Periodista
El técnico de River construyó su idolatría no solo con títulos, sino también con goles y partidos inolvidables en los Superclásicos, incluso aquel del gas pimienta en la Bombonera, donde fue el más afectado y quedó como símbolo. Estuvo en las cinco eliminaciones mano a mano de esos años y desde ahí edificó una historia que, de algún modo, lo puso hoy en el banco de suplentes. Quizá eso que lo trajo hasta acá sea también lo que lo deje más firme en el lugar donde el destino y las circunstancias lo pusieron.
Claramente, si hay algo que marcó a Ponzio para el hincha de River y, por ende, para su propia historia, fue saber como pocos cómo jugar contra Boca. Incluso antes de la llegada de Gallardo, cuando su idolatría explotó definitivamente, ya había construido una relación especial con los Superclásicos. Conoce como pocos los resortes de esos partidos, sus tiempos, sus tensiones y esa frontera tan delgada entre jugar y competir.
Quizá como pocos futbolistas de su generación, entendió que en la Bombonera no alcanza solamente con jugar bien: también hay que saber luchar. Ahora tendrá el desafío de transmitirlo, porque ya no será uno de los que se pongan la camiseta y salgan a la cancha. Deberá encontrar la manera de que los demás comprendan algo que él aprendió dentro del campo. Esa puede ser una de las materias centrales de su tesis.
Otra de las búsquedas de Ponzio para acercarse a la licenciatura será el trabajo de campo. Cómo llevar la teoría —eso que puede explicar desde su palabra y su historia, a partir de lo que aprendió como jugador— al terreno concreto de un partido. No se trata solamente de contarles a sus futbolistas cómo se juega un Superclásico, sino de darles herramientas para que esa experiencia se transforme en soluciones.
Que no quede en una anécdota de vestuario ni en una referencia al pasado, sino que sirva para resolver los problemas que puedan aparecer durante los 90 minutos. La tesis necesita un marco teórico, pero también una comprobación práctica: que ese conocimiento acumulado encuentre una traducción en el equipo, en sus decisiones y en su manera de competir. Porque una cosa es haber atravesado esos partidos y otra, muy distinta, conseguir que los demás puedan jugarlos con esa misma convicción.
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Pero ninguna tesis se aprueba solamente con los antecedentes de quien la presenta. Ponzio tiene la historia, el recorrido y la experiencia, pero ahora deberá demostrar que todo eso puede convertirse en una herramienta para los demás. Ya no será el que empuje desde adentro, el que contagie con una patada o el que entienda cuándo un partido pide dejar de jugar y empezar a pelearlo. Su desafío será conseguir que otros lo hagan, sin tener que ser Ponzio.
Ahí aparece la diferencia entre el recuerdo y la enseñanza, entre haber sido protagonista y tener la capacidad de formar protagonistas. El Superclásico le ofrece una primera oportunidad para empezar a demostrarlo. La historia ya la escribió con la camiseta puesta en el terreno; ahora tendrá que probar que también puede enseñarla desde el banco, con la teoría puesta al servicio de la práctica. El Superclásico será, entonces, una parte fundamental de su tesis para recibirse de DT, más allá del título y de estos ocho partidos que dirigió.
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