Periodista
River y la AFA se vienen enfrentando desde hace años. Aquella declaración de Rodolfo D’Onofrio, cuando dijo que había que poner una bomba, quizá pueda ser un punto de partida que incluye casi de manera personal el vínculo con Chiqui Tapia. Esos tiempos de guardia alta y títulos mantuvieron la disputa con idas y vuelta; fue una guerra fría.
Todos los caminos parecían conducir a la paz cuando se supo que Stefano Di Carlo sería el candidato a presidente. Sus vínculos con Tapia eran muy buenos y no fue casual que al asumir lo haya invitado a la ceremonia e incluso el propio presidente de River haya ido a la conferencia del Superclásico en ese final de 2025. El plan era reconstruir relaciones y volver a la mesa chica de la AFA. Pero esos gestos no tuvieron un correlato en los hechos.
River sintió que el cambio de postura no era recíproco. Los fallos arbitrales en el primer Superclásico de la presidencia de Di Carlo y en la final contra Belgrano; y las decisiones con la copa anual a Central y el paro para defender a Tapia rompieron los pocos puentes que habían empezado a construirse. River volvió a irse de la AFA con un portazo y arrancaron las batallas que tuvieron como escenario a los árbitros, al VAR y hasta se metió en la fiesta de despedida de Messi.
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Desde River tienen sospechas muy firmes que este es el año de Boca y que hay desde la AFA una fuerte decisión de acompañar Riquelme para que no vuelva el macrismo. Boca está a un paso de la final de la Copa Argentina, en la final de la Sudamericana y a un triunfo de la Copa Anual. Lo dijo en un posteo D’Onofrio al hablar de “ayudar a los amigos”.
Desde la AFA responden que detrás del enojo hay una clara intención de un golpe de estado para sacar a Tapia de la presidencia de la AFA y lo vinculan directamente con el gobierno y otros poderes políticos y mediáticos. Que sólo hayan salido los audios de los fallos del VAR de las expulsiones de Martínez Quarta y Montiel fue todo un gesto de provocación desde la calle Viamonte.
De algo están seguros los protagonistas de esta guerra y es que no va a parar. Nunca en la historia del fútbol argentino hubo un enfrentamiento tan fuerte entre la AFA y River, ni cuando Passarella se enfrentó a Grondona. Esa pelea era despareja y hoy River desde lo institucional, desde lo económico y desde el poder real y simbólico tiene otra fuerza. Lo mismo que la AFA y su estructura.
Muchísimos clubes apoyan a River más allá de Estudiantes que lo hizo público. El tema es que todos los que por lo bajo coinciden con River luego, a fin de mes cuando deben pagar sueldos, dejan sus principios en el banco de suplentes. La AFA tiene bien construida la atadura de doble cordel, el de simular, para que nadie salga del corral. A uno le faltan aliados y a otro le sobran. Un dato gestual, River fue el único que votó en contra del nuevo torneo. Estudiantes no pudo hacerlo porque enviaron a un dirigente que estaba suspendido.
La pelea es entre dos pesos pesados y lo que se discute en el fondo es el mismo funcionamiento del fútbol argentino. Dicen que la guerra es la política por otro medios y esto sucede de ambos lados. La gran pregunta es cuántas balas tiene River para esta guerra y cuantas batallas puede dar frente a la AFA. Mientras tanto, la pelota rueda sobre un manto de sospechas tan grande que un día la va a hacer desaparecer.
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