pasar por alto porque la noticia no envuelve a la novia de nadie ni contiene nombres propios mediáticos que atraigan al lector, ni pone la lupa en el bolsillo de algún político.

Los clubes son sociedades civiles y bien pueden transformarse en sociedades anónimas, en empresas, y los millonarios que lo quieran –de ese modo– comprarán jugadores que serán del club y por tanto serán indirectamente de ellos porque serán los dueños de la entidad / empresa. Pero, convengamos, es más fácil comprar un par de jugadores que un club, fuera que los socios en muchos casos no aprobarán el cambio de estatuto que permita la transformación de ‘su sociedad civil’ en una empresa de otros. El socio que lo apruebe después no podrá quejarse de que su club no tiene jugadores propios. Será cómplice de tal maniobra. Mientras un club siga siendo sociedad civil no existirá ese riesgo.

Empresarios como Christian Bragarnik –quien está de moda hoy por hoy– que maneja el fútbol de Defensa y Justicia y llenó el último y polémico clásico de Avellaneda con entrenadores que maneja y jugadores de su propiedad o gestión, según sea el caso, tanto entre los once Racing como en los once de Independiente (en su mayoría jugadores con paso por Godoy Cruz de Mendoza), ya no podrán actuar como lo hacen. Eso es muy saludable aunque todavía no se sepa cuál será la punición que se impondrá a clubes, empresas, agentes o jugadores que no respeten esta regla.

Es temprano, también, para conocer cuál será la situación de los clubes que hoy sirven de registro disimulado hospedando jugadores que no son propios aunque ‘parezcan serlo’ en los papeles (en Uruguay esto llegó a transformarse en algo habitual en los últimos quince años). Ni siquiera se sabe si dos o más clubes podrán ser dueños de un mismo jugador, pero ya se entiende que el presidente de un club volverá a llamar por teléfono a su colega de otro club para comprarle el jugador que le interese. Nadie deberá caer en las garras de los agentes ‘buitres’ que usan a los equipo como vidriera de sus cracks para venderlos a Europa. ¿Regresaremos a ese paraíso ya vivido sesenta, setenta años atrás?

Todo está verde, pero no debe preocuparnos porque está bien encaminado. Lo que ahora preocupa es que se ignore informativamente algo tan grande, tan positivo y auspicioso, simplemente porque no hay chisme ni rating basura. Se escribe mucho de la deuda de los clubes, tanto como que Passarella puede ir preso por cómo la incrementó, sin demostrativos suficientes, en River Plate, por ejemplo, pero nada se escribe de una regla que puede (y va a) cambiar este perverso escenario.

Todo es gaseoso en nuestro país, se disuelve en instantes, ya no hay solidez en nada, ni siquiera en la información ¡deportiva! Es la Argentina que supimos construir. Es la Argentina empobrecida, la que alimenta ‘buitres’, la que ya no distingue lo bueno de lo malo, la del Dios dirá.

IN TEMPORE I: Otra preocupación que ya manifesté en una columna anterior es la sucesión presidencial de la AFA (Tinelli no es Grondona); ahora bien vale la pena leer el texto de Marcelo Rodríguez y Andres Eliceche del diario Perfil del sábado último La politización de la AFA debe preocuparnos tanto como su tinellización.

IN TEMPORE II: Derrotas. Mientras nuestro básquet femenino no participa del Mundial de Turquía que se juega actualmente (no clasificó en México 2013), la Selección Nacional femenina de vóley quedó rápidamente eliminada en la primera fase del Mundial de Italia (ganó un partido, perdió cuatro)…

Pero, y aunque medio plantel sea profesional y juegue en el exterior, nadie liga para estas chicas ni cuando ganan. Su fracaso, por cuestión de apoyo popular y periodístico, es distinto al de los Pumas que volvieron a perder (13×34) jugando bastante bien –dicho sin ironía y aclarado para quien mal piense–. No se les puede pedir que derroten a Nueva Zelanda aunque hayan sido locales en La Plata: los All Blacks ganaron por tercer año consecutivo, otra vez invictos y una fecha antes del final, el tercer Championship (termina la semana próxima: Argentina recibe al rival menos fuerte, Australia, en su última y gran chance de conocer el sabor de una victoria).

En este caso sería cruel pedirle a los Pumas, que todavía no vencieron un solo match, que justo fuesen los verdugos de Nueva Zelanda, los mejores del mundo. ¿Si un día les van a ganar? Yo creo que no, pero… Es Argentina: ¡Dios dirá!

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