La Selección Argentina que conduce Lionel Scaloni construyó su identidad sobre una piedra angular: el silencio. Mientras el país se debate en sus crisis cíclicas y su grieta constante, el equipo se blindó en una "burbuja" de alto rendimiento. Mañana, sin embargo, el destino los pone frente a Inglaterra, un rival cuyo nombre en el imaginario popular argentino despierta mucho más que una simple rivalidad deportiva. ¿Podrá este grupo mantener su postura apolítica cuando el pasado -y el presente- llaman a la puerta?
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El "no meterse" como estrategia o como límite
Desde el inicio del ciclo Scaloni, el cuerpo técnico y los jugadores mantuvieron una postura inquebrantable: el fútbol es su único territorio. Ante cada intento de la agenda mediática por arrastrar al equipo a la coyuntura nacional —desde la implementación de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) en el fútbol argentino hasta las crisis sociales—, la respuesta ha sido una evasiva constante. Rodrigo De Paul, voz de mando en el vestuario, lo definió en su momento: "Somos futbolistas, no nos metemos en política".
Pero aquí surge una pregunta necesaria: ¿es suficiente con solo jugar? Si bien el hermetismo ha protegido la cohesión del plantel, gran parte de la sociedad argentina siente que, dada la influencia que estos ídolos tienen sobre la opinión pública, su silencio puede resultar insuficiente. Existe un reclamo latente de que, ante situaciones críticas, quienes son los rostros más amados del país podrían permitirse un posicionamiento mayor, un gesto que acompañe el sentir de una población que los mira como referentes mucho más allá de una cancha.
El peso de la historia: Malvinas y el legado del '86
A diferencia de cualquier otro cruce en este Mundial 2026, enfrentarse a Inglaterra implica invocar fantasmas que no se pueden ignorar. La memoria de la Guerra de Malvinas es una cicatriz abierta que el fútbol, inevitablemente, toca. Todos somos conscientes de que una victoria en Atlanta no cambia la realidad geopolítica, ni que los futbolistas ingleses actuales son responsables de las acciones de sus antepasados en 1982. Sin embargo, para el hincha argentino, despojar a este partido de su carga política es una tarea imposible.
Ganarle a Inglaterra es, para el colectivo popular, un ejercicio de justicia poética. Como lo hizo Diego Maradona en México 86, donde aquel triunfo funcionó como un bálsamo necesario para un pueblo que intentaba sanar las heridas de una guerra absurda. Ese partido no fue solo táctica y técnica; fue una catarsis. Esa herencia es la que sobrevive actualmente: el deseo de que, aunque sea por un momento, el fútbol compense aquello que la historia y la política nos arrebataron.
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Las voces en la previa: entre la cautela y la conciencia histórica
En la víspera del duelo en Atlanta, el hermetismo fue puesto a prueba. Lionel Scaloni, fiel a su estilo, intentó desactivar cualquier carga externa. “Es un partido de fútbol. El mensaje es que es un partido de fútbol. No busquemos otra cosa”, sentenció, restándole importancia a los condimentos extrafutbolísticos y enfocándose en el choque táctico ante el equipo de Thomas Tuchel.
En la misma línea, Julián Álvarez reconoció la carga simbólica pero se mantuvo en la moderación, sosteniendo que "no deja de ser un partido". Sin embargo, otros integrantes del plantel dejaron ver que el "clima" es distinto. Rodrigo De Paul confesó: "Todos saben que este tipo de partidos me encantan, me motivan porque tienen un condimento especial que me despiertan un montón de cosas. Esperemos que la gente venga a disfrutar y que cuando termine, los argentinos estén muy felices".
Por su parte, Alexis Mac Allister, quien vive el fútbol inglés desde adentro, fue quien más se acercó a la fibra sensible del hincha. Al ser consultado por la figura de Maradona y el 86, admitió: "Inspirarse en lo que hizo Diego es complicado, quizá solo Leo (Messi) puede hacer lo que él hizo. Estos días empiezan a aparecer videos del 86 que a uno obviamente lo ayudan. Es una bandera muy importante para el país".
Mac Allister zanjó cualquier duda sobre el compromiso: "Somos súper argentinos, amamos a nuestro país y queremos representar a la selección de la mejor manera". Queda claro: son cautelosos con el micrófono, pero plenamente conscientes de que para el pueblo argentino, esto es especial.
El partido que necesitamos ganar
Aunque Scaloni insista en que "es solo un partido", lo cierto es que hay encuentros que poseen una fuerza que no entiende de declaraciones medidas. Este cruce es la oportunidad definitiva para que el equipo ratifique su identidad: esa que habla exclusivamente dentro de la cancha. Si logran vencer a Inglaterra (anulo mufa), no solo estarán dando un paso hacia la final, sino que le darán al país una razón para convertir la euforia deportiva en una catarsis colectiva.
Y quizás, cuando el pitazo final resuene y vean al país estallar en una de las alegrías más genuinas de su historia, hasta los propios protagonistas terminen de comprender que no es un partido más, es el partido que todo un pueblo necesita ganar.
Vale decir, además, que la cautela no debería confundirse con desconexión. Hablar de política o hacerse eco de las cuestiones sociales que nos competen como ciudadanos argentinos no les quitaría ni un ápice de profesionalismo, ni mucho menos correría el eje de sus objetivos deportivos; al contrario, un gesto en ese sentido simplemente los alinearía con el sentir de un pueblo que los idolatra.
Como dice el tema del momento: “Por Malvinas, por el Diego y por la última de Leo…”. Esa canción no es un simple inventario de nostalgia, es la prueba de que el fútbol en este país nunca fue, ni será, un deporte apolítico. Es, ante todo, nuestra manera de reclamar justicia poética frente a una historia que aún duele. La Scaloneta podrá elegir no hablar de política, pero al enfrentarse a Inglaterra, ya están jugando el partido más político de nuestras vidas.
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